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El decrecimiento: no hacer, rehacer, deshacer

Do Rebelión, 19 de setembro 2026
Por José María De la Riva : articulo14.es/ 



[Imagen: "el único crecimiento sostenible es el decrecimiento"]

La alternativa del decrecimiento tiene posibilidades de ofrecer un futuro más justo y sostenible.

En España, el grupo n’UNDO, fundado por Verónica Sánchez Carrero y Alejandro del Castillo, lleva reflexionando sobre el decrecimiento desde el año 2011, con una iniciativa que se basa en la re-arquitectura, la sostenibilidad y la intervención desde la resta y la renuncia (la no construcción, la minimización, la reutilización y el desmantelamiento.) Sus iniciativas han sido galardonadas reiteradamente. Recientemente con los premios de Urbanismo Español del CSCAE (Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España) en 2023 y de Accesibilidad en los premios Madrid Impacta, del Ayuntamiento de Madrid, en 2025. La Universidad de Málaga se ha hecho eco con un título propio que permita un mejor conocimiento de esta estrategia para el futuro de las ciudades.

La tesis central del decrecimiento es que una economía, como el capitalismo, basada en el crecimiento permanente del PIB es incompatible con los límites sostenibles del planeta y no garantiza necesariamente mayor bienestar humano. El decrecimiento plantea reorganizar la sociedad para vivir mejor consumiendo menos recursos materiales y energéticos.

1 Reducir la obsesión por el PIB

Es interesante recordar que la Revolución Industrial desarrolló un modelo económico que ha ido haciendo complejas estructuras con una banca más dinámica, unos Estados que se refuerzan restando importancia a las grandes compañías, sobre todo navieras, consecuencia de los procesos de colonización. Además, la sociedad también se ha hecho más diversa, desarrollando una serie de valores relacionados con la economía, que ha supuesto una serie de diferencias entre las personas.

Valores como el poder adquisitivo, Gini, pib, renta per cápita, inflación, etc. Todos ellos de difícil comprensión para la gran mayoría de las personas. El modelo económico ha conseguido llegar a influir, prácticamente, en todos los sectores de la sociedad.

Lo importante es saber que este modelo económico, basado en el crecimiento permanente, no nos permite percibir como progresivamente la desigualdad va condicionando nuestro modelo de relación social. Observamos cómo se consolida la desigualdad y no retrocede la pobreza.

Los teóricos del decrecimiento, como Serge Latouche, Giorgos Kallis o Timothée Parrique, sostienen que el PIB mide actividad económica, pero no bienestar. Y ahí conviene insistir. O cambiamos el modelo o, como se expresa al principio, nuestro planeta no resistirá

Estos teóricos proponen sustituir el crecimiento como objetivo económico y político por indicadores relacionados con, la salud, la educación, la esperanza de vida, la calidad del medioambiente, el tiempo libre, la cohesión social, etc.

Con esta premisa deberíamos preguntarnos: ¿cómo vivimos? En lugar de la que ahora predomina: ¿cuánto crecemos?

2. Trabajar menos para vivir mejor

La reducción de la jornada laboral es una propuesta que va progresando y que hay pequeñas luces que permiten seguir avanzando en la misma. Un argumento determinante es que según aumenta la productividad, en las últimas décadas, la consecuencia evidente son los beneficios de las empresas, especialmente de las grandes corporaciones, pero no se ha traducido en mejores salarios ni en más tiempo disponible para los trabajadores.

Esta propuesta implica la necesidad de una semana laboral de cuatro días, reducir la jornada de trabajo a 30/32 horas, redistribución del empleo, etc. Elementos que permiten un mayor equilibrio de rentas y tiempo. Debemos tener como idea central separar bienestar y consumo.

3. Relocalizar la economía

Si realmente aceptamos el modelo de decrecimiento, no podemos mantener unas cadenas globales de producción tan prolongadas como las existentes actualmente. Por lo que debemos dar mayor relevancia a la producción local, acortar las cadenas de suministro, más importancia de los mercados regionales, cambiar la estructura agraria impulsando la proximidad de la misma, así como proveer de servicios a los espacios rurales con especial relevancia en aquellos con poca población.

Todo esto que pude tener una lectura interesada ligado a la autarquía, pero no se trata de eso, se trata de tener menor dependencia de sistemas globales, que no controlamos, y que sabemos que están indefensos a crisis energéticas, conflictos políticos o pandemias.

El actual modelo tiene tres elementos difíciles de mantener, producir, consumir y desechar. Debemos pensar en una economía circular que permita la reparación de nuestro territorio. Para ello se hace necesario el diseño de productos duraderos, que no tengan programada la obsolescencia, lo que implica que se puedan reparar. Así mismo debemos activar el consumo de productos de segunda mano y proteger el reciclaje.

Todo ello tiene como objetivo prolongar la vida válida de los bienes producidos, consiguiendo adicionalmente reducir la extracción continua de recursos.

4. Menos consumo material, más bienes relacionales

Quizá la propuesta más lógica del decrecimiento sea distinguir entre riqueza material y riqueza humana.

No debemos continuar con un consumo desmesurado, con la obsolescencia programada, con un proceso publicitario que invade nuestra convivencia de forma permanente y con una dependencia de bienes de lujo que tienen un alto impacto ambiental. Es clave tener capacidad de corregir estos comportamientos.

Debemos considerar fundamental plantearnos el aumento de actividad cultural, una mayor proyección de la educación, dar más posibilidades de participar, con gran importancia de los espacios públicos. El aumento de los cuidados forma parte de un proceso vital y de la estructura demográfica que indica el envejecimiento de la población, por lo que los cuidados están en el corazón de esta reducción del consumo material.

5. Ciudades más habitables

La estructura demográfica nos indica que más pronto que tarde, hacia 2050, 2/3 de la población mundial vivirá en grandes ciudades.

Una evidencia contundente es que las grandes ciudades están diseñadas para que la actividad económica sea el centro del interés por encima del bienestar de las personas que en ella residen.

Esta realidad, que está próxima, debe aconsejar desde una óptica urbana pensar en el decrecimiento, a partir del impulso de ciudades de proximidad, como el modelo de la “ciudad de 15 minutos”, tener una menor dependencia del coche, avanzar en la mejora e interconexión del transporte colectivo público, además de un acceso asequible de la vivienda y programar más zonas verdes, con el parámetro del programa “3, 30, 300”.

6. Transición energética con moderación del consumo

Hay muchas opiniones que esperan la energía barata e infinita. También la creencia económica del tecnoptimismo que piensa que la innovación técnica y científica, será la herramienta que puede resolver los grandes problemas de los humanos.

Sin embargo, el decrecimiento piensa que las energías renovables son un elemento necesario pero insuficiente. Es importante saber que tenemos que cambiar energía fósil por renovable.

Hay que añadir un argumento y es que debemos reducir la demanda de energía. Por tanto es necesario reducir el consumo superfluo, producir edificios, residenciales o industriales, con mayor eficiencia, potenciar un menor despilfarro energético y finalmente evitar todo transporte innecesario.

7. Reformar las finanzas y la deuda

Algo que posiblemente pasa desapercibido en el decrecimiento como es el comportamiento del sistema financiero moderno basado en anticipar el crecimiento futuro.

El decrecimiento cuestiona esta lógica porque dicho modelo genera endeudamiento creciente, presiona para que la producción sea mayor y provoca una explotación intensiva de recursos que deteriora el territorio (minas a cielo abierto). Para que no haya un retroceso sin alternativa, hay que pensar en una banca que dependa de las estructuras públicas, incentivar las finanzas locales, desarrollar cooperativas de crédito y, finalmente, las inversiones deben contemplar el bienestar social y la sostenibilidad.

Las críticas al decrecimiento

Evidentemente el decrecimiento tiene muchos obstáculos, pues se piensa que esta propuesta podría reducir la innovación tecnológica, tiene una compleja aplicación desde el punto de vista global. Si no se acierta en su aplicación, puede generar desempleo y por tanto un fuerte conflicto social, pero lo más complejo es su aplicación en los países pobres que creen que saldrán de la pobreza únicamente si siguen creciendo.

Hay autores, como Tim Jackson o Julia Steinberger, que formulan el decrecimiento bajo el nombre de postcrecimiento o decrecimiento sostenible. Steinberger opina que se pueden satisfacer las necesidades humanas básicas reduciendo de forma importante el uso de energía y recursos. Jackson piensa que el capitalismo necesita superar la obsesión por producir más. Otros como Giorgos Kallis y Jason Hickel piensan que lo fundamental es desarrollar el bienestar social dentro de los límites de la sostenibilidad y una justa distribución de los recursos.

En tanto que la narrativa moderna plantea que siempre vamos a tener más crecimiento, más tecnología y más consumo, el decrecimiento se interroga preguntándose, ¿y si el futuro prometido no ha llegado, y puede que no legue, sino que hemos confundido crecimiento con progreso?

Llegados a este punto conviene pensar que la verdadera alternativa no consiste en acelerar hacia un futuro grandioso, sino en ir hacia sociedades más capaces de adaptarse, con dinámicas sobrias y habitables. El decrecimiento no plantea un regreso al pasado, pretende abandonar la idea de que el bienestar humano está ligado a una mayor producción y más consumo.

La modernidad se fundamentó en que mañana será mejor simplemente porque habrá más, promesa que la evidencia ha ido debilitando y que la alternativa del decrecimiento tiene posibilidades de ofrecer un futuro más justo y sostenible.

Fuente: https://www.articulo14.es/opinion/el-decrecimiento-no-hacer-rehacer-deshacer-20260918.html

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