Por Salim Lamrani
Desde hace más de medio siglo, Estados Unidos impone un devastador estado de sitio económico al pueblo cubano porque este se atrevió a reivindicar su derecho inalienable a la independencia.
Al poner fin a seis décadas de dominación neocolonial ejercida por Washington, el triunfo de la Revolución liderada por Fidel Castro el 1 de enero de 1959 marcó el fin de la era de la subordinación y la conquista de la dignidad. A partir de entonces, Cuba basaría sus relaciones con las demás naciones, empezando por su poderoso vecino, en la igualdad soberana, el respeto mutuo, la reciprocidad y la no injerencia en los asuntos internos.
Desde 1960 Washington se opuso a esta legítima aspiración de emancipación mediante la imposición de las primeras medidas coercitivas unilaterales, que privaron a la isla de su principal mercado, con el objetivo reconocido de derrocar al Gobierno revolucionario. Desde entonces, las sanciones económicas han sido reforzadas por la mayoría de las administraciones que se han sucedido en la Casa Blanca, las cuales han multiplicado los pretextos para justificar su hostilidad hacia la soberanía de Cuba: nacionalizaciones, alianza con la Unión Soviética, apoyo a los movimientos revolucionarios e independentistas en todo el mundo, democracia y derechos humanos.
Las sanciones económicas contra el pueblo cubano constituyen el principal obstáculo para el desarrollo de la isla. Desde 1960, han costado cerca de 180.000 millones de dólares, de los cuales más de 8.000 millones corresponden al período comprendido entre marzo de 2025 y febrero de 2026, lo que representa un promedio de más de 20 millones de dólares diarios y más de 15.000 dólares por minuto. Con semejante cantidad, Cuba podría cubrir las necesidades de todos los hogares cubanos en productos de primera necesidad durante más de un siglo. Más del 80 % de la población cubana nació bajo este estado de sitio.
El alcance extraterritorial de las sanciones priva a Cuba de numerosas posibilidades de desarrollar relaciones comerciales normales con otros países. Las empresas extranjeras optan por no establecer vínculos comerciales con la isla, a pesar de las innegables oportunidades que ofrece, por temor a represalias de Estados Unidos. Lejos de constituir una simple disputa bilateral, estas medidas coercitivas tienen un impacto directo en el comercio de Cuba con el resto del mundo.
Las esperanzas de una relación más distendida entre ambos países, suscitadas por el enfoque constructivo de Barack Obama, quedaron reducidas a la nada a partir de 2017. Desde su llegada al poder, la Administración Trump retomó una política agresiva contra el pueblo cubano, imponiendo, en el transcurso de cuatro años, 243 nuevas sanciones, es decir, un promedio de una medida coercitiva adicional cada cinco días durante todo su mandato. Washington atacó las tres principales fuentes de ingresos del país: la cooperación médica internacional, las remesas familiares y el turismo.
Desde su regreso al poder en 2025, Trump ha impuesto un estado de sitio sin precedentes, caracterizado por una crueldad nunca antes vista. Desde diciembre de 2025, con la imposición de un bloqueo energético por parte de Washington, la isla solo ha podido recibir el equivalente a diez días de consumo de combustible, lo que ha provocado una crisis humanitaria de extrema gravedad, con consecuencias dramáticas para la población. El sistema eléctrico nacional sufre colapsos recurrentes que perturban gravemente el funcionamiento de los hospitales del país. Cerca de 100.000 pacientes, entre ellos 12.000 niños, se encuentran actualmente a la espera de una intervención quirúrgica. La tasa de supervivencia de los niños con cáncer ha pasado del 85 % al 65 %. En cuanto a la tasa de mortalidad infantil, que era de 4,4 por mil en 2017, antes de la llegada de Trump al poder –la más baja del continente americano, incluso por debajo de las de Canadá y Estados Unidos –, hoy alcanza el 9,9 por mil.
La cruel política de Washington también ha provocado una grave crisis alimentaria. Debido a la falta de combustible, el sistema de riego – que funciona con electricidad – se encuentra seriamente afectado, lo que ha provocado una caída del 60 % de la producción agrícola. En los hogares, los alimentos perecederos no resisten los cortes de electricidad, que pueden durar hasta 30 horas en algunas provincias. El abastecimiento de agua potable, al igual que la recolección de residuos domésticos, también se ve afectado por el bloqueo medieval, lo que genera una crisis sanitaria de proporciones excepcionales. En cuanto al transporte, se encuentra prácticamente paralizado, lo que impide el desplazamiento normal de la población y priva a los escolares y estudiantes universitarios de una educación normal.
La generosa y valiente Cuba siempre ha estado presente cuando se trata de solidaridad, abrazando todas las causas nobles de la emancipación humana y denunciando el colonialismo y todas las injusticias. Ha brindado una contribución decisiva a los pueblos que luchan por su libertad, desde Argelia hasta Sudáfrica, desde Palestina hasta Vietnam. Ha enviado a cientos de miles de médicos para atender a los más desfavorecidos y ha acogido a los perseguidos que huían de las dictaduras militares respaldadas por Washington en América Latina.
Hoy Cuba, que paga un precio muy alto por su resistencia e insumisión, necesita a su vez la solidaridad mundial, porque nuestra humanidad común no puede resignarse a aceptar el estrangulamiento de todo un pueblo.

Nenhum comentário:
Postar um comentário