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La guerra de Estados Unidos contra Irán se le vuelve en contra, mientras el régimen saudí se arrastra a su colapso

Do Rebelión, 19 de outubro 2026
Por «Ali Reza» Peralta


La predicción no proviene de un analista marginal, sino de voces con acceso directo a los engranajes del conflicto: Scott Ritter, exinspector de armas de las Naciones Unidas, y Mohammad Marandi, profesor iraní. Ambos trazaron el mismo diagnóstico en el programa “The Grand Standoff: Iran and the World” de Al Mayadeen, las viejas certezas se están derrumbando a gran velocidad.

Su advertencia es directa. La guerra de Washington contra Irán ha fracasado. La estrategia de presión económica se está revirtiendo. Y las consecuencias de ese revés podrían terminar por derribar al régimen saudí.

«No creo que sea cuestión de si la Casa de Saud cae. Creo que es una cuestión de cuándo cae la Casa de Saud», así de tajante fue Ritter sobre Riad.

Una evaluación de alto impacto, precisamente porque proviene de alguien que formó parte del establishment de seguridad estadounidense. Y el escenario que describe es aún más grave para Washington.

Según Ritter, la opción militar ya está agotada. «La solución militar ofrecida por Israel no es una solución», sentenció, argumentando que Estados Unidos e Israel ya emplearon sus capacidades convencionales sin alcanzar sus objetivos. Irán, en cambio, se adaptó, aprendió y salió fortalecido. «Irán es más fuerte. Nosotros somos más débiles. Creo que tenemos que tomar esto en cuenta», sostuvo.

Como prueba de ese debilitamiento, señaló tres frentes conectados: las restricciones impuestas por Irán al tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, que están asfixiando los suministros globales de energía; las operaciones de Yemen contra la infraestructura energética saudí; y la guerra entre Rusia y Ucrania. Todo está interconectado y está ejerciendo una presión creciente sobre la economía estadounidense.

Ese diagnóstico coincide con los comunicados oficiales de Teherán. El 10 de octubre la Fuerza Naval del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica anunció que “cualquier buque en el Estrecho de Ormuz que haya desactivado los sistemas de navegación e identificación será clasificado como hostil», y advirtieron que se tomarían «acciones decisivas y severas».

La respuesta de Washington, dijo Ritter, ha sido improvisada. Más suministros de diésel. Soluciones de corto plazo. Ninguna medida atacó la causa de fondo. Y la causa de fondo es que la guerra en sí misma es invencible.

El profesor Marandi profundizó esa línea. Una vez que las bombas fallaron, Washington apostó al colapso económico como última carta. «Lo único que queda es la esperanza de un colapso económico», dijo, aunque sostuvo que esa expectativa nunca se materializó. Irán absorbió la presión y ahora esa presión fluye en sentido contrario.

Marandi detalló la escasez que ya se siente: petróleo crudo, gas natural licuado, azufre, helio y petroquímicos. Las disrupciones, explicó, se aceleraron a medida que Irán intensificó las operaciones contra los buques que violan sus restricciones en Ormuz. Los mercados globales lo están sintiendo y el objetivo de Washington de aislar a Irán se desvanece.

Del otro lado, la posición oficial de Washington intenta minimizar el impacto. El Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) aseguró que «el tráfico está fluyendo a través del Estrecho de Ormuz en este momento transportando bienes comerciales», mientras el Secretario de Energía, Chris Wright, dijo, como tantas cosas que dice la administración estadounidense, que «estamos haciendo pasar muchos barcos, pero por supuesto eso requiere que lo hagan los militares estadounidenses». El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue más allá y habló de un «Día D económico» contra Irán y de que Washington entra en el «final de juego».

Pero el verdadero peligro, coincidieron Ritter y Marandi, está en Riad.

El príncipe heredero Mohammad bin Salman optó por escalar contra Yemen, acusó a los hutíes de haber elegido «el caos, la destrucción y amenazar a los yemeníes y a la región» y prometió una «acción firme contra cualquier amenaza o ataque dirigido a su seguridad». Esa decisión, según Marandi, dejó al reino expuesto a una doble presión: la económica iraní y las operaciones militares yemeníes.

Y esa amenaza ya es explícita. El vocero militar de Ansar Allah, Yahya Saree, anunció esta semana que sus fuerzas habían llevado a cabo «una operación militar de alta calidad dirigida contra Aramco en Dhahran», así como ataques contra el aeropuerto de Riad y una refinería, y advirtió que las operaciones «continuarán en los próximos días, apuntando a aeropuertos enemigos saudíes e instalaciones petroleras».

Marandi recordó la anterior campaña de Arabia Saudita contra Yemen y advirtió que un conflicto prolongado podría poner en riesgo la supervivencia del propio régimen. «Si Arabia Saudita cae, ninguno de estos pequeños regímenes en nuestra región sobrevivirá».

El señalamiento apunta al cuadro general. La Casa de Saud está en el centro de una red de gobiernos del Golfo Pérsico que dependen de la protección militar estadounidense y de los ingresos de los hidrocarburos. Si Riad cae, el efecto en cadena alcanzaría a todos. Ritter se preguntó si Washington siquiera contempló ese escenario y advirtió que el régimen saudí es más vulnerable a la desestabilización que Irán.
¿Y qué viene ahora?

Ritter considera que Estados Unidos eventualmente tendrá que asumir la realidad, no puede ganar en lo militar ni asfixiar a Irán en lo económico. En algún momento deberá buscar un acuerdo negociado. Teherán, afirmó, no busca la dominación regional, sino garantías contra una nueva agresión. «Esta guerra no puede durar para siempre. La cuestión de fondo es que la economía global colapsará si esto continúa, y Estados Unidos tendrá que ajustarse en consecuencia».

Marandi se mostró menos optimista. Señaló el memorando de entendimiento existente como una posible vía de salida, pero sostuvo que Trump difícilmente lo aceptará. «Hay una salida, una rampa de salida, y eso es aceptar el memorando de entendimiento», dijo. En lugar de eso, prevé una escalada. «La única forma de avanzar que le queda, supongo, es la escalada».

Desde Tel Aviv, la lectura es opuesta. El embajador israelí en India, Reuven Azar, afirmó que los intentos de Irán de interrumpir el transporte marítimo y «secuestrar el comercio internacional a través del Estrecho de Ormuz han fracasado» y que Teherán debe aceptar los términos de EE.UU. o enfrentar consecuencias militares.

Pero lo cierto es que el enfrentamiento está dejando al descubierto los límites del poder estadounidense. La resistencia iraní se mantiene y los hutíes acrecientan sus capacidades, mientras Líbano y Palestina no verán el desarme y mucho menos la rendición de sus honorables y valientes facciones resistentes, algo de eso sostienen también las milicias populares en Irak, e incluso Siria podría reencontrarse en la misma senda del Eje de la Resistencia regional. El daño económico se expande. Y el equilibrio estratégico en Asia Occidental se está desplazando de una forma que Washington ya no puede controlar.

Lo que está en juego ya no es la capacidad del viejo orden para mantenerse en pie, sino cuál será el orden que emerja para ocupar su lugar una vez que se desplome.

Ali Reza Peralta es director de la Academia del Pensamiento Estratégico y su plataforma comunicacional ApeTv.

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