Por Eduardo Robayna: Climática
Un nuevo estudio en ‘The Lancet Planetary Health’ advierte que con un calentamiento de 1,5 ºC el 22% de la población mundial mayor de 60 años se verá sometida a un alto estrés térmico durante al menos un mes al año.
No todos los cuerpos responden al calor con la misma eficiencia que los de una persona adulta joven y sana. Esta semana, una investigación publicada en la revista The Lancet Planetary Health ha revelado que el calor asfixiante será mucho más mortífero y generalizado para la población mayor de 60 años de lo que la comunidad internacional había anticipado.
Liderado por investigadores de la Universidad de Stanford, el estudio se adentra en lo que la medicina denomina «estrés térmico incompensable». Este fenómeno crítico ocurre cuando los mecanismos naturales de refrigeración del cuerpo humano se ven sobrepasados, impidiendo mantener una temperatura interna segura. Aunque la exposición a estas condiciones no implica una muerte súbita inmediata, prolongar esta situación en el tiempo desencadena graves fallos orgánicos que, eventualmente, pueden resultar fatales.
Una vulnerabilidad biológica y estadística ignorada
A medida que envejecemos, nuestra biología pierde capacidad de adaptación frente al entorno. La producción de sudor disminuye, los vasos sanguíneos de la piel pierden agilidad para dilatarse y el rendimiento del corazón se reduce. Estas deficiencias fisiológicas convierten a las personas mayores en un colectivo de riesgo máximo. De hecho, los ensayos clínicos en cámaras climáticas –donde se somete a voluntarios a condiciones extremas controladas– han demostrado que, dependiendo de la humedad ambiental, el umbral en el que un adulto mayor ya no puede estabilizar su temperatura corporal es entre 4,7 y 7,5 ºC más bajo que el de un adulto joven.
El gran error de los modelos predictivos anteriores radicaba, precisamente, en su falta de estratificación por edad. Aplicar los mismos umbrales de tolerancia térmica a toda la población ofrecía una falsa sensación de seguridad. Ahora, con una demografía mundial en la que el segmento de mayores de 60 años va camino de duplicarse hasta rozar los 2.100 millones a mediados de siglo, obviar estas diferencias resulta insostenible, más en un planeta que no deja de calentarse.
Al cruzar la barrera de 1,5 ºC de calentamiento global respecto a los niveles preindustriales –un límite que los climatólogos prevén que superaremos de forma sostenida a partir de 2030–, el 22% de la población mundial mayor de 60 años se verá sometida a este calor incontrolable durante al menos un mes al año. Esto son cerca de 290 millones de personas. Por el contrario, la población de entre 15 y 39 años no se enfrentaría a un nivel de riesgo similar hasta que el planeta alcance los 4 ºC de calentamiento.
Además, este segmento poblacional vulnerable suele convivir con patologías crónicas subyacentes –como enfermedades cardiovasculares o renales– que se descompensan rápidamente ante la deshidratación y el esfuerzo cardíaco extra que exige un ambiente sofocante.
Las zonas cero y la condena de las noches tórridas
El estudio señala regiones críticas donde la combinación de envejecimiento poblacional, temperaturas extremas y alta humedad creará auténticas trampas climáticas. El sur de Asia, África occidental, el este de China, el sudeste asiático y la franja costera del golfo Pérsico se perfilan como los epicentros de esta emergencia sanitaria mundial.
La situación es especialmente dramática en la llanura indogangética, una vasta planicie hiperdensamente poblada que abarca desde Pakistán hasta Bangladés. Bajo escenarios de calentamiento de 3 y 4 ºC, sus habitantes de mayor edad tendrán que soportar un calor constante, tanto de día como de noche, a lo largo de varios meses coincidiendo con la temporada de los monzones. La ausencia de tregua nocturna es un factor de máxima alerta, ya que arrebata al organismo la única ventana de oportunidad metabólica para descansar y recuperarse del castigo térmico acumulado durante las horas de sol.
Efecto dominó: de los hospitales a las cosechas
Las conclusiones del equipo científico, liderado por el investigador Qinqin Kong, trascienden la salud clínica y anticipan un escenario de profunda desestabilización socioeconómica. Las altas temperaturas forzarán cambios drásticos en la cotidianidad, empujando a millones de personas a refugiarse en interiores con aire acondicionado. Esto someterá a una presión inédita a los sistemas eléctricos, aumentando el riesgo de fallos en el suministro justo cuando la energía es más vital.
La amenaza también golpea de lleno a la seguridad alimentaria. En regiones agrícolas clave, las condiciones de calor incompensable harán sencillamente inviable el trabajo manual al aire libre. Ni siquiera los turnos nocturnos ofrecerán el alivio necesario para mantener la producción en las cruciales temporadas de cultivo asiáticas. Todo este cóctel de calor sostenido, pérdida de salud y escasez de recursos actuará, inevitablemente, como un potente motor para el desplazamiento interno y las migraciones climáticas transfronterizas.
Ante estas evidencias, los autores de la investigación subrayan la necesidad urgente de actualizar las políticas de adaptación climática. El número real de personas expuestas a más de 180 horas anuales de calor insostenible podría ser entre dos y ocho veces superior a lo calculado inicialmente. Para hacer frente a esta realidad, los expertos insisten en que no basta con emitir avisos meteorológicos rutinarios, sino que es imperativo replantear el diseño urbano para construir ciudades más resistentes al calor, asegurar la fiabilidad de las redes eléctricas e instaurar sistemas de alerta temprana diseñados específicamente para proteger a la población más vulnerable. Según los investigadores, el objetivo ya no es solo informar sobre las altas temperaturas, sino garantizar que las personas en mayor riesgo dispongan de lugares seguros a los que acudir cuando se superen los umbrales de tolerancia.
Fuente: https://climatica.coop/calor-riesgo-300-millones-personas-mayores-60-anos/

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