Do Rebelión, 8 de agosto 2026
Por: CADTM
Por: CADTM
1. Nosotras y nosotros, delegadas y delegados de la 8.ª Asamblea Mundial del CADTM —Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas—, procedentes de África, Asia, América Latina y el Caribe, Oriente Medio, Europa y América del Norte, reunidas y reunidos en Cotonú, Benín, del 31 de julio al 3 de agosto de 2026, reafirmamos nuestra lucha común contra la deuda ilegítima, mecanismo que transfiere la riqueza creada por los trabajadores y trabajadoras, los campesinos y campesinas y las clases populares en beneficio de los acreedores, los capitalistas y las clases dominantes, tanto del Sur como del Norte. Estamos decididos a continuar nuestra lucha contra el sistema capitalista que destruye la naturaleza, genera, exacerba y mantiene la explotación, las desigualdades y la opresión en todo el planeta, y que perpetúa y refuerza el patriarcado, el racismo, el sistema de castas, el comunitarismo, la xenofobia, el ultranacionalismo y el fundamentalismo religioso.
2. Declaramos que los pueblos del mundo se enfrentan a una nueva y cada vez más grave crisis de la deuda, provocada no por sus propias decisiones, sino por políticas impuestas por las clases dominantes, especialmente en el Norte, con la complicidad de las élites del Sur, que se aprovechan de sucesivas crisis externas: la pandemia de la Covid-19; la guerra en Ucrania y la escalada de los precios de los alimentos y la energía; las subidas brutales de los tipos de interés decididas por los bancos centrales del Norte a partir de 2022; y, ahora, las repercusiones de la guerra contra Irán y en el estrecho de Ormuz y, más ampliamente, en la región del Golfo, que han disparado los costes de la energía, el transporte de mercancías y los fertilizantes, han destruido medios de subsistencia y han desplazado a trabajadores y trabajadoras en regiones enteras. Los países del Sur se ven obligados a pagar el precio de las crisis generadas en el seno mismo del sistema mundial, mientras que el endeudamiento de los hogares aplasta a las clases populares tanto en el Norte como en el Sur.
3. Denunciamos los mecanismos impuestos por los acreedores y presentados como «soluciones» a esta crisis. Las reestructuraciones llevadas a cabo en el marco del Marco Común del G-20 y de los programas del FMI han protegido mucho más a los acreedores privados y multilaterales que a las poblaciones afectadas. El G-20 ha concedido reducciones irrisorias de la deuda bilateral y se ha limitado a aplazar los vencimientos de los pagos. En consecuencia, los países afectados se han visto obligados a reanudar los reembolsos. Las condiciones neoliberales impuestas, en particular por el FMI y el Banco Mundial, se han reforzado y han provocado un agravamiento dramático de la situación de las economías y de las clases populares.
4. Exigimos la cancelación inmediata e incondicional de todas las deudas ilegítimas, ilegales, odiosas e insostenibles —públicas y privadas, externas e internas—. Hacemos un llamamiento a los gobiernos del Sur para que ejerzan su derecho soberano a suspender unilateralmente el pago de la deuda, a llevar a cabo una auditoría de sus deudas con la plena participación de los movimientos sociales y las masas trabajadoras, y a repudiar las deudas contraídas en contra de los intereses de sus pueblos. Recientes victorias judiciales y constitucionales han demostrado de forma concreta que las deudas ilegítimas pueden identificarse, declararse nulas y anularse. Nos comprometemos a generalizar las auditorías ciudadanas de la deuda y la educación popular que hagan comprensible, para cada trabajador·a, campesino·a, estudiante y habitante de los barrios populares, una arquitectura financiera deliberadamente opaca.
5. Nuestra exigencia de transparencia, auditoría y cancelación se aplica a todos los acreedores sin excepción: prestamistas privados, instituciones multilaterales y prestamistas bilaterales. Rechazamos tanto la propaganda que señala a un único acreedor para eximir de responsabilidad a los demás, como cualquier complacencia hacia potencias cuyos préstamos reproducen la misma lógica que la del resto de prestamistas. Los BRICS y su Nuevo Banco de Desarrollo no constituyen una alternativa para los pueblos: sus gobiernos aplican las mismas recetas neoliberales, mantienen vínculos comerciales y militares cada vez más estrechos con la entidad genocida israelí, y varios de ellos llevan a cabo sus propias políticas imperialistas o subimperialistas. Lo que importa para el CADTM es el ejercicio de la soberanía de los pueblos sobre sus recursos y sus presupuestos.
6. Reiteramos nuestro llamamiento a la abolición de todas las formas de deuda privada ilegítima que se exige a las clases populares: microcréditos abusivos, fintech y préstamos digitales, deuda campesina, deuda estudiantil y deuda de los hogares contraída simplemente para sobrevivir. Presentados como instrumentos de «inclusión financiera» y de emancipación de las mujeres —que constituyen la mayoría de sus víctimas—, estos sistemas de intereses depredadores y de despojo han sumido a cientos de millones de familias en la servidumbre por deudas, en el despojo de sus tierras y han provocado un aumento de los suicidios. La lucha contra el sistema de la deuda es indisociable de la lucha feminista: la austeridad obliga a las mujeres a suplir la carencia de servicios públicos mediante el trabajo no remunerado de educación y cuidados que realizan en el hogar. Las mujeres son explotadas tanto como asalariadas como pequeñas productoras, pequeñas comerciantes, artesanas y en el ámbito de la reproducción social, en el marco de las tareas domésticas cuyo peso recae principalmente sobre ellas. La privatización y la reducción de las subvenciones a los servicios públicos afectan más a las mujeres que a los hombres. Todas las mujeres, sean asalariadas o no, sufren una explotación muy intensa y participan activamente en las luchas por la emancipación. Son las mujeres las que están en primera línea de la resistencia.
7. Declaramos que la catástrofe climática y el sistema de la deuda constituyen ahora un único y mismo mecanismo de despojo. Los países devastados por ciclones, inundaciones, sequías y olas de calor a los que prácticamente no han contribuido se ven obligados a pedir préstamos para su propia reconstrucción a las mismas instituciones cuyo modelo ha generado su vulnerabilidad. Rechazamos la financiación climática en forma de instrumentos generadores de deuda —mercados de carbono, intercambios de «deuda por naturaleza» y «deuda por clima», bonos de resiliencia y mecanismos condicionales— y exigimos que dicha financiación adopte la forma de subvenciones incondicionales y de reparaciones por la deuda ecológica que el Norte industrializado y sus empresas tienen con los pueblos del Sur.
8. Exigimos reparaciones por los crímenes históricos sobre los que se ha construido el orden mundial actual: la colonización, la esclavitud y la trata de esclavos, el genocidio y los desplazamientos forzados. Exigimos la restitución del tributo extorsionado a los pueblos que pagaron rescates por su propia libertad, la cancelación de las deudas heredadas de los regímenes coloniales, del apartheid y dictatoriales, así como la restitución incondicional de los activos soberanos congelados por las potencias imperialistas a modo de castigo colectivo infligido a poblaciones enteras.
9. La asamblea mundial del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM) condena la represión estatal e internacional en Haití, exige el reembolso íntegro de la histórica «deuda de independencia» y rechaza categóricamente cualquier forma de intervención militar o injerencia extranjera. Denunciamos que las bandas criminales que aterrorizan a la población civil han sido instrumentalizadas por los poderes fácticos para fragmentar el tejido social y frenar las movilizaciones populares. Condenamos la persecución oficial de la que son víctimas los sindicatos, las organizaciones campesinas y los colectivos estudiantiles que resisten pacíficamente en las calles. Del mismo modo, rechazamos la crisis humanitaria deliberada, que se produce con la complicidad de las autoridades locales ante la falta estructural de alimentos, atención sanitaria y servicios básicos, lo que agrava el sufrimiento del pueblo haitiano. Exigimos, por tanto, una reparación histórica por la doble deuda: la que Francia contrajo a causa de la extorsión colonial que obligó a Haití a pagar 150 millones de francos, y la reparación por los obstáculos impuestos por los bancos franceses que prestaron dinero a tipos usurarios para que Haití pudiera saldar dicha deuda.
10. Reafirmamos nuestra solidaridad incondicional con el pueblo palestino, víctima del genocidio sionista en curso, que constituye el hecho político central de nuestra época. Exigimos el fin inmediato del genocidio, la ocupación y el ecocidio; el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino; la ruptura de los Acuerdos de Abraham y de todos los acuerdos militares, económicos, universitarios y culturales con Israel; así como un apoyo total a los procedimientos iniciados ante la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional. Denunciamos la agresión israelí contra el Líbano y el ecocidio que se está cometiendo en su territorio. Condenamos la guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, cuyas consecuencias recae sobre las clases populares de todo el mundo.
11. Brindamos nuestro apoyo a las poblaciones del este de la República Democrática del Congo, que desde hace varias décadas sufren el saqueo de sus recursos naturales por parte de grandes empresas privadas y de países como Ruanda, que recurren a la violencia de los grupos armados y de sus propias tropas para alcanzar sus objetivos. Nos solidarizamos con todas las poblaciones locales y, en particular, con las mujeres, que son las primeras víctimas de estas agresiones, ya que la violación se utiliza como arma de guerra y de sometimiento. El número de víctimas se cuenta por millones.
12. También nos solidarizamos con las poblaciones de Sudán y su región, que, tras haberse liberado de una dictadura, sufren desde hace varios años la violencia procedente tanto del ejército oficial como de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos, responsables de numerosas masacres.
13. Denunciamos la injerencia de las grandes potencias y su apoyo a los regímenes dictatoriales, totalitarios, policiales y militares que se extienden a escala mundial, precisamente cuando los pueblos luchan por su emancipación, su dignidad, sus derechos y por la reconstrucción de su soberanía sobre sus recursos y sus territorios. Denunciamos los ataques imperialistas y terroristas contra los países del Sahel.
14. Condenamos la agresión imperialista contra Cuba y exigimos el levantamiento inmediato del bloqueo criminal que estrangula al pueblo cubano desde hace más de seis décadas. Condenamos asimismo la agresión contra Venezuela y el control de sus recursos, así como cualquier acto de agresión imperialista contra la soberanía de los pueblos, sea cual sea su origen. Nos oponemos al bando imperialista liderado por Estados Unidos, y nos oponemos tanto a la invasión rusa de Ucrania como a cualquier guerra librada por las grandes potencias en detrimento de los pueblos.
15. Lanzamos una señal de alarma ante el auge mundial de la extrema derecha y el neofascismo —en las Américas, en Europa, en Asia y más allá—, mediante el cual ciertos sectores del gran capital pretenden aplastar los logros sociales por la fuerza abierta, convertir a las personas migrantes y a las minorías en chivos expiatorios y desmantelar los derechos democráticos. La lucha contra el fascismo, el racismo y toda forma de supremacismo (blanco, cultural, religioso, etc.) es hoy inseparable de la lucha contra el sistema de la deuda y el imperialismo. En este sentido, acogemos con satisfacción la Primera Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos, celebrada en Porto Alegre en marzo de 2026, que reunió a activistas y figuras públicas de unos cuarenta países con el fin de formar un frente mundial común contra el neofascismo y el imperialismo, lo que constituye un paso decisivo en la construcción de la resistencia internacional que exige nuestra época. El CADTM se compromete a integrar esta lucha antifascista y antiimperialista en todas las dimensiones de su acción, y a contribuir activamente a los intentos de crear un espacio internacional lo más amplio posible contra el auge del fascismo y contra las agresiones imperialistas, sea cual sea su origen.
16. Condenamos la escalada de las violaciones de los derechos de las mujeres, de las minorías religiosas, étnicas, lingüísticas y nacionales, de los pueblos indígenas, de los dalits y de las castas oprimidas, así como de todos los grupos marginados y oprimidos en todo el mundo. El apartheid de género, la exclusión de las mujeres de la vida pública, la violencia comunitaria, las violaciones de los derechos a la diversidad, la creación de poblaciones apátridas y «expulsables», el expolio de las comunidades indígenas en beneficio de proyectos extractivistas, así como la persecución de los descendientes de esclavos… no son aberraciones, sino instrumentos mediante los cuales las clases dominantes dividen a las personas explotadas, desvían la ira provocada por el sistema de la deuda y la austeridad hacia chivos expiatorios y disciplinan a la mano de obra de los más oprimidos. Afirmamos que no hay justicia en materia de deuda sin igualdad, dignidad y derechos plenos y completos para las mujeres y para todos los pueblos y comunidades oprimidos, y nos comprometemos a situar sus luchas en el centro de nuestra lucha común.
17. Denunciamos la externalización por parte de los países europeos y de Estados Unidos de sus fronteras hacia terceros países, los campos de detención, las expulsiones masivas y la criminalización de la solidaridad. Lejos de ser deudores, las personas migrantes son acreedoras de este sistema: sus remesas contribuyen al pago de la deuda externa de sus países, mientras que su trabajo genera riqueza de la que se benefician las economías que las explotan y persiguen. Defendemos el derecho de todo ser humano a desplazarse y establecerse, y exigimos reparaciones para los pueblos cuyo desplazamiento ha sido provocado por la guerra, el saqueo, el ajuste estructural y el cambio climático.
18. Condenamos la militarización desenfrenada del planeta: el aumento vertiginoso de los presupuestos militares, el rearme de las potencias imperialistas y sus aliados, así como la economía de guerra que desvía recursos colosales de la sanidad, la educación, la vivienda y la lucha contra el cambio climático, mientras se contraen nuevas deudas para financiar la compra de armas. Exigimos que los presupuestos se reorienten hacia los sectores sociales vitales, dando prioridad a los servicios públicos. Ni un céntimo para la guerra: todo para la vida.
19. Exigimos la derogación de los acuerdos de libre comercio, de inversión y de asociación económica que, al igual que el sistema de la deuda, constituyen instrumentos complementarios de dominación, saqueo y sometimiento de los pueblos de los países del Sur empobrecidos. Mientras que la deuda sirve para imponer políticas neoliberales, programas de ajuste estructural y el desmantelamiento de las protecciones económicas y sociales, estos acuerdos imponen jurídicamente la liberalización del comercio y las inversiones, refuerzan el poder de las multinacionales sobre los recursos, los servicios públicos y los sectores estratégicos, y perpetúan la dependencia económica, alimentaria, tecnológica y financiera. Exigimos la construcción de otro modelo de cooperación económica y comercial basado en la solidaridad entre los pueblos, la complementariedad, la justicia social, la soberanía popular y el respeto de los derechos humanos y del medio ambiente, anteponiendo las necesidades de las poblaciones a los beneficios de las multinacionales.
20. Exigimos la justicia fiscal como alternativa al endeudamiento perpetuo: un sistema tributario fuertemente progresivo sobre el patrimonio, sobre los beneficios de las empresas y del sector financiero, así como sobre las industrias extractivas; la eliminación de los paraísos fiscales; y la recuperación de los flujos financieros ilícitos que cada año privan al Sur de sumas muy superiores a lo que recibe en concepto de la denominada «ayuda». Los gobiernos que pretenden servir a sus pueblos deben hacer que paguen los ricos, en lugar de pedirles préstamos a tipos usurarios y gravar a los pobres a través del IVA.
21. Reivindicamos la soberanía alimentaria y la soberanía de los pueblos sobre sus tierras, su agua, sus pesquerías, sus bosques y sus recursos minerales: la propiedad pública y la gestión democrática de los recursos estratégicos, el derecho vinculante de las comunidades al consentimiento, el fin del acaparamiento de tierras, agua y océanos, y la ruptura con el modelo agroindustrial exportador y extractivista —incluido el extractivismo «verde» de una falsa transición energética que reproduce el saqueo colonial bajo un nuevo nombre—.
22. Aplaudimos la extraordinaria ola de levantamientos populares que ha sacudido el mundo en los últimos años, liderada sobre todo por la juventud y las mujeres —desde los movimientos de masas contra la austeridad, la corrupción y el autoritarismo en varios continentes hasta las inmensas movilizaciones de solidaridad con Palestina—. Estas revueltas han demostrado que ningún régimen es invencible. Su lección es igualmente clara: las revueltas que carecen de instrumentos políticos populares organizados son recuperadas por las mismas fuerzas contra las que se han levantado. Nos comprometemos a integrarnos en estos movimientos y a luchar junto a ellos, con sus formas de resistencia y organización, a luchar por su contenido social y democrático —empleo, salarios, servicios públicos, democracia, condonación de la deuda— y a contribuir a transformar la energía de la revuelta en una organización sostenible.
23. Salimos de Cotonú decididos a reforzar la red internacional del CADTM en todos los continentes: para desarrollar la educación popular sobre la deuda en las lenguas de los pueblos; para apoyar y poner en marcha auditorías ciudadanas de la deuda; para profundizar en la alianza de la lucha contra la deuda con los movimientos feministas, ecologistas, campesinos, sindicales, antifascistas y antiimperialistas; y para avanzar hacia un mundo liberado de la dictadura de la deuda —un mundo de soberanía popular, justicia social, justicia climática e igualdad entre todos los seres humanos—. De acuerdo con la norma moral fundamental de nuestra red, siempre estamos del lado de quienes luchan: estamos del lado de todas las personas explotadas y oprimidas que resisten, en cualquier parte del planeta.
Aprobado por la Octava Asamblea Mundial del CADTM, Cotonú, Benín, agosto de 2026
Fuente: https://www.cadtm.org/Reforcemos-la-lucha-contra-las-deudas-ilegitimas-el-sistema-patriarcal-el
2. Declaramos que los pueblos del mundo se enfrentan a una nueva y cada vez más grave crisis de la deuda, provocada no por sus propias decisiones, sino por políticas impuestas por las clases dominantes, especialmente en el Norte, con la complicidad de las élites del Sur, que se aprovechan de sucesivas crisis externas: la pandemia de la Covid-19; la guerra en Ucrania y la escalada de los precios de los alimentos y la energía; las subidas brutales de los tipos de interés decididas por los bancos centrales del Norte a partir de 2022; y, ahora, las repercusiones de la guerra contra Irán y en el estrecho de Ormuz y, más ampliamente, en la región del Golfo, que han disparado los costes de la energía, el transporte de mercancías y los fertilizantes, han destruido medios de subsistencia y han desplazado a trabajadores y trabajadoras en regiones enteras. Los países del Sur se ven obligados a pagar el precio de las crisis generadas en el seno mismo del sistema mundial, mientras que el endeudamiento de los hogares aplasta a las clases populares tanto en el Norte como en el Sur.
3. Denunciamos los mecanismos impuestos por los acreedores y presentados como «soluciones» a esta crisis. Las reestructuraciones llevadas a cabo en el marco del Marco Común del G-20 y de los programas del FMI han protegido mucho más a los acreedores privados y multilaterales que a las poblaciones afectadas. El G-20 ha concedido reducciones irrisorias de la deuda bilateral y se ha limitado a aplazar los vencimientos de los pagos. En consecuencia, los países afectados se han visto obligados a reanudar los reembolsos. Las condiciones neoliberales impuestas, en particular por el FMI y el Banco Mundial, se han reforzado y han provocado un agravamiento dramático de la situación de las economías y de las clases populares.
4. Exigimos la cancelación inmediata e incondicional de todas las deudas ilegítimas, ilegales, odiosas e insostenibles —públicas y privadas, externas e internas—. Hacemos un llamamiento a los gobiernos del Sur para que ejerzan su derecho soberano a suspender unilateralmente el pago de la deuda, a llevar a cabo una auditoría de sus deudas con la plena participación de los movimientos sociales y las masas trabajadoras, y a repudiar las deudas contraídas en contra de los intereses de sus pueblos. Recientes victorias judiciales y constitucionales han demostrado de forma concreta que las deudas ilegítimas pueden identificarse, declararse nulas y anularse. Nos comprometemos a generalizar las auditorías ciudadanas de la deuda y la educación popular que hagan comprensible, para cada trabajador·a, campesino·a, estudiante y habitante de los barrios populares, una arquitectura financiera deliberadamente opaca.
5. Nuestra exigencia de transparencia, auditoría y cancelación se aplica a todos los acreedores sin excepción: prestamistas privados, instituciones multilaterales y prestamistas bilaterales. Rechazamos tanto la propaganda que señala a un único acreedor para eximir de responsabilidad a los demás, como cualquier complacencia hacia potencias cuyos préstamos reproducen la misma lógica que la del resto de prestamistas. Los BRICS y su Nuevo Banco de Desarrollo no constituyen una alternativa para los pueblos: sus gobiernos aplican las mismas recetas neoliberales, mantienen vínculos comerciales y militares cada vez más estrechos con la entidad genocida israelí, y varios de ellos llevan a cabo sus propias políticas imperialistas o subimperialistas. Lo que importa para el CADTM es el ejercicio de la soberanía de los pueblos sobre sus recursos y sus presupuestos.
6. Reiteramos nuestro llamamiento a la abolición de todas las formas de deuda privada ilegítima que se exige a las clases populares: microcréditos abusivos, fintech y préstamos digitales, deuda campesina, deuda estudiantil y deuda de los hogares contraída simplemente para sobrevivir. Presentados como instrumentos de «inclusión financiera» y de emancipación de las mujeres —que constituyen la mayoría de sus víctimas—, estos sistemas de intereses depredadores y de despojo han sumido a cientos de millones de familias en la servidumbre por deudas, en el despojo de sus tierras y han provocado un aumento de los suicidios. La lucha contra el sistema de la deuda es indisociable de la lucha feminista: la austeridad obliga a las mujeres a suplir la carencia de servicios públicos mediante el trabajo no remunerado de educación y cuidados que realizan en el hogar. Las mujeres son explotadas tanto como asalariadas como pequeñas productoras, pequeñas comerciantes, artesanas y en el ámbito de la reproducción social, en el marco de las tareas domésticas cuyo peso recae principalmente sobre ellas. La privatización y la reducción de las subvenciones a los servicios públicos afectan más a las mujeres que a los hombres. Todas las mujeres, sean asalariadas o no, sufren una explotación muy intensa y participan activamente en las luchas por la emancipación. Son las mujeres las que están en primera línea de la resistencia.
7. Declaramos que la catástrofe climática y el sistema de la deuda constituyen ahora un único y mismo mecanismo de despojo. Los países devastados por ciclones, inundaciones, sequías y olas de calor a los que prácticamente no han contribuido se ven obligados a pedir préstamos para su propia reconstrucción a las mismas instituciones cuyo modelo ha generado su vulnerabilidad. Rechazamos la financiación climática en forma de instrumentos generadores de deuda —mercados de carbono, intercambios de «deuda por naturaleza» y «deuda por clima», bonos de resiliencia y mecanismos condicionales— y exigimos que dicha financiación adopte la forma de subvenciones incondicionales y de reparaciones por la deuda ecológica que el Norte industrializado y sus empresas tienen con los pueblos del Sur.
8. Exigimos reparaciones por los crímenes históricos sobre los que se ha construido el orden mundial actual: la colonización, la esclavitud y la trata de esclavos, el genocidio y los desplazamientos forzados. Exigimos la restitución del tributo extorsionado a los pueblos que pagaron rescates por su propia libertad, la cancelación de las deudas heredadas de los regímenes coloniales, del apartheid y dictatoriales, así como la restitución incondicional de los activos soberanos congelados por las potencias imperialistas a modo de castigo colectivo infligido a poblaciones enteras.
9. La asamblea mundial del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM) condena la represión estatal e internacional en Haití, exige el reembolso íntegro de la histórica «deuda de independencia» y rechaza categóricamente cualquier forma de intervención militar o injerencia extranjera. Denunciamos que las bandas criminales que aterrorizan a la población civil han sido instrumentalizadas por los poderes fácticos para fragmentar el tejido social y frenar las movilizaciones populares. Condenamos la persecución oficial de la que son víctimas los sindicatos, las organizaciones campesinas y los colectivos estudiantiles que resisten pacíficamente en las calles. Del mismo modo, rechazamos la crisis humanitaria deliberada, que se produce con la complicidad de las autoridades locales ante la falta estructural de alimentos, atención sanitaria y servicios básicos, lo que agrava el sufrimiento del pueblo haitiano. Exigimos, por tanto, una reparación histórica por la doble deuda: la que Francia contrajo a causa de la extorsión colonial que obligó a Haití a pagar 150 millones de francos, y la reparación por los obstáculos impuestos por los bancos franceses que prestaron dinero a tipos usurarios para que Haití pudiera saldar dicha deuda.
10. Reafirmamos nuestra solidaridad incondicional con el pueblo palestino, víctima del genocidio sionista en curso, que constituye el hecho político central de nuestra época. Exigimos el fin inmediato del genocidio, la ocupación y el ecocidio; el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino; la ruptura de los Acuerdos de Abraham y de todos los acuerdos militares, económicos, universitarios y culturales con Israel; así como un apoyo total a los procedimientos iniciados ante la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional. Denunciamos la agresión israelí contra el Líbano y el ecocidio que se está cometiendo en su territorio. Condenamos la guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, cuyas consecuencias recae sobre las clases populares de todo el mundo.
11. Brindamos nuestro apoyo a las poblaciones del este de la República Democrática del Congo, que desde hace varias décadas sufren el saqueo de sus recursos naturales por parte de grandes empresas privadas y de países como Ruanda, que recurren a la violencia de los grupos armados y de sus propias tropas para alcanzar sus objetivos. Nos solidarizamos con todas las poblaciones locales y, en particular, con las mujeres, que son las primeras víctimas de estas agresiones, ya que la violación se utiliza como arma de guerra y de sometimiento. El número de víctimas se cuenta por millones.
12. También nos solidarizamos con las poblaciones de Sudán y su región, que, tras haberse liberado de una dictadura, sufren desde hace varios años la violencia procedente tanto del ejército oficial como de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos, responsables de numerosas masacres.
13. Denunciamos la injerencia de las grandes potencias y su apoyo a los regímenes dictatoriales, totalitarios, policiales y militares que se extienden a escala mundial, precisamente cuando los pueblos luchan por su emancipación, su dignidad, sus derechos y por la reconstrucción de su soberanía sobre sus recursos y sus territorios. Denunciamos los ataques imperialistas y terroristas contra los países del Sahel.
14. Condenamos la agresión imperialista contra Cuba y exigimos el levantamiento inmediato del bloqueo criminal que estrangula al pueblo cubano desde hace más de seis décadas. Condenamos asimismo la agresión contra Venezuela y el control de sus recursos, así como cualquier acto de agresión imperialista contra la soberanía de los pueblos, sea cual sea su origen. Nos oponemos al bando imperialista liderado por Estados Unidos, y nos oponemos tanto a la invasión rusa de Ucrania como a cualquier guerra librada por las grandes potencias en detrimento de los pueblos.
15. Lanzamos una señal de alarma ante el auge mundial de la extrema derecha y el neofascismo —en las Américas, en Europa, en Asia y más allá—, mediante el cual ciertos sectores del gran capital pretenden aplastar los logros sociales por la fuerza abierta, convertir a las personas migrantes y a las minorías en chivos expiatorios y desmantelar los derechos democráticos. La lucha contra el fascismo, el racismo y toda forma de supremacismo (blanco, cultural, religioso, etc.) es hoy inseparable de la lucha contra el sistema de la deuda y el imperialismo. En este sentido, acogemos con satisfacción la Primera Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos, celebrada en Porto Alegre en marzo de 2026, que reunió a activistas y figuras públicas de unos cuarenta países con el fin de formar un frente mundial común contra el neofascismo y el imperialismo, lo que constituye un paso decisivo en la construcción de la resistencia internacional que exige nuestra época. El CADTM se compromete a integrar esta lucha antifascista y antiimperialista en todas las dimensiones de su acción, y a contribuir activamente a los intentos de crear un espacio internacional lo más amplio posible contra el auge del fascismo y contra las agresiones imperialistas, sea cual sea su origen.
16. Condenamos la escalada de las violaciones de los derechos de las mujeres, de las minorías religiosas, étnicas, lingüísticas y nacionales, de los pueblos indígenas, de los dalits y de las castas oprimidas, así como de todos los grupos marginados y oprimidos en todo el mundo. El apartheid de género, la exclusión de las mujeres de la vida pública, la violencia comunitaria, las violaciones de los derechos a la diversidad, la creación de poblaciones apátridas y «expulsables», el expolio de las comunidades indígenas en beneficio de proyectos extractivistas, así como la persecución de los descendientes de esclavos… no son aberraciones, sino instrumentos mediante los cuales las clases dominantes dividen a las personas explotadas, desvían la ira provocada por el sistema de la deuda y la austeridad hacia chivos expiatorios y disciplinan a la mano de obra de los más oprimidos. Afirmamos que no hay justicia en materia de deuda sin igualdad, dignidad y derechos plenos y completos para las mujeres y para todos los pueblos y comunidades oprimidos, y nos comprometemos a situar sus luchas en el centro de nuestra lucha común.
17. Denunciamos la externalización por parte de los países europeos y de Estados Unidos de sus fronteras hacia terceros países, los campos de detención, las expulsiones masivas y la criminalización de la solidaridad. Lejos de ser deudores, las personas migrantes son acreedoras de este sistema: sus remesas contribuyen al pago de la deuda externa de sus países, mientras que su trabajo genera riqueza de la que se benefician las economías que las explotan y persiguen. Defendemos el derecho de todo ser humano a desplazarse y establecerse, y exigimos reparaciones para los pueblos cuyo desplazamiento ha sido provocado por la guerra, el saqueo, el ajuste estructural y el cambio climático.
18. Condenamos la militarización desenfrenada del planeta: el aumento vertiginoso de los presupuestos militares, el rearme de las potencias imperialistas y sus aliados, así como la economía de guerra que desvía recursos colosales de la sanidad, la educación, la vivienda y la lucha contra el cambio climático, mientras se contraen nuevas deudas para financiar la compra de armas. Exigimos que los presupuestos se reorienten hacia los sectores sociales vitales, dando prioridad a los servicios públicos. Ni un céntimo para la guerra: todo para la vida.
19. Exigimos la derogación de los acuerdos de libre comercio, de inversión y de asociación económica que, al igual que el sistema de la deuda, constituyen instrumentos complementarios de dominación, saqueo y sometimiento de los pueblos de los países del Sur empobrecidos. Mientras que la deuda sirve para imponer políticas neoliberales, programas de ajuste estructural y el desmantelamiento de las protecciones económicas y sociales, estos acuerdos imponen jurídicamente la liberalización del comercio y las inversiones, refuerzan el poder de las multinacionales sobre los recursos, los servicios públicos y los sectores estratégicos, y perpetúan la dependencia económica, alimentaria, tecnológica y financiera. Exigimos la construcción de otro modelo de cooperación económica y comercial basado en la solidaridad entre los pueblos, la complementariedad, la justicia social, la soberanía popular y el respeto de los derechos humanos y del medio ambiente, anteponiendo las necesidades de las poblaciones a los beneficios de las multinacionales.
20. Exigimos la justicia fiscal como alternativa al endeudamiento perpetuo: un sistema tributario fuertemente progresivo sobre el patrimonio, sobre los beneficios de las empresas y del sector financiero, así como sobre las industrias extractivas; la eliminación de los paraísos fiscales; y la recuperación de los flujos financieros ilícitos que cada año privan al Sur de sumas muy superiores a lo que recibe en concepto de la denominada «ayuda». Los gobiernos que pretenden servir a sus pueblos deben hacer que paguen los ricos, en lugar de pedirles préstamos a tipos usurarios y gravar a los pobres a través del IVA.
21. Reivindicamos la soberanía alimentaria y la soberanía de los pueblos sobre sus tierras, su agua, sus pesquerías, sus bosques y sus recursos minerales: la propiedad pública y la gestión democrática de los recursos estratégicos, el derecho vinculante de las comunidades al consentimiento, el fin del acaparamiento de tierras, agua y océanos, y la ruptura con el modelo agroindustrial exportador y extractivista —incluido el extractivismo «verde» de una falsa transición energética que reproduce el saqueo colonial bajo un nuevo nombre—.
22. Aplaudimos la extraordinaria ola de levantamientos populares que ha sacudido el mundo en los últimos años, liderada sobre todo por la juventud y las mujeres —desde los movimientos de masas contra la austeridad, la corrupción y el autoritarismo en varios continentes hasta las inmensas movilizaciones de solidaridad con Palestina—. Estas revueltas han demostrado que ningún régimen es invencible. Su lección es igualmente clara: las revueltas que carecen de instrumentos políticos populares organizados son recuperadas por las mismas fuerzas contra las que se han levantado. Nos comprometemos a integrarnos en estos movimientos y a luchar junto a ellos, con sus formas de resistencia y organización, a luchar por su contenido social y democrático —empleo, salarios, servicios públicos, democracia, condonación de la deuda— y a contribuir a transformar la energía de la revuelta en una organización sostenible.
23. Salimos de Cotonú decididos a reforzar la red internacional del CADTM en todos los continentes: para desarrollar la educación popular sobre la deuda en las lenguas de los pueblos; para apoyar y poner en marcha auditorías ciudadanas de la deuda; para profundizar en la alianza de la lucha contra la deuda con los movimientos feministas, ecologistas, campesinos, sindicales, antifascistas y antiimperialistas; y para avanzar hacia un mundo liberado de la dictadura de la deuda —un mundo de soberanía popular, justicia social, justicia climática e igualdad entre todos los seres humanos—. De acuerdo con la norma moral fundamental de nuestra red, siempre estamos del lado de quienes luchan: estamos del lado de todas las personas explotadas y oprimidas que resisten, en cualquier parte del planeta.
Aprobado por la Octava Asamblea Mundial del CADTM, Cotonú, Benín, agosto de 2026
Fuente: https://www.cadtm.org/Reforcemos-la-lucha-contra-las-deudas-ilegitimas-el-sistema-patriarcal-el

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