Por Liza Featherstone: Revista Jacobin
![]() |
El artículo que sigue forma parte de la serie «Economía política de la inteligencia artificial», una colaboración entre Revista Jacobin y la Fundación Rosa Luxemburgo.
Ciudadanos de todo el espectro político se unen para luchar contra los centros de datos de IA y a favor de soluciones como la energía pública. Las millonarias donaciones empresariales hacen que los políticos tradicionales no estén a la altura del momento, pero la izquierda sí puede estarlo. Serie: Economía política de la inteligencia artificial
Realmente pensábamos que habíamos ganado», dice Lee Ziesche, copresidenta de los Democratic Socialists of America (Socialistas Democráticos de Estados Unidos, DSA, por sus siglas en inglés) de Tucson, en Arizona, recordando con pesar agosto de 2025. Junto con otras organizaciones y miles de miembros de la comunidad, el DSA venía enfrentando a la desarrolladora Beale Infrastructure por la construcción de un enorme centro de datos de inteligencia artificial llamado Project Blue.
En esta ciudad desértica, el agua es un bien preciado y también un servicio público. (El uso excesivo de agua es uno de los aspectos más criticados del boom de los centros de datos.) Los desarrolladores habían dicho que no construirían Project Blue a menos que la ciudad de Tucson anexara el terreno; de esa manera, el centro de datos sería abastecido con agua de Tucson. «Hubo una oposición masiva a [el centro de datos] por muchas razones», explica Ziesche, «pero lo más importante es que conservar el agua es simplemente parte de la cultura local. Todo el mundo aprende sobre eso en la escuela». Además, dice Ziesche, «el marzo pasado llegamos casi a los 40 grados, así que obviamente somos muy conscientes de la crisis climática».
«He visto mucha oposición a grandes proyectos de infraestructura», dice Ziesche, que también luchó contra oleoductos en la ciudad de Nueva York, «y nunca vi algo como lo que fue la resistencia a Project Blue en Tucson. Acá el verano es bastante muerto; los snowbirds [jubilados «golondrina», que buscan evitar los climas extremos] se van, y hace mucho calor». Pero ese verano, mil personas se presentaron a una reunión pública. El concejo municipal decidió por unanimidad no anexar el terreno para el centro de datos, lo que significaba que la ciudad no proveería el agua. ¡Una victoria!
La oposición masiva prevaleció en el terreno de la toma de decisiones democrática: el municipio. Pero resultó que ese no era el terreno decisivo. En un giro repentino, la desarrolladora decidió avanzar con Project Blue de todos modos, utilizando aire en lugar de agua como refrigerante. Se trata de un cambio importante —y que se debe enteramente a la resistencia—, pero no resuelve las preocupaciones de los residentes. Con un clima tan caluroso y un centro de datos que hace subir aún más las ya altísimas facturas de electricidad de los hogares, dice Ziesche, «va a ser imposible sobrevivir».
«Como siempre supimos sobre los capitalistas, estos multimillonarios tecnológicos», dice Ziesche, «están dispuestos a sacrificar a comunidades enteras para obtener ganancias». Peor aún, la derrota mostró la fragilidad de las instituciones democráticas de la ciudad: el pueblo, unido, puede ser derrotado fácilmente cuando no tiene la última palabra.
Las cuadrillas de construcción ya iniciaron las obras de Project Blue. Las protestas continúan, pero todo indica que se trata de una derrota. Sin embargo, Ziesche dice que los socialistas de Tucson están aprendiendo esa lección sobre la implicación de la comunidad en las cuestiones de energía e infraestructura, y avanzando con una nueva campaña que exige energía pública. La lucha contra el centro de datos, dice Ziesche, «realmente amplió la base de gente que cree en la energía pública y, potencialmente, en soluciones socialistas».
Siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de un gran centro de datos de IA en su propia comunidad. De hecho, hay pocos temas que unan más a la ciudadanía de todo el espectro político que este. Incluso entre los republicanos, son más los que dicen que la construcción de nuevos centros de datos es mala que los que la defienden. Sin embargo, la mayoría de los políticos tradicionales, tanto demócratas como republicanos, no están a la altura del momento.
Eso deja a los socialistas, que no están subordinados a grandes donantes con intereses creados en el boom de la IA, en una posición única. Los socialistas democráticos están mejor posicionados que cualquiera de los dos grandes partidos para hacerle frente a la oligarquía, una gangrena estadounidense del siglo XXI que cada lucha contra un centro de datos parece revelar con mayor claridad.
Los centros de datos son una cuestión de clase
Hay buenas razones para la oposición popular a los centros de datos, empezando por la indignación por la codicia corporativa y una sensación de impotencia popular al quedar excluidos de decisiones importantes a nivel local. Políticos tanto republicanos como demócratas son financiados por las grandes tecnológicas, la industria de los combustibles fósiles y los súper ricos, mientras que los socialistas sostienen que estas corporaciones y multimillonarios necesitan salir de la política y que, en el mejor de los casos, ni siquiera deberían existir.
En las primarias recientes, donde los centros de datos se han convertido en un tema, los socialistas democráticos ganaron o estuvieron cerca de hacerlo. En Michigan, donde el estado les ha dado incentivos a los centros de datos para construir, y la energía que demandan se está utilizando para explotar vacíos legales en las leyes estatales de energía limpia y construir nueva infraestructura de combustibles fósiles, Chris Gilmer-Hill, de Detroit, ganó su primaria para la legislatura estatal. Gilmer-Hill es un activista de la justicia ambiental e hizo de los centros de datos un tema central.
Y no fue la única, ya que en un estado donde el tema viene generando furor, otros socialistas y progresistas opositores a los centros de datos ganaron ampliamente, con las victorias en las primarias legislativas de Will Lawrence y Donavan McKinney, sin mencionar al candidato al Senado Abdul El-Sayed. En Denver, la socialista democrática Melat Kiros ganó su primaria legislativa en junio, también con un llamado a una moratoria sobre los centros de datos. Y si bien Francesca Hong no logró imponerse en su reciente primaria a la gobernación de Wisconsin, el tema de los centros de datos sin duda contribuyó a convertirla en una candidata fuerte en lo que terminó siendo una derrota dolorosamente ajustada.
Las razones por las que la gente odia a los centros de datos —y a la IA generativa en su forma actual, extractiva y dirigida por multimillonarios— están profundamente alineadas con la agenda política más amplia de los socialistas democráticos. Sarahana Shrestha, legisladora estatal socialista democrática del Hudson Valley de Nueva York que lucha por una moratoria estatal sobre los nuevos centros de datos, dice que la lucha contra los centros de datos tiene menos que ver con escenarios al estilo Terminator, en los que la IA se vuelve contra nosotros, y mucho más con cuestiones concretas e inmediatas como la accesibilidad económica y la desigualdad. Mientras los neoyorquinos de las zonas rurales luchan con el aumento de los costos de la electricidad y con las amenazas a la red eléctrica, los centros de datos harán subir aún más sus costos energéticos.
Los centros de datos reciben un trato especial ridículo en forma de generosos subsidios impositivos, lo cual ya es en sí mismo implica una amplia cuestión de clase. Además, dice Gilmer-Hill, «incluso si hiciéramos que los centros de datos pagaran su parte justa, con las mismas tarifas que todos los demás, seguiría sin captarse el hecho de que están encareciendo todo para todo el mundo».
Los centros de datos también retrasan la necesaria transición hacia las energías renovables al requerir más combustibles fósiles, agravando así la crisis climática. De hecho, las empresas de combustibles fósiles están utilizando las necesidades energéticas de los centros de datos para justificar el desarrollo de más infraestructura de petróleo y gas (incluso frente al calor récord, las tormentas y la contaminación por incendios forestales vinculados a la crisis climática). En Tucson, por ejemplo, las empresas de servicios públicos alegan que necesitan generación a gas para alimentar estos centros de datos y están impulsando un oleoducto multimillonario.
La gente está «entendiendo que los centros de datos en realidad no están para servirnos», dice Ziesche. Como señala Gilmer-Hill, en el mejor de los casos los centros de datos crean muy pocos empleos, y en el peor, pueden dejar a muchos estadounidenses sin trabajo. Aunque el presidente Donald Trump dijo hace pocos días —con el característico y encantador respeto que siempre muestra hacia sus votantes rurales— que las comunidades que se resisten a los centros de datos estaban eligiendo ser «atrasadas y pobres», la verdad es que los beneficios económicos están enormemente exagerados. Como dice Shrestha sobre las promesas que los multimillonarios tecnológicos les hacen a las comunidades, «no son solo las máquinas las que alucinan».
Luchar contra los centros de datos, salvar la democracia
Más allá de las amenazas específicas que representan los centros de datos, las luchas en su contra en todo el país están abriéndole los ojos a la gente en lo que hace a su falta de poder frente a los deseos de los multimillonarios, es decir, sobre la debilidad de sus instituciones democráticas. «Realmente estamos reconociendo lo importante que es poder tomar esas decisiones nosotros mismos como comunidad», dice Ziesche, «y no que las grandes tecnológicas nos impongan estos proyectos masivos».
Los socialistas democráticos están profundamente comprometidos con la ampliación del control y la propiedad democráticos, lo cual los coloca en una buena posición para interpelar esa indignación y canalizarla hacia soluciones políticas. «Lo que los socialistas defienden son bienes públicos para el público», dice Shrestha, y estas luchas construyen los argumentos a favor de una energía de propiedad y control públicos.
En Tucson, DSA ya tenía en marcha una campaña por la energía pública, pero la derrota del centro de datos la fortaleció enormemente, al poner de relieve la necesidad de que la energía sea controlada por la población de Tucson, tal como ya sucede con el agua. Ahora, dice Ziesche, los socialistas están convirtiendo la lucha contra el centro de datos en un referéndum sobre la empresa de servicios públicos privada. Después de la indignación por Project Blue, dice, «estoy viendo a mucha gente que definitivamente no es socialista apoyar nuestra campaña por la energía pública».
En el estado de Nueva York, DSA y sus funcionarios electos —entre ellos Shrestha y la senadora estatal Kristen Gonzalez— están impulsando una moratoria a nivel estatal sobre la construcción de nuevos centros de datos. Como solución de compromiso, la gobernadora Kathy Hochul emitió una orden ejecutiva que establece una versión diluida, que pausa la nueva construcción durante un año. Los socialistas del estado de Nueva York están más avanzados en la lucha por una energía renovable de propiedad pública, tras haber aprobado la Build Public Renewables Act [Ley de Construcción de Energías Renovables Públicas] en 2023, aunque su implementación sigue siendo una lucha en curso. Pero en el Hudson Valley, como en Tucson, una de las próximas grandes campañas es la de socializar a la empresa eléctrica, tal como ya hacen muchos pequeños pueblos y ciudades de Estados Unidos.
Gonzalez también está trabajando en una legislación para ponerle fin a los subsidios impositivos a los centros de datos. Solo en el condado de Rockland, las agencias estatales y locales han comprometido al menos 321 millones de dólares en subsidios energéticos e impositivos para centros de datos. En una reciente orden ejecutiva, Hochul expresó la intención de trabajar con la legislatura para terminar con esos subsidios. Pero esa intención todavía no se convirtió en ley y, dado su historial en materia climática y su historia de cercanía con los contaminadores, hay motivos de sobra para creer que hará falta una gran lucha para lograrlo. Si no fuera por legisladores socialistas como Gonzalez, poner fin a los subsidios a los centros de datos ni siquiera formaría parte de la conversación política demócrata.
A nivel de base, es raro que los estadounidenses coincidamos en algo con tanto fervor. Al observar las encuestas, así como a los miles de personas de todo el espectro político que colman las reuniones públicas, hablan con sus vecinos y firman petitorios a favor de la energía pública, parece claro que, desde el punto de vista electoral, a los demócratas y republicanos tradicionales les convendría volverse socialistas, al menos en este tema puntual.
Shrestha reflexiona que en Wisconsin, el rival de Francesca Hong, un demócrata que se opuso a una moratoria estatal, ahora podría perder la gobernación ante un republicano. «Incluso desde un punto de vista puramente político», dice, el apoyo demócrata a los centros de datos «parece muy imprudente». Y añade: «Si el Partido Demócrata está mínimamente interesado en luchar contra la crisis climática, en hacer que la democracia funcione y en ganar elecciones, necesita tomar una postura firme contra estos centros de datos».
Pero incluso sin la participación de los demócratas tradicionales, es probable que el movimiento socialista democrático continúe liderando este tema. «La gente común se está dando cuenta de cómo este sistema ha sido manipulado en nuestra contra», dice Gonzalez. Y concluye afirmando: «Si los socialistas logramos ser un modelo de buen gobierno en este tema, creo que podemos demostrar cuán popular es nuestra visión positiva del futuro para la clase trabajadora».
Liza Featherstone: Columnista en Jacobin, periodista freelance y autora de Selling Woman Short: The Landmark Battle for Workers’ Rights at Wal-Mart.
Fuente: https://jacobinlat.com/2026/09/el-socialismo-puede-liderar-la-lucha-contra-los-centros-de-datos/
Ciudadanos de todo el espectro político se unen para luchar contra los centros de datos de IA y a favor de soluciones como la energía pública. Las millonarias donaciones empresariales hacen que los políticos tradicionales no estén a la altura del momento, pero la izquierda sí puede estarlo. Serie: Economía política de la inteligencia artificial
Realmente pensábamos que habíamos ganado», dice Lee Ziesche, copresidenta de los Democratic Socialists of America (Socialistas Democráticos de Estados Unidos, DSA, por sus siglas en inglés) de Tucson, en Arizona, recordando con pesar agosto de 2025. Junto con otras organizaciones y miles de miembros de la comunidad, el DSA venía enfrentando a la desarrolladora Beale Infrastructure por la construcción de un enorme centro de datos de inteligencia artificial llamado Project Blue.
En esta ciudad desértica, el agua es un bien preciado y también un servicio público. (El uso excesivo de agua es uno de los aspectos más criticados del boom de los centros de datos.) Los desarrolladores habían dicho que no construirían Project Blue a menos que la ciudad de Tucson anexara el terreno; de esa manera, el centro de datos sería abastecido con agua de Tucson. «Hubo una oposición masiva a [el centro de datos] por muchas razones», explica Ziesche, «pero lo más importante es que conservar el agua es simplemente parte de la cultura local. Todo el mundo aprende sobre eso en la escuela». Además, dice Ziesche, «el marzo pasado llegamos casi a los 40 grados, así que obviamente somos muy conscientes de la crisis climática».
«He visto mucha oposición a grandes proyectos de infraestructura», dice Ziesche, que también luchó contra oleoductos en la ciudad de Nueva York, «y nunca vi algo como lo que fue la resistencia a Project Blue en Tucson. Acá el verano es bastante muerto; los snowbirds [jubilados «golondrina», que buscan evitar los climas extremos] se van, y hace mucho calor». Pero ese verano, mil personas se presentaron a una reunión pública. El concejo municipal decidió por unanimidad no anexar el terreno para el centro de datos, lo que significaba que la ciudad no proveería el agua. ¡Una victoria!
La oposición masiva prevaleció en el terreno de la toma de decisiones democrática: el municipio. Pero resultó que ese no era el terreno decisivo. En un giro repentino, la desarrolladora decidió avanzar con Project Blue de todos modos, utilizando aire en lugar de agua como refrigerante. Se trata de un cambio importante —y que se debe enteramente a la resistencia—, pero no resuelve las preocupaciones de los residentes. Con un clima tan caluroso y un centro de datos que hace subir aún más las ya altísimas facturas de electricidad de los hogares, dice Ziesche, «va a ser imposible sobrevivir».
«Como siempre supimos sobre los capitalistas, estos multimillonarios tecnológicos», dice Ziesche, «están dispuestos a sacrificar a comunidades enteras para obtener ganancias». Peor aún, la derrota mostró la fragilidad de las instituciones democráticas de la ciudad: el pueblo, unido, puede ser derrotado fácilmente cuando no tiene la última palabra.
Las cuadrillas de construcción ya iniciaron las obras de Project Blue. Las protestas continúan, pero todo indica que se trata de una derrota. Sin embargo, Ziesche dice que los socialistas de Tucson están aprendiendo esa lección sobre la implicación de la comunidad en las cuestiones de energía e infraestructura, y avanzando con una nueva campaña que exige energía pública. La lucha contra el centro de datos, dice Ziesche, «realmente amplió la base de gente que cree en la energía pública y, potencialmente, en soluciones socialistas».
Siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de un gran centro de datos de IA en su propia comunidad. De hecho, hay pocos temas que unan más a la ciudadanía de todo el espectro político que este. Incluso entre los republicanos, son más los que dicen que la construcción de nuevos centros de datos es mala que los que la defienden. Sin embargo, la mayoría de los políticos tradicionales, tanto demócratas como republicanos, no están a la altura del momento.
Eso deja a los socialistas, que no están subordinados a grandes donantes con intereses creados en el boom de la IA, en una posición única. Los socialistas democráticos están mejor posicionados que cualquiera de los dos grandes partidos para hacerle frente a la oligarquía, una gangrena estadounidense del siglo XXI que cada lucha contra un centro de datos parece revelar con mayor claridad.
Los centros de datos son una cuestión de clase
Hay buenas razones para la oposición popular a los centros de datos, empezando por la indignación por la codicia corporativa y una sensación de impotencia popular al quedar excluidos de decisiones importantes a nivel local. Políticos tanto republicanos como demócratas son financiados por las grandes tecnológicas, la industria de los combustibles fósiles y los súper ricos, mientras que los socialistas sostienen que estas corporaciones y multimillonarios necesitan salir de la política y que, en el mejor de los casos, ni siquiera deberían existir.
En las primarias recientes, donde los centros de datos se han convertido en un tema, los socialistas democráticos ganaron o estuvieron cerca de hacerlo. En Michigan, donde el estado les ha dado incentivos a los centros de datos para construir, y la energía que demandan se está utilizando para explotar vacíos legales en las leyes estatales de energía limpia y construir nueva infraestructura de combustibles fósiles, Chris Gilmer-Hill, de Detroit, ganó su primaria para la legislatura estatal. Gilmer-Hill es un activista de la justicia ambiental e hizo de los centros de datos un tema central.
Y no fue la única, ya que en un estado donde el tema viene generando furor, otros socialistas y progresistas opositores a los centros de datos ganaron ampliamente, con las victorias en las primarias legislativas de Will Lawrence y Donavan McKinney, sin mencionar al candidato al Senado Abdul El-Sayed. En Denver, la socialista democrática Melat Kiros ganó su primaria legislativa en junio, también con un llamado a una moratoria sobre los centros de datos. Y si bien Francesca Hong no logró imponerse en su reciente primaria a la gobernación de Wisconsin, el tema de los centros de datos sin duda contribuyó a convertirla en una candidata fuerte en lo que terminó siendo una derrota dolorosamente ajustada.
Las razones por las que la gente odia a los centros de datos —y a la IA generativa en su forma actual, extractiva y dirigida por multimillonarios— están profundamente alineadas con la agenda política más amplia de los socialistas democráticos. Sarahana Shrestha, legisladora estatal socialista democrática del Hudson Valley de Nueva York que lucha por una moratoria estatal sobre los nuevos centros de datos, dice que la lucha contra los centros de datos tiene menos que ver con escenarios al estilo Terminator, en los que la IA se vuelve contra nosotros, y mucho más con cuestiones concretas e inmediatas como la accesibilidad económica y la desigualdad. Mientras los neoyorquinos de las zonas rurales luchan con el aumento de los costos de la electricidad y con las amenazas a la red eléctrica, los centros de datos harán subir aún más sus costos energéticos.
Los centros de datos reciben un trato especial ridículo en forma de generosos subsidios impositivos, lo cual ya es en sí mismo implica una amplia cuestión de clase. Además, dice Gilmer-Hill, «incluso si hiciéramos que los centros de datos pagaran su parte justa, con las mismas tarifas que todos los demás, seguiría sin captarse el hecho de que están encareciendo todo para todo el mundo».
Los centros de datos también retrasan la necesaria transición hacia las energías renovables al requerir más combustibles fósiles, agravando así la crisis climática. De hecho, las empresas de combustibles fósiles están utilizando las necesidades energéticas de los centros de datos para justificar el desarrollo de más infraestructura de petróleo y gas (incluso frente al calor récord, las tormentas y la contaminación por incendios forestales vinculados a la crisis climática). En Tucson, por ejemplo, las empresas de servicios públicos alegan que necesitan generación a gas para alimentar estos centros de datos y están impulsando un oleoducto multimillonario.
La gente está «entendiendo que los centros de datos en realidad no están para servirnos», dice Ziesche. Como señala Gilmer-Hill, en el mejor de los casos los centros de datos crean muy pocos empleos, y en el peor, pueden dejar a muchos estadounidenses sin trabajo. Aunque el presidente Donald Trump dijo hace pocos días —con el característico y encantador respeto que siempre muestra hacia sus votantes rurales— que las comunidades que se resisten a los centros de datos estaban eligiendo ser «atrasadas y pobres», la verdad es que los beneficios económicos están enormemente exagerados. Como dice Shrestha sobre las promesas que los multimillonarios tecnológicos les hacen a las comunidades, «no son solo las máquinas las que alucinan».
Luchar contra los centros de datos, salvar la democracia
Más allá de las amenazas específicas que representan los centros de datos, las luchas en su contra en todo el país están abriéndole los ojos a la gente en lo que hace a su falta de poder frente a los deseos de los multimillonarios, es decir, sobre la debilidad de sus instituciones democráticas. «Realmente estamos reconociendo lo importante que es poder tomar esas decisiones nosotros mismos como comunidad», dice Ziesche, «y no que las grandes tecnológicas nos impongan estos proyectos masivos».
Los socialistas democráticos están profundamente comprometidos con la ampliación del control y la propiedad democráticos, lo cual los coloca en una buena posición para interpelar esa indignación y canalizarla hacia soluciones políticas. «Lo que los socialistas defienden son bienes públicos para el público», dice Shrestha, y estas luchas construyen los argumentos a favor de una energía de propiedad y control públicos.
En Tucson, DSA ya tenía en marcha una campaña por la energía pública, pero la derrota del centro de datos la fortaleció enormemente, al poner de relieve la necesidad de que la energía sea controlada por la población de Tucson, tal como ya sucede con el agua. Ahora, dice Ziesche, los socialistas están convirtiendo la lucha contra el centro de datos en un referéndum sobre la empresa de servicios públicos privada. Después de la indignación por Project Blue, dice, «estoy viendo a mucha gente que definitivamente no es socialista apoyar nuestra campaña por la energía pública».
En el estado de Nueva York, DSA y sus funcionarios electos —entre ellos Shrestha y la senadora estatal Kristen Gonzalez— están impulsando una moratoria a nivel estatal sobre la construcción de nuevos centros de datos. Como solución de compromiso, la gobernadora Kathy Hochul emitió una orden ejecutiva que establece una versión diluida, que pausa la nueva construcción durante un año. Los socialistas del estado de Nueva York están más avanzados en la lucha por una energía renovable de propiedad pública, tras haber aprobado la Build Public Renewables Act [Ley de Construcción de Energías Renovables Públicas] en 2023, aunque su implementación sigue siendo una lucha en curso. Pero en el Hudson Valley, como en Tucson, una de las próximas grandes campañas es la de socializar a la empresa eléctrica, tal como ya hacen muchos pequeños pueblos y ciudades de Estados Unidos.
Gonzalez también está trabajando en una legislación para ponerle fin a los subsidios impositivos a los centros de datos. Solo en el condado de Rockland, las agencias estatales y locales han comprometido al menos 321 millones de dólares en subsidios energéticos e impositivos para centros de datos. En una reciente orden ejecutiva, Hochul expresó la intención de trabajar con la legislatura para terminar con esos subsidios. Pero esa intención todavía no se convirtió en ley y, dado su historial en materia climática y su historia de cercanía con los contaminadores, hay motivos de sobra para creer que hará falta una gran lucha para lograrlo. Si no fuera por legisladores socialistas como Gonzalez, poner fin a los subsidios a los centros de datos ni siquiera formaría parte de la conversación política demócrata.
A nivel de base, es raro que los estadounidenses coincidamos en algo con tanto fervor. Al observar las encuestas, así como a los miles de personas de todo el espectro político que colman las reuniones públicas, hablan con sus vecinos y firman petitorios a favor de la energía pública, parece claro que, desde el punto de vista electoral, a los demócratas y republicanos tradicionales les convendría volverse socialistas, al menos en este tema puntual.
Shrestha reflexiona que en Wisconsin, el rival de Francesca Hong, un demócrata que se opuso a una moratoria estatal, ahora podría perder la gobernación ante un republicano. «Incluso desde un punto de vista puramente político», dice, el apoyo demócrata a los centros de datos «parece muy imprudente». Y añade: «Si el Partido Demócrata está mínimamente interesado en luchar contra la crisis climática, en hacer que la democracia funcione y en ganar elecciones, necesita tomar una postura firme contra estos centros de datos».
Pero incluso sin la participación de los demócratas tradicionales, es probable que el movimiento socialista democrático continúe liderando este tema. «La gente común se está dando cuenta de cómo este sistema ha sido manipulado en nuestra contra», dice Gonzalez. Y concluye afirmando: «Si los socialistas logramos ser un modelo de buen gobierno en este tema, creo que podemos demostrar cuán popular es nuestra visión positiva del futuro para la clase trabajadora».
Liza Featherstone: Columnista en Jacobin, periodista freelance y autora de Selling Woman Short: The Landmark Battle for Workers’ Rights at Wal-Mart.
Fuente: https://jacobinlat.com/2026/09/el-socialismo-puede-liderar-la-lucha-contra-los-centros-de-datos/

Nenhum comentário:
Postar um comentário