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Cuba ante la razón genocida (Parte II)

Do A Terra É Redonda, 7 de novembro 2026
Por Renán Vega Cantor 


“Por haber elegido un futuro sin la aprobación de Estados Unidos, Cuba ha sido bloqueada, atacada, difamada y aislada en muchas más formas que las que el ciudadano estadounidense promedio puede imaginar”. -Margaret Randall, Traspasar los límites: Haydée Santamaría

En la segunda parte de este artículo se examinan tres asuntos: el genocidio energético en marcha contra Cuba en estos momentos y la manera cómo lo aplica Estados Unidos; la complicidad de la “comunidad internacional” con el genocidio de Gaza y de Cuba, incluyendo a países que hasta hace poco eran aliados de Cuba, empezando por Venezuela, y el papel cómplice de los BRICS; y, por último, se considera el tema de la soledad de Cuba y de Nuestra América, ante lo cual lo único que queda es la lucha y resistencia de los pueblos.

GENOCIDIO ENERGÉTICO CONTRA CUBA

La voracidad agresiva de Estados Unidos con respecto a Cuba tiene una historia que no comienza en 1959, como piensan ingenuos e ignorantes de la historia del imperialismo, y para los cuales Estados Unidos es un modelo de democracia y libertad. En el siglo XIX, en los Estados Unidos políticos, empresarios y defensores de la esclavitud no ocultaban su interés por apoderarse de Cuba, la “perla de las Antillas”. Desde la década de 1810 se planteó, por parte de John Quinci Adams, la “teoría” de la “fruta madura”, con lo cual se quería decir que era mejor que Cuba siguiera bajo el dominio Español, hasta el momento en que estuvieran dadas las condiciones para que pasara a manos de Estados Unidos. En forma reiterada durante el siglo XIX en los círculos políticos y económicos dominantes en Estados Unidos, Cuba aparecía como el ansiado “fruto” que en cualquier momento caería. Por ejemplo, el 11 de septiembre de 1858, el senador de Misisipi, Albert Gallatin Browm dijo:

“Quiero Cuba, y todos saben que antes o después, será nuestra. Si los comegusanos [sic] de España la ceden por un precio razonable mejor. Si no, igual la tomaremos […] Quiero expandir la bendición de la esclavitud a todos los rincones del mundo, como expandimos la religión del señor […] Claro que sé que es una tierra de rebeldes y que no van a aceptar ni a recibir nuestra bendición tan fácilmente”[1].

En 1898, para evitar la independencia efectiva de Cuba, cuyo ejército de liberación estaba derrotando a España, Estados Unidos intervino abiertamente para impedir la formación de una República independiente y soberana. Al respecto son ilustrativas las instrucciones del subsecretario de Guerra de Estados Unidos al general Nelson Miles:

“La población de Cuba la constituyen las razas blanca, negra, asiática y sus mezclas. Por regla general, los habitantes son indolentes y apáticos. En ilustración, pasan de la más refinada hasta la ignorancia más grosera y abyecta; su pueblo es indiferente en materia de religión y, por lo tanto, inmoral en su mayoría, siendo además de pasiones vivas, es muy sensual. Y como no posee nociones vagas de lo justo y de lo injusto, es propenso a procurarse los goses, no por medio del trabajo sino de la violencia, y como resultado eficiente de esta falla moral, desprecia la vida. Es evidente que la anexión inmediata a nuestra Federación de elementos tan perturbados y numerosos, sería una locura y, antes de hacerlo, debemos limpiar al país, aunque sea mediante la aplicación de los mismos métodos aplicados por la Divina Providencia en Sodoma y Gomorra

Debemos destruir todo lo que esté al alcance de nuestros cañones, por el hierro y el fuego; debemos extremar el bloqueo para que el hambre y su permanente compañera, la peste, diezmen la población civil y debiliten su ejército […]. Nuestra política debe ser siempre la de apoyar al más débil contra el más fuerte, hasta cuando hayamos obtenido el exterminio de ambos [el español y el independentista] y la anexión de la Perla de las Antillas”[2].

Como puede verse, la razón genocida contra Cuba ya se vislumbra a finales del siglo XIX cuando funcionarios de alto nivel de Estados Unidos anuncian la destrucción de todo lo que esté a su alcance e incluso hablan explícitamente de llevar a cabo un bloqueo que genere hambre y peste. Pareciera que esas palabras estuvieran siendo pronunciadas hoy por genocidas de la talla de Narco Rubio o Donald Trump. En verdad, lo que se nota es una continuidad de larga duración en la política de Estados Unidos con relación a Cuba, inscrita, por supuesto, en la mentalidad imperialista de ese país hacia todo el continente latinoamericano y de no tolerar la independencia real de algún país de la región.

Por supuesto, 60 años después cuando se produce la Revolución Cubana, las acciones criminales de Washington contra el bravío pueblo de las Antillas se generalizan, con el objetivo de destruir el proyecto nacionalista, soberano y socialista que se impulsa en la isla. Ya en abril de 1960, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, un tal Lester D. Mallary, emitió un memorándum secreto, desclasificado años después, con el título “La decadencia y caída de Castro”, en el que se dibuja claramente la política genocida de Estados Unidos contra Cuba y su pueblo. Por eso, debe citarse en su totalidad. Para empezar, enumera seis consideraciones centrales sobre el gobierno de Cuba en ese momento:

1. La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (la estimación más baja que he visto es del 50 por ciento).

2. No hay una oposición política efectiva.

3. Fidel Castro y otros miembros del Gobierno cubano promueven o aprueban la influencia comunista.

4. La influencia comunista está impregnando el Gobierno y el cuerpo político a un ritmo asombrosamente rápido.

5. La oposición militante a Castro desde fuera de Cuba solo le servirá a él y a la causa comunista. 6. La única forma previsible de alienar el apoyo interno es a través del desencanto y la desafección basados en la insatisfacción económica y las dificultades.

En este último asunto está la esencia del Memorándum, de donde se desprende la recomendación de emprender el bloqueo y sabotaje de la economía de Cuba:

“Si lo anterior es aceptado o no puede ser contrarrestado con éxito, se deduce que se deben emprender con prontitud todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba. Si se adopta tal política, debería ser el resultado de una decisión positiva que invite a una línea de acción que, aunque lo más hábil y discreta posible, logre los mayores avances en la negación de dinero y suministros a Cuba, para reducir los salarios monetarios y reales, provocar hambre, desesperación y derrocamiento del gobierno. El principal elemento de nuestra economía sería la autoridad flexible en la legislación azucarera. Esto debe buscarse con urgencia. También deben explorarse todas las demás vías”[3].

Después de conocer este Memorándum, qué duda cabe de la racionalidad genocida de los Estados Unidos como potencia imperialista. En este caso, de manera clara y explícita, se señala que el objetivo es destruir una economía y una forma de organización social y política que ha escogido el pueblo cubano. Y para hacerlo, se recomienda recurrir a todos los medios de presión y sabotaje con la finalidad expresa de derrocar al gobierno revolucionario. El asunto es que, y en eso falla la razón genocida, no midieron la capacidad de respuesta y rebelión de los cubanos y lo que se planteaba como una acción de corto plazo, que se realizaría en cuestión de pocos meses, se ha prolongado durante 66 años.

Las agresiones de los últimos 67 años están documentadas de numerosas maneras, por parte del gobierno cubano, investigadores de diversos lugares del mundo y por cuenta de la propia población afectada. Allí se encuentran los numerosos atentados terroristas desde 1959, la agresión armada directa en 1961 con el desembarco patrocinado por la CIA en Playa Girón, la organización de grupos contrarrevolucionarios, el saboteo a la economía y a la sociedad cubanas, 650 intentos de asesinar a Fidel Castro, el derribo de una aeronave hace 50 años, cuando fueron masacrados en el aire los tripulantes y pasajeros de un avión, con un saldo mortal de 73 víctimas[4].

En todos estos casos participó directamente Estados Unidos, como promotor, organizador y financiador de las acciones terroristas, en forma directa o mediante el patrocinio de asesinos a sueldo de la CIA, como los perpetradores del vil atentado al avión en 1976, que siempre fueron protegidos directamente por las altas esferas de los Estados Unidos, porque para la razón genocida cualquier acción criminal y terrorista es válida y legitima[5]. Como sabemos, a Estados Unidos lo que menos le interesa es la legalidad o el respecto al derecho ajeno.

Por supuesto, la acción criminal de saboteo a Cuba más prolongada ha sido el bloqueo económico que lleva 66 años, un caso único en la historia del mundo, puesto que ningún bloqueo de esa índole había durado tanto y se había emprendido con tanto empeño. Este crimen de guerra ha sido planeado y ejecutado con la finalidad expresa de causar el mayor daño posible a los cubanos, a partir del supuesto de que, con el empeoramiento de las condiciones de vida de la población, esta se rebelará y posibilitará la realización del sueño de Washington y todos sus lacayos y cipayos de América Latina y el mundo, como es el de propiciar un “cambio de régimen”.

A pesar del bloqueo, Cuba ha sobrevivido y eso ha sido posible por la capacidad de resistencia e imaginación de los cubanos y eso se produce en un contexto particular de relaciones que permitían comerciar con otros países del mundo y estableciendo alianzas con otros países de nuestra América, como sucedió hasta comienzos de este año con la Venezuela bolivariana.

Pero durante lo que va corrido de este 2026, el bloqueo ha alcanzado nuevos niveles que lo convierten en una acción abiertamente genocida, fríamente pensada y planificada, y posible por la legitimidad adquirida por la razón genocida, tras los crímenes sionistas en Gaza y otras acciones criminales de los Estados Unidos, entre ellas los bombardeos contra pescadores en los mares de nuestro continente, el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, el asesinato a mansalva de la cúpula gobernante de Irán, la masacre de 160 mujeres y niñas en una escuela de ese país, la subsecuente guerra de agresión, que está en curso, contra Irán y que, en la práctica, cuenta con el respaldo de la comunidad internacional de delincuentes. Todas esas acciones, además, son respaldadas abierta o veladamente por ese engendro inútil que se denomina ONU.

En un momento en que los propios Estados Unidos y todos sus satélites (empezando por la Unión Europea) enterraron definitivamente el mal llamado “Derecho Internacional”, que siempre usaron a su acomodo, pero que formalmente decían respetar, se acabó la hipocresía y las buenas maneras, y se ha pasado a la agresión clara, abierta y directa, que ya no se oculta ni se niega. De esta manera, Washington tiene las manos sueltas para matar, secuestrar, realizar atentados terroristas, destruir países, bloquear y asfixiar economías nacionales, recurriendo a todos los mecanismos de agresión que lo caracterizan a lo largo de su truculenta historia. Y eso cuenta con el respaldo, complicidad o indiferencia de los Estados del planeta, casi sin excepción. Cuando mucho, algunos se limitan a producir declaraciones diplomáticas de pacotilla, pero sin acciones concretas para detener la máquina genocida del trinomio Estados Unidos-Israel y la Unión Europea. En medio de tanta abyección, lo único real es la lucha y resistencia de los pueblos agredidos, como acontece en Gaza, Cuba e Irán.

En un contexto desfavorable para los pueblos del mundo, con la consolidación de la extrema derecha y la imposición de regímenes cipayos y de protectorados semicoloniales (Venezuela es el caso más lamentable al respecto), Estados Unidos ha emprendido una nueva fase de la agresión contra Cuba, que ahora implica la materialización de un bloqueo absoluto, que cubre todos los aspectos de la vida en la Isla. Es un bloqueo energético, que impide la llegada a Cuba de petróleo y sus derivados, los cuales son indispensables para el funcionamiento de cualquier economía en el mundo de hoy. Asistimos a un asesinato diario de la población cubana al no permitir el ingreso de una sola gota de petróleo, con lo que se genera la parálisis de la economía y la sociedad, al punto que a la población lucha para sobrevivir, literalmente hablando y soporta interminables apagones y cortes del fluido eléctrico que afectan en forma directa todas las actividades laborales, educativas, culturales y cotidianas. Es un bloqueo alimenticio, al impedir la entrada a Cuba de materias primas, productos, insumos, instrumentos de producción y todo lo indispensable para garantizar la producción y distribución de alimentos. Es un bloqueo sanitario, puesto que se impide la entrada de medicinas, inyecciones, material médico indispensable y los apagones de energía diarios paralizan el sistema hospitalario y ocasionan la muerte de enfermos que bien podían ser sanados y se disparan enfermedades que Cuba había afrontado con éxito desde hace décadas. Por supuesto, los niños, las mujeres embarazadas y las personas de la tercera edad son las más directamente afectadas por la parálisis del sistema médico y hospitalario. Es un bloqueo educativo, que paraliza las actividades escolares a todos los niveles, por la disminución de la oferta de alimentos, medicinas, sistema de transporte público y la reducción general del nivel de vida de profesores y estudiantes; en este terreno también es un bloqueo intelectual, puesto que cómo puede una persona informarse, escribir y trabajar con la tranquilidad que requiere la reflexión intelectual en medio de la penuria, la falta de electricidad, agua, alimentos, papel… Es decir, se trata no solo de matar de hambre a la población, sino también de impedir que piense y reflexione, con lo cual hablamos de un asesinato físico y espiritual. Es un bloqueo comercial y financiero incrementado, porque ahora Estados Unidos ha ampliado las restricciones y prohibiciones a países y empresas de realizar intercambios comerciales y de cualquier índole con Cuba y, al tiempo, incluso llega al extremo de impedir que los propios órganos del Estado, como las Fuerzas Armadas, puedan realizar actividades y transacciones comerciales, porque han sido colocadas en “listas negras”, lo cual supone que Estados o empresas que negocien con Cuba sean también multadas y sancionadas. Es un bloqueo al turismo, que ha disminuido sensiblemente en el último año, debido a las restricciones aéreas, a las sanciones a empresas y hoteles extranjeros instalados en Cuba, y al deterioro interno de las condiciones de vida y la falta de energía y problemas en la oferta hídrica.

Aunque el bloqueo es general, sin embargo, su principal característica en estos momentos radica en impedir el acceso al petróleo, y ese brutal choque energético condiciona todo lo demás, lo que pone de presente el significado del petróleo para el mundo contemporáneo. Y en esa medida lo que sufre Cuba, al no tener acceso al petróleo, no por voluntad propia sino por una decisión unilateral y sanguinaria de Estados Unidos, es un anticipo de lo que le espera al mundo, que bien debía ser reflexionado en todos lados, en especial por aquellos que se regocijan en el Occidente Imperial de las tragedias del pueblo cubano, como si fueran resultado exclusivo de decisiones políticas y económicas internas y no estuvieran condicionadas por la razón genocida y sus propósitos de erradicar el ejemplo de dignidad y de lucha que representa Cuba, junto a la heroica Gaza.

Un bloque absoluto como el que soporta Cuba solo se da en condiciones de guerra abierta, como sucedió, para mencionar un caso histórico, con el bloqueo nazi a Leningrado entre septiembre de 1941 y enero de 1944. Para ilustrar lo que caracteriza a la razón genocida, es bueno recordar la orden impartida directamente por Hitler, para “borrar la ciudad del mapa y de la historia”, porque un lenguaje similar hoy lo emplean los genocidas de nuestro tiempo, entre los que sobresalen Netanyahu y Trump por sus sobrados méritos criminales, aunque, por supuesto, no sean los únicos. Ese mensaje genocida de estirpe nazi sentenciaba:

1. El Fuher ha decidido borrar la ciudad de Petersburgo de la faz de la tierra. [Manifestó] ‘No tengo ningún interés en la futura existencia de este gran núcleo poblacional tras la derrota de la Unión Soviética’. Finlandia ha expresado también su desinterés en la futura existencia de esta ciudad situada directamente junto a su nueva frontera. […]

3. Proponemos un estrecho bloqueo de la ciudad y borrarla de la tierra mediante fuego de artillería de todos los calibres y continuos bombardeos desde el aire[6].

Ante la imposibilidad de tomar militarmente la ciudad, debido a la férrea resistencia del Ejército Rojo y de la población, el mando alemán decidió bloquear la urbe y matar de hambre a sus habitantes y a los soldados que defendían la ciudad. Al cabo de tres años de bloqueo habían muerto un millón de personas, la mayor parte de ellas de hambre y de frío. Y a eso habría que agregar otro millón de muertos del Ejército Rojo que cayeron defendiendo la ciudad.

Ese bloqueo asesino de signo nazista ha sido retomado por Israel en Gaza, a donde no ingresan alimentos, ni medicinas, ni agua potable, ni lo indispensable para sobrevivir y, aparte de todo, se ametralla y bombardea a la población cuando hace filas para conseguir un mendrugo de la “ayuda humanitaria” que logra ingresar. Y este asedio genocida es el que en la actualidad se libra contra Cuba, y para ello Estados Unidos recurre a la piratería imperialista de Estado, violando las más elementales normas del derecho marítimo y comercial al impedir el ingreso de embarcaciones a la Isla.

Y, como si todo eso no fuera suficientemente criminal, se propalan amenazas de ocupación militar y se pide a la población residente en Cuba que colabore “voluntariamente” con la CIA, como lo ha anunciado en forma cínica Narco Rubio hace pocos días. Eso se suma a las mentiras que se propalan en documentos oficiales de los Estados Unidos, como el que pretende mostrar, en más de cien páginas de un informe de pornografía terrorista, que Cuba ha sido el agresor y el que ha saboteado y desestabilizado internamente a los Estados Unidos y fomentado la subversión dentro de ese país. Es la razón genocida actuando en consonancia con la razón cínica, que acusa al agredido de los crímenes del agresor y que, además, justifica con esos infundios la pretendida legitimidad de sus acciones terroristas.

Por ello, debe recalcarse que al haber tolerado por gran parte del mundo el genocidio en Gaza ha sido funesto, ya que en la práctica se han aceptado las prácticas genocidas, de matar, acorralar, expulsar a un pueblo por hambre, por enfermedades curables, por contaminación hídrica, por la suciedad, por la destrucción de la infraestructura de supervivencia… que es, exactamente, lo que Estados Unidos hace contra Cuba, con un sadismo similar al del sionismo y el nazismo. Después de las declaraciones de un tal Hanoch Midwisdsky, miembro de la Kneset (parlamento de Israel) cuando le preguntaron se era legítimo “introducir un palo en el ano de una persona”, respondió: “Sí es (contra un militante de Hamas) todo es legítimo. ¡Todo!”[7]. Después del genocidio de Gaza, todo está permitido, todo se pretende legítimo, como todo lo que realiza Estados Unidos contra Cuba, ante los ojos pasivos y cómplices de eso que eufemísticamente se denomina “Comunidad internacional”.

Es claro que, después del genocidio de Gaza, los genocidios se repiten en cualquier lugar del mundo, sobre todo en donde existan sectores sociales que se opongan al Occidente Imperial. Ese mismo genocidio se intenta realizar en Irán, con la diferencia de que este país puede soportar más, debido a su gran tamaño, a su demografía (90 millones de habitantes) y a contar con bienes naturales y con cantidades significativas de petróleo.

CUBA CONTRA LA RAZÓN GENOCIDA

Cualquier persona con una mediana sensibilidad social debería hacerse algunas preguntas elementales con respecto a la saña criminal de Estados Unidos, un enorme país (en términos espaciales, demográficos y militares) aunque enano en términos de moral y dignidad, contra una pequeña isla del Caribe, habitada por 11 millones de personas: ¿Por qué tanta saña asesina? ¿Por qué ese comportamiento genocida contra los habitantes de un país de nuestra América? ¿Por qué esa sed criminal de hacer daño, causar sufrimiento e intentar destruir a un país y a sus habitantes?

No es difícil responder a estas preguntas si nos situamos en el mundo del capitalismo realmente existente y de la dominación imperialista de Estados Unidos. Lo que estos no aceptan, así como sus ideólogos e intelectuales orgánicos, es la irredenta determinación de Cuba de ser independiente, autónoma y soberana. No se tolera que Cuba haya alcanzado importantes logros en materia educativa, sanitaria, de investigación médica y biotecnológica, que haya erradicado el analfabetismo y haya reducido la mortalidad infantil. No se tolera que en Cuba no haya niños desnutridos ni abandonados en las calles y que la educación tenga una cobertura universal, laica y gratuita. No se tolera de Cuba que siga representando un proyecto diferente al que ofrece el capitalismo y, en medio de grandes obstáculos y dificultades, haya logrado sobrevivir como un ejemplo de dignidad y valentía.

Y tampoco se acepta, y eso es lo que más molesta a las clases dominantes de América Latina, que se defiendan valores de igualdad, solidaridad, ayuda mutua, como se despliegan, por ejemplo, cuando el país es afectado por torrenciales lluvias y huracanes. Estados Unidos no puede aceptar que cuando se presenta un huracán o cualquier catástrofe climática allí mueran decenas de personas, a veces centenares, como durante el Huracán Katrina, y en Cuba, en medio de las carencias materiales, se despliegue una extraordinaria solidaridad que salva vidas y evita grandes pérdidas humanas.

Estos son momentos en que se han impuesto en el mundo, empezando por Estados Unidos, los antivalores del lucro, de la competencia, del enriquecimiento fácil, del egoísmo, de la ostentación, del lujo, de presumir de la riqueza personal que se tiene, en aplastar al otro, al pobre, con el dinero y el poder. Se presume de la corrupción, de la brutalidad, de la violencia. Se exhibe un terrible racismo, clasismo y sexismo… Mientras todo eso caracteriza al capitalismo, Cuba intenta defender otros valores, en donde prime la educación, la solidaridad, el desprendimiento, como lo demuestra con sus brigadas de médicos que han llegado a diversos lugares de nuestro continente, donde nunca habían conocido un galeno.

Por todo eso, Cuba ha sido un mal ejemplo, y por eso Estados Unidos ha recurrido a todos los procedimientos criminales para destruir a este país y borrar sus logros y conquistas sociales y culturales. Y no solo eso, porque se pretende extirpar cualquier huella de su existencia histórica, para que en el presente y el futuro inmediato nadie en el continente pretenda adelantar proyectos de liberación nacional, de dignidad e independencia emulando la extraordinaria gesta de Cuba revolucionaria desde 1959.

A Cuba le sucede algo similar a lo que le aconteció a Haití en el siglo XIX. Por ser el primer país del mundo que no solo fue anticolonial sino donde se realizó una revolución que barrió con la esclavitud, las potencias europeas de la Época, empezando por Francia, y los Estados Unidos, se dieron a la tarea de impedir la difusión del ideario antiesclavista que encarnaba Haití. Bloquearon al país, lo arrinconaron, lo endeudaron y, ya en el siglo XX, Estados Unidos lo invadió y lo ocupó durante 20 años (1915-1934) y como resultado de esa agresión y de la imposición de sus cipayos locales empobreció el país y destruyó sus paisajes naturales, hasta convertirlo en lo que es en la actualidad, uno de los países más pobres del mundo, sumido en la violencia y la miseria, y con una destrucción devastadora de sus suelos y ecosistemas. Todo eso lo realizaron las grandes potencias para evitar el contagio haitiano, en cuanto proyecto de emancipación de los esclavos. Eso se amparó en el racismo y el miedo a que la independencia de Haití fuera un estímulo a la liberación de los negros del yugo de los esclavistas en cada uno de los países de América, empezando por los Estados Unidos. El Ministro francés de Relaciones Exteriores en una carta a James Monroe expresaba lo que representaba Haití en las primeras décadas del siglo XIX: “La existencia de un pueblo negro en armas, ocupando un país que ha manchado con los más criminales de los actos, es un espectáculo terrible para todas las naciones blancas. No hay razones para dar apoyo a estos bandidos que se han declarado enemigos de todo gobierno”[8]. Los haitianos eran considerados en Estados Unidos como “esclavos rebeldes”, así como hoy los gazaties, los cubanos o los iranies, agredidos brutalmente, son declarados “terroristas” por los principales terroristas del mundo.

El espejo haitiano muestra lo que siempre se ha querido imponer en Cuba y en lo que Estados Unidos lleva 66 años con una persistencia genocida, que no tiene nada que envidiarles a los nazis, ni a los sionistas.

Cuba contra la razón genocida es un grito de dignidad y lucha que debería interpelar a cualquier ser humano, y particularmente a los habitantes de Nuestra América, porque Cuba ha sido una esperanza, un ejemplo de dignidad y soberanía, hoy tan necesaria en momentos en que en el continente cunde la más vil abyección frente a los amos imperiales de Washington. Y como complemento a ese nivel de servilismo se exhiben como grandes logros humanos las más aberrantes formas de desigualdad, cuando sus presidentes de extrema derecha, sus seudo intelectuales, periodistas, deportistas, y cantantes de éxito… exhiben con una alta dosis de pornografía sus riquezas, sus automóviles, sus mansiones, sus joyas, al tiempo que aplastan y se burlan de los más pobres. Frente a este panorama de imposición brutal de la lógica egoísta y competitiva del capitalismo, el ejemplo de Cuba, de resistencia al imperio y al capital, se yergue como un faro de resistencia y dignidad.

LA SOLEDAD DE CUBA Y DE NUESTRA AMÉRICA

El crimen es claro, ya no se oculta, como se hacía hasta no hace mucho tiempo. El proyecto genocida está al orden del día: se trata de mater de hambre, enfermedades y carencias materiales de índole vital a un país y a su pueblo. Es el mismo proyecto de Hitler en Leningrado, el mismo de Netanyahu en Gaza, y también el mismo contra Cuba por parte de la cúpula dirigente del imperialismo estadounidense, encarnada en estos momentos en el dúo criminal Donald Trum-Narco Rubio, que es una radicalización del bloqueo de 66 años. Y, a pesar de que el crimen es claro, y se sabe cuáles son los criminales, sin embargo, nadie se atreve a oponerse al matón de barrio.

La lucha de Cuba por su autodeterminación y soberanía adquiere gran relieve en estos momentos, si miramos al continente y vemos unos niveles de postración, servilismo y cipayismo pocas veces vistos con tal nivel de unanimidad. Al respecto, el caso más vergonzoso que genera indignación y mucho dolor es el de Venezuela. Ante la brutal agresión del 3 de enero, en lugar de organizarse la resistencia ‒que tanto se anunció durante años‒ lo que encontramos es un gobierno servil e incondicional a los Estados Unidos, que está realizando el proyecto que siempre propuso la extrema derecha (representada en personajes tan detestables como María Corina Machado). Eso proyecto de entrega total, y sin luchar, está cediendo gratis el petróleo a los Estados Unidos y supone en la práctica, más allá de cualquier retórica, la transformación de Venezuela, en un protectorado yanqui.

Ese nivel de servilismo se vio en Nueva York, en la Asamblea Anual de las Naciones Unidas, cuando no solamente la delegación de Venezuela aceptó con cabeza gacha los insultos de Donald Trump contra su país y no cuestionó el secuestro ilegal y terrorista de su presidente constitucional, sino, lo que es peor y más lamentable, como gesto de entreguismo, la presidenta encargada se reunió con Donald Trump y se tomó una foto en la que hace la V de la Victoria. De qué victoria se está hablando para Venezuela, cuando se está celebrando es la victoria del Imperialismo, sin chistar nada ni oponerse.

Cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo, puesto que pasamos del gran discurso de Hugo Chavez en 2006 cuando denunciaba al imperialismo, cuyo principal portavoz, George Bush, olía a azufre, a la adulación al genocida Donald Trump, a quien incluso en ese mismo recinto que enalteció Chavez, Delcy Rodríguez le agradeció por lo que está haciendo contra Venezuela, al que ese mismo genocida cataloga como el Estado Número 51 de los Estados Unidos. ¿Agradecimientos de qué y por qué? Por haber contribuido a destruir un país durante varios años, por haber robado los activos de Venezuela en Estados Unidos, por haberse apropiado, con la pérfida Albión (Inglaterra), de las reservas de oro del país, por haber asesinado a 32 cubanos y a un centenar de venezolanos el 3 de enero, por llevarse el petróleo venezolano, por robar los ingresos que genera ese petróleo, por mantener el bloqueo criminal, por bombardear pescadores en el Mar Caribe, por poner precio a la cabeza de los gobernantes de Venezuela…. De eso está agradecida Delcy Rodríguez y compañía. Qué dolor que produce tanta postración en la patria de Bolívar y Chavez, que de ser un faro del antiimperialismo paso a convertirse en cabeza de playa del imperialismo en el continente, como se demuestra con la llegada de tropas, aviones, helicópteros, armas y personal especializado en matar que viene de Estados Unidos y se ha instalada en Venezuela, sin ningún tipo de oposición ni resistencia.

Y, para completar en cuanto al tema de este ensayo, Venezuela con pena y sin gloria, le quitó cualquier apoyo a Cuba, asumiendo, sin ningún intento de resistencia, la orden imperial de no enviar petróleo a la isla y ni siquiera agradecer el acto heroico de 32 cubanos que fueron asesinados por las tropas gringas que regaron de sangre y muerte la tierra de Bolívar y agredieron a Nuestra América. Y ahora, la conjunción de Estados Unidos y Venezuela, o mejor la subordinación incondicional de este último país, empieza a genera muerte a gran escala, porque se ha empezado a usar la táctica sionista-estadounidense de los bombardeos indiscriminados y tierra arrasada. En el bombardeo de este último día de octubre contra un campamento del ELN en territorio venezolano, por primera vez en los últimos 28 años, si tomamos como fecha de referencia el triunfo de Hugo Chávez en 1998, el gobierno venezolano bombardeó y masacró a 19 personas, muy al estilo de Israel, Estados Unidos y Colombia, que son de la misma escuela de la contrainsurgencia genocida, a la que ahora se suma el gobierno de Delcy Rodríguez. Y lo más vergonzoso, como no podía ser de otra forma, en este aleve ataque participó Estados Unidos. Lo dice una nota aparecida en La Jornada este 2 de noviembre, que citamos textualmente, con un titular que lo dice todo: “Con apoyo de la CIA y FBI, Venezuela ataca a guerrilla de Colombia: 19 muertos”:

“Al menos 19 muertos dejó un bombardeo del ejército de Venezuela en contra de un campamento de la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN), en el lado venezolano de la frontera, dijeron ayer a la Afp una ONG y fuentes próximas al operativo. […]

El ataque fue perpetrado con helicópteros artillados y drones sobre el campamento ubicado en una zona boscosa, al suroeste de Apure, relató una fuente militar vinculada con el operativo que habló bajo condición de anonimato.

Agregó que se contó con apoyo de inteligencia de Estados Unidos. “Nos ayudó gente de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y la FBI (Oficina Federal de Investigación). Esto fue una orden de Estados Unidos”.

El ataque ocurrió cerca del caserío Buena Vista del Meta, habitado por unas mil personas, que colinda con el departamento colombiano de Vichada (oriente).

Los cuerpos fueron trasladados inicialmente al pueblo Puerto Páez, a 150 kilómetros de donde ocurrió el bombardeo. “Varios quedaron totalmente destrozados. Cuando los llevaban a (la ciudad) San Fernando todavía olían a carne quemada”, dijo un habitante de la comunidad.

Después los condujeron a la morgue de San Fernando, capital estatal a 500 kilómetros, y finalmente fueron enterrados en un cementerio en Camaguán, en el vecino estado de Guárico.

El ataque tomó por sorpresa a los guerrilleros, que no tuvieron tiempo de reaccionar, indicó la fuente cercana al operativo.

Detalló que la mayoría de los fallecidos, entre los cuales se encontraba una mujer, son venezolanos. Sin embargo, identificaron a dos dominicanos con licencias de conducir y documentos de identificación de Venezuela. Habitantes de la zona dijeron que el lugar sigue ocupado por militares venezolanos.

La defensora de derechos humanos y experta en asuntos militares Rocío San Miguel, dijo que el ataque refleja un “cambio de doctrina” en las fuerzas armadas venezolanas que se había mantenido neutrales ante la presencia del ELN y otras guerrillas que operan en varios puntos de la frontera. […]

Colombia señaló por años al gobierno chavista de albergar en su territorio a fuerzas ilegales de su país. Sin embargo, este año Caracas se alineó con los intereses de Estados Unidos tras el secuestro de Nicolás Maduro en un operativo en enero y la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta interina.

Estados Unidos apoyó con labores de inteligencia y mapeo de zonas, según la fuente militar. Los preparativos iniciaron hace un mes”[9].

Y. para colmo de la ignominia, Venezuela también recibe con los brazos abiertos a los sionistas de Israel, como héroes de la “reconstrucción”, tras el terremoto que asoló a Venezuela el 24 de junio de este año, con lo cual se avala el genocidio del pueblo palestino.

En el mismo sentido, no ha habido oposición real al genocidio energético contra Cuba por parte de ningún país del mundo, léase bien, ningún país, ni de Europa, ni de Asia, ni, lo que es más lamentable, de Nuestra América. Cuando mucho se hacen declaraciones diplomáticas o se vota contra el bloqueo en el seno de la ONU y pare de contar. Pero, incluso ahora los regímenes de extrema derecha del continente no sólo rompen relaciones con Cuba, sino que algunos de ellos han apoyado, por primera vez, el bloqueo en la reciente votación de la ONU, entre esos el despreciable régimen colombiano, aliado incondicional de Estados Unidos y de Israel.

En el seno del continente, salvo acciones de solidaridad de sectores de la población, ningún gobierno ha emprendido acciones reales y, la casi totalidad, ni siquiera ha protestado con respecto al genocidio energético de los Estados Unidos. Dos países, por su tamaño y recursos petroleros, bien podrían intentar hacer algo, pero por temor, o conveniencia geopolítica, han preferido obedecer sumisamente las ordenes de Washington, esto es, que no llegue ni una sola gota de petróleo a Cuba, aunque eso se haga recurriendo a los métodos más brutales de la piratería imperialista de Estado. Esos dos países son México y Brasil. El primero envía alguno que otro barco con ayuda humanitaria, pero desde principio de 2026 también cortó, por presiones directas de Estados Unidos, el envío de petróleo a Cuba. El segundo, Brasil, es uno de los casos más vergonzosos y eso hay que enfatizarlo ahora que el “progresista” Lula Da Silva acaba de ser reelegido: ese país no ha hecho nada para ayudar a Cuba, cuando bien podía por su tamaño y su supuesto poder geopolítico desafiar a Estados Unidos enviando barcos con petróleo a Cuba. Pero eso es pedirle peras al olmo, puesto, como siempre ha sido así, la diplomacia brasileña está miserablemente acomodada al orden imperial so pretexto de que actúa con cautela con el fin de que Brasil gane un puesto en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU que es su máxima aspiración internacional.

De resto, nada real ni efectivo del Brasil de Lula con respecto a las necesidades reales del pueblo cubano, ni una pizca de solidaridad efectiva, como la que en este caso requiere la isla. Pero, además, una acción de apoyo energético a Cuba por parte de Brasil supondría una muestra de independencia y soberanía reales, necesaria e indispensable máxime en momentos en que ha sido clara de la injerencia imperialista en el proceso electoral de Brasil, por el apoyo abierto del entorno de Donald Trump al delincuente, y ahora prófugo, Flavio Bolsonaro, que se refugió en Miami, la capital mundial del terrorismo de Estado Made in USA y el centro de asilo de todo tipo de criminales, torturadores, paramilitares y asesinos al servicio del capital y del imperio.

Lo peor de la falta de apoyo a Cuba por parte del resto del continente radica en que no solamente se trata de una falta de solidaridad elemental contra un país agredido, pisoteando las más elementales normas del derecho a la vida, sino que eso supone garantizar la agresión contra cualquier país de la región cuando a Estados Unidos se le venga en gana. Y por eso, la inacción, para llamarlo de manera elegante, de los países que bien podrían proceder en forma más decisiva, como los ya señalados de México y Brasil, tarde o temprano los afectara a ellos mismos, porque están en la mira de Washington, en momentos en que ha reclamado que nuestro continente vuelve a ser su patio trasero y está actuando en esa dirección con una resolución brutal e implacable. A todo el continente deberían recordársele las palabras del gran Benito Juares: “El respecto al derecho ajeno es la paz”.

Rusia y China tampoco realizan nada efectivo para romper el bloque de los Estados Unidos, cuando también tienen fuerza y poder para hacerlo, pero no lo hacen sencillamente por resguardar sus intereses geopolíticos, y por eso tampoco levantaron un dedo para respaldar a Venezuela el 3 de enero. Y eso se confirma con la venta de Diesel por parte de Rusia a Estados Unidos, que ni siquiera exige como contraprestación que se permita el ingreso de sus barcos con petróleo a Cuba. Este es un buen ejemplo de la limitación de los cálculos geopolíticos, que son bastante oportunistas y limitados, y de los cuales no es mucho lo que puede esperarse.

En un ámbito más general, los más acomodados son los BRIC’S, supuesta expresión de una nueva multilateralidad que combate el hegemonismo de Washington. Pamplinas, porque ni siquiera en sus tímidas declaraciones se señala con nombre propio y con el dedo acusador a Estados Unidos como un país que mata, asesina, secuestra a donde le venga en gana y cuando quiera. Los BRICS han mostrado en la práctica que no representan ningún proyecto radicalmente diferente al del hegemonismo estadounidense, puesto que ni siquiera han sido capaces de respaldar abiertamente a los países (Venezuela, Irán) que han sido agredidos por los Estados Unidos.

En estas condiciones, lo más terrible para Cuba hoy es su inmensa soledad, cuando ningún gobierno se atreve a respaldarlo en términos reales. El único respaldo que le queda es el de los pueblos. Pero esa soledad de Cuba es la de todo el continente, nuevamente en las manos sangrientas del Tio Sam y administrado por las clases dominantes y entreguistas de siempre, que ahora tampoco ocultan su nivel de postración ante los Estados Unidos.

En ese sentido, debe hablarse de un genocidio consentido y tolerado, lo mismo que el de Gaza, en el que participan en forma consciente los cipayos de los Estados Unidos, así como aquellos que se presentan como alternativas al orden imperante, entre ellos los BRICS, de los cuales no debe esperarse mucho.

Ya nada queda de unidad continental, de solidaridad latinoamericana, de ALBA de los pueblos y cosas por el estilo. Se ha impuesto el orden genocida, que cuenta con respaldo y legitimidad. Claro, eso no va a ser eterno, pero mientras tanto, Cuba paga los platos rotos. Ante la soledad de nuestra América, lo único que queda es la resistencia, lucha y solidaridad por parte de la población sufrida y consciente del continente, porque en los peores momentos de nuestra historia, como decía José Martí, en medio de tantos seres humanos sin decoro, “hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.”

NOTAS


[1]. Jorge Majfud, La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina, Baile del Sol, Tenerife, 2021, p. 50.

[2]. Citado en Jorge Zalamea, Antecedentes históricos de la Revolución Cubana, Sudamérica, Bogotá, 1961, pp. 158-160. (Enfaces nuestro).

[3].Historical Documents – Office of the Historian

[4]. Entre algunas obras pueden mencionarse: Franklin Aramis Picapiedra Montejo, Agresiones, secuestros y terrorismo aéreo contra Cuba, Ciencias Sociales, La Habana, 2009; Fabián Escalante, Operación exterminio. 50 años de agresiones contra Cuba, Ocean Sur, México, 2011.

[5]. Alicia Herrera, Pusimos la bomba… ¿Y qué?, Editorial Política, La Habana, 2005.

[6]. David Glantz, La batalla por Leningrado: 900 días asediado por la Wehrmacht. Desperta Ferro. Madrid, 2018, pp. 94-95.

[7]. Mohamed El-Kurt, Víctimas perfectas y la política del encanto, Capitán Swing, Madrid, 2025, p. 133, nota 69.

[8]. Citado en Paul Farmer, Haití para qué, Hiru, Hondarribia, 1994, p. 85.

[9]. La Jornada, noviembre 2 de 2026. Con apoyo de CIA y FBI, Venezuela ataca a guerrilla de Colombia; 19 muertos

Enlace a la primera parte del artículo: https://rebelion.org/cuba-ante-la-razon-genocida-parte-i/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

¡Hasta siempre Comandante!



La impronta de Fidel Castro en la gestión

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