Por Ramzy Baroud; Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
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[Foto: tres hermanos palestinos asesinados por el ejército israelí en julio de 2026 (redes sociales, via Al-Jazeera)] |
Palabras como «asesinado», «herido», «mutilado» y similares a menudo pierden parte de su significado cuando se repiten sin cesar. Veamos, por ejemplo, un titular como «Trece palestinos asesinados en Gaza y otros heridos» Aunque muchos de nosotros todavía sentimos una profunda tristeza por esta tragedia, con el tiempo las noticias son menos impactantes.
Según las cifras del Ministerio de Sanidad palestino en Gaza, Israel ha asesinado y herido a un total de más de 250.000 personas desde que en 2023 empezó el genocidio en Gaza. Las cifras se actualizan a diario porque la matanza no se detiene nunca.
El 23 de julio [de 2026] fueron asesinadas seis personas en Gaza; un día antes, fueron asesinadas trece personas y el anterior otras nueve, y así sin parar.
Lo que con el tiempo hace que dejemos de entender lo que suponen verdaderamente estas tragedias es este «y así sin parar». Se trata de personas inocentes que son quemadas vivas en sus tiendas de campaña, bombardeadas en sus coches o asesinadas cuando trata de disfrutar de un breve momento de respiro en la playa.
Entre las nueve personas asesinadas el 21 de julio fue aniquilada en un solo ataque una familia entera, incluidos cuatro niños pequeños. A medida que se multiplican los informes de la cosecha diaria de vidas palestinas en Gaza, con demasiada frecuencia los periodistas dejan de humanizar a estas personas asesinadas.
En una foto que circulaba en las redes sociales se veía a tres de estos niños: un niño que llevaba una camiseta en la que estaba escrito «Santa Monica Beach», su hermana con gafas, vestida con una camiseta rosa y que mostraba orgullosa el certificado de haber aprobado en su escuela, y la hermana pequeña, que posaba dulcemente [véase la foto que encabeza el artículo].
Estos tres niños representan a cada niña o niño palestino asesinado desde que empezó este genocidio. Según cálculos de la ONU y de otros organismos internacionales, más de 21.000 niños y niñas ha sido asesinados en Gaza y decenas de miles más están mutilados o enterrados entre los escombros.
Aunque la rutina diaria de asesinatos hace que la tragedia parezca menos impactante para aquellas personas que meramente escuchan las cifras, es infinitamente más trágica para quienes tiene que soportarla directamente. No hay una sola familia en Gaza que se libre de haber perdido a algún ser querido, lo que provoca que el dolor aumente cada día que pasa.
El sufrimiento colectivo en Gaza no se puede describir con palabras.
Lo que hace que esta tragedia sea todavía más insoportable es que el mundo entero sabe lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Gaza y, sin embargo, no hace nada al respecto. Continuamos registrando las cifras, señalamos la brutalidad de Israel, condenamos el fracaso de las instituciones internacionales y movemos la cabeza desalentados. Sin embargo, el resultado sigue siendo el mismo: aumenta la cantidad de víctimas mortales y cada día se publican nuevas estadísticas para recordarnos la magnitud de la crisis.
Un informe conjunto de la FAO, UNICEFF y el Programa Mundial de Alimentos con fecha del 23 de julio [de 2026] concluía que 1.4 millones de personas en Gaza sufren una inseguridad alimentaria grave. El informe también advertía que se espera más de 74.000 menores de cinco años necesiten el año que vienen un tratamiento urgente para la desnutrición grave.
Este informe se publicó el mismo día que las autoridades sanitarias de Gaza actualizaban la cifra oficial de personas muertas en más de 73.311. Ahora la cifra ya es más alta porque desde entonces se ha asesinado a más personas. Ese mismo día Thameen Al-Kheetan de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) afirmó que «en Gaza no hay ningún lugar que se pueda considerar seguro». Por supuesto, esta afirmación es cierta, pero es también el hecho más conocido del mundo en estos momentos. Nadie lo discute. Y, sin embargo, nadie actúa: Israel sigue bombardeando, el Congreso estadounidense sigue entregando más armas y el resto del mundo continúa contabilizando las personas muertas.
Mientras tanto, Israel (que desde el llamado alto el fuego se ha hecho con el control de todavía más territorio de Gaza) construye ahora unas enormes barreras de tierra a lo largo de unos 23 kilómetros de la Franja.
Aunque desde un principio el plan original de Trump para Gaza nunca fue justo, ni siquiera este plan mencionaba la construcción de fronteras interiores ni el robo de más territorio y tampoco que se iba a concentrar a la población palestina desplazada en diminutos enclaves dentro de un territorio que ya es pequeño. Los planes a largo plazo de Israel son no solo mantener un control militar permanente de Gaza, como han declarado oficiales de alto rango israelíes, sino también prolongar indefinidamente su tormento.
Incluso mientras escribo estas palabras nuevos informes señalan que se acaba de asesinar a otros cuatro palestinos. Es poco probable que esta cifra permanezca tan baja, ya que el ejército israelí rara vez asesina a escala tan pequeña. Pero incluso esas cifras pequeñas significan seres humanos cuyo sufrimiento no se pude cuantificar en estadísticas, resumir en declaraciones oficiales o reducir a titulares estereotipados.
Las personas supervivientes tampoco se aferran a la promesa vacía de que el derecho internacional prevalezca sobre la impunidad respaldada por Estados Unidos. La historia ha hecho escéptico al pueblo palestino. Durante generaciones, masacre tras masacre y tras continuos robos de tierra desde la Nakba de 1948, esperar justicia no ha traído más que promesas vacías y una cantidad cada vez mayor de víctimas mortales.
La única diferencia entre el pasado y el presente es que hoy todos sabemos, vemos y oímos exactamente lo que está ocurriendo en Gaza y en toda Palestina. Lo mínimo que podemos hacer es negarnos a dar la espalda o reducir a cifras el genocidio que se está cometiendo ante nuestros ojos. Si permitimos que ocurra, nos convertimos también en culpables: Israel comete los asesinatos utilizando armas estadounidenses mientras nosotros nos quedamos de brazos cruzados contando los muertos y llevándonos las manos a la cabeza ante lo mal que está el mundo.
Ramzy Baroud es periodista, escritor y director de la web The Palestine Chronicle. Es autor de ocho libros, el último de los cuales es Before the Flood, publicado por Seven Stories Press. Otros de sus libros son Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y The Last Earth. Es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA). Su página web es www.ramzybaroud.net
Texto original: https://www.palestinechronicle.com/genocide-fatigue-why-documenting-the-slaughter-will-not-save-gaza/

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