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La revolución de los centros de datos de IA consume la energía, el agua y los materiales del mundo

Do Rebelión, 01 de julho 2026
Por Gerry McGovernSue Brandford



(Publicado originalmente en inglés en Mongabay. Reproducido con permiso, traducido por Xoán García López y revisado por Manuel Casal Lodeiro.)

Están apareciendo centros de datos por toda América Latina tropical, el sudeste asiático, Indonesia y África. Sin embargo, estas instalaciones suelen ser muy diferentes a las del pasado reciente. Los centros de datos avanzados de hoy en día se construyen para proporcionar capacidad informática de inteligencia artificial (IA) a las grandes empresas tecnológicas como Microsoft, Google y Amazon.

A medida que proliferan los grandes centros de datos de IA, compiten por el agua, la energía y los materiales con comunidades tropicales que ya se encuentran bajo presión. Los gobiernos nacionales suelen acoger con agrado a las grandes empresas tecnológicas y a la IA, ofreciendo exenciones fiscales y otros incentivos para la construcción de complejos de inteligencia artificial, a menudo sin tener en cuenta las necesidades de la comunidad.

Conscientes de que es probable que los combustibles fósiles y las energías renovables, por sí solos, no puedan satisfacer la astronómica demanda energética que plantean los megacentros de datos de IA, las empresas de Internet están reactivando la industria nuclear, antes en declive, a pesar de los problemas insolubles que plantea la gestión de los residuos radiactivos.

Desde el Sur global se afirma que la informática basada en IA (cuyos productores siguen estando principalmente en el Norte global) se está convirtiendo en una nueva forma de colonialismo extractivo. Para algunas comunidades indígenas ha llegado el momento de cuestionar la innovación tecnológica sin límites, con sus elevados costes medioambientales y sociales.

En 2024, el Estado de Querétaro, situado en el centro-norte de México, sufrió la peor sequía de los últimos cien años, afectando a cultivos y comunidades. Diecisiete de los dieciocho municipios del Estado se vieron afectados, lo que puso en peligro el acceso al agua potable de miles de familias, según la CONAGUA, la Comisión Nacional del Agua de México.

Con el agua dulce ya mermada debido al agravamiento del cambio climático, los residentes de Querétaro temen ahora un futuro aún más calamitoso, tras el anuncio de que se planea construir por todo el Estado 32 nuevos centros de datos, las instalaciones físicas necesarias para satisfacer el insaciable deseo de la humanidad por los datos procedentes de Internet.

El 25 de septiembre de 2025 la empresa tecnológica estadounidense CloudHQ anunció planes para invertir 4.800 millones de dólares en la construcción del mayor complejo de centros de datos «a hiperescala» de la historia de México en Querétaro, muy probablemente destinado a la computación en la nube y a la inteligencia artificial. Parece probable que este Estado se convierta en la capital de los centros de datos de México, con un fuerte énfasis en las capacidades de IA.


La ecologista Teresa Roldán Soria (izquierda) está ayudando a los residentes locales en una zona conocida como Los Sabinos, en el municipio de Pedro Escobedo, en Querétaro, México. Aquí se une a la población local para defender un manantial y unos ejemplares centenarios de ahuehuete (Taxodium mucronatum) frente a los proyectos urbanísticos. El ahuehuete, también conocido como ciprés de Moctezuma, es el árbol nacional de México. Foto: Teresa Roldán Soria, julio de 2022.El súbito auge de este tipo de proyectos en Querétaro ha enfurecido a algunos activistas locales, que sostienen que las autoridades tienen unas prioridades equivocadas, anteponiendo las necesidades de gigantes tecnológicos transnacionales como Microsoft y Amazon a las de las comunidades locales. "El agua es lo que necesita la gente, no estas industrias", afirma la activista Teresa Roldán.

Un portavoz del gobierno de Querétaro responde: "Siempre hemos dicho y reiterado que el agua es para el consumo de los ciudadanos, no para la industria". Sin embargo, el portavoz también señala las limitaciones del poder regulador local, afirmando que "ni el Estado ni el municipio pueden [asignar agua] a ninguna industria ni al sector primario. Eso es competencia de la Comisión Nacional del Agua", que se encuentra bajo jurisdicción federal.

Es posible que el crecimiento de los centros de datos en Querétaro no solo suponga una carga para el suministro de agua de la región. Según el Instituto Mexicano de Competitividad, el país se enfrenta a un déficit eléctrico masivo de 48.000 megavatios-hora para 2030, más de la mitad de la producción nacional en 2023. Esa enorme brecha podría agrandarse aún más a medida que las grandes empresas tecnológicas se apresuran a construir allí centros de datos de inteligencia artificial.

En noviembre de 2016, la gente salió a las calles en Dublín, Irlanda, para protestar contra la decisión del Gobierno de permitir que Apple construyera un centro de datos en el condado de Galway. Los manifestantes, miembros del grupo People Before Profit (las personas antes que el beneficio), portaban una pancarta en la que figuraba su propia versión del viejo refrán "Una manzana al día mantiene lejos al médico": "¡Una Apple podrida al día se lleva los árboles!". Foto: Data Center Dynamics.Los vecinos de Esperanza, un pequeño pueblo de Querétaro, ya se han quejado de cortes de electricidad y agua, que, según afirman, se deben a un centro de datos de Microsoft cercano. "Hemos analizado la situación en profundidad y no hemos encontrado indicios de que nuestros centros de datos hayan contribuido a los cortes de electricidad o a la escasez de agua en la región", responde un representante de Microsoft, y añade: "Siempre daremos prioridad a las necesidades básicas de la comunidad".

Es probable que el desarrollo de los centros de datos siga provocando conflictos en los países más pobres (de las 1.244 instalaciones de este tipo más grandes del mundo, casi el 60% ya se encuentra fuera de los Estados Unidos). Los expertos prevén que los conflictos aumenten a medida que el mundo pase rápidamente de los centros de datos de la era anterior a la IA, propios de un pasado reciente, a los centros de datos a hiperescala del futuro de la IA.
Inteligencia Artificial: ¿el paroxismo de los centros de datos?

Los usuarios de Internet, capaces de obtener respuestas inmediatas a cualquier pregunta con solo pulsar unas teclas, han empezado a adoptar masivamente la IA. Otros destacan la transformación que la IA está suponiendo para el sector sanitario, ya que sus algoritmos ahora detectan patrones en imágenes médicas que incluso a las personas más experimentadas en radiología podrían pasárseles [N. del E.: aunque también se están dando casos de falsos positivos y una descapacitación del personal médico a medida que depende más de estas interpretaciones de la IA]. La IA también está aportando beneficios a los científicos medioambientales, ya que sus algoritmos permiten realizar un [mejor] seguimiento de la deforestación, supervisar la calidad del aire y del agua y evaluar los daños causados por desastres naturales.

Sin embargo, este auge de la IA, con su aparente facilidad y comodidad, podría acarrear un impacto medioambiental astronómico.


Un centro de datos propiedad de Amazon Web Services, a la derecha en primer plano, encuentra en construcción junto a la central nuclear de Susquehanna, en Berwick (Pensilvania), en enero de 2025. Foto: Ted Shaffrey/AP.Esto se debe a que los centros de datos tradicionales están siendo sustituidos por una nueva generación de centros de datos preparados para la IA u optimizados para ella, equipados para hacer frente a las intensas exigencias computacionales de las búsquedas y de los gráficos generados por la inteligencia artificial. Estas instalaciones avanzadas requieren una infraestructura especializada para gestionar los elevados requisitos de potencia, velocidad y disipación térmica que exigen las cargas de trabajo de la IA.

Estos requisitos han disparado, asimismo, el consumo de energía, agua y materiales de los centros de datos de IA. Tanto es así, de hecho, que los críticos temen que la implantación de la IA pueda frustrar las esperanzas mundiales de reducir drásticamente las emisiones de carbono, a pesar de que los defensores de la tecnología prometen avances revolucionarios en soluciones climáticas derivadas de la IA.
Consumo energético de la IA

Un centro de datos con capacidad para la IA, gestionado actualmente por Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud, Meta, IBM Cloud y otras empresas, utiliza una tecnología mucho más potente y que consume mucha más energía que sus predecesores anteriores a la era de la IA.

Un centro de datos a hiperescala en la nube pública equipado con IA puede abarcar millones de metros cuadrados, albergar 5.000 servidores o más (lo que supone un incremento considerable con respecto a los utilizados en los centros anteriores a la IA) y contar con kilómetros de cableado. Un solo complejo dedicado a la IA puede ser más grande que un pequeño pueblo.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en las pequeñas localidades de todo el mundo, se prevé que la IA impulse un aumento del 165 % en la demanda energética de los centros de datos a nivel mundial de aquí a 2030, según Goldman Sachs Research. La demanda de agua, el uso de materiales y los residuos electrónicos (incluidos los PFAS, los químicos perpetuos) también van a aumentar, aunque las previsiones varían considerablemente debido a la falta de transparencia del sector tecnológico.

Por ejemplo, el centro de datos de OpenAI en Abilene (Texas) (el buque insignia de su Proyecto Stargate), ocupa unos 370.000 metros cuadrados y se presenta como el edificio más grande del mundo, hasta que se construya uno aún más grande, claro está. Su central eléctrica de gas natural puede suministrar 360 MW de electricidad, aunque está previsto que esta cifra aumente hasta 2 GW en potencia de cálculo. De repente, está surgiendo una ciudad de tamaño medio en Texas, que requiere una importante infraestructura eléctrica y cantidades ingentes de agua en un Estado azotado por la sequía.

"Hace tan solo cinco años, un centro de datos de entre 20 y 50 MW ya se consideraba grande", explica Shaolei Ren, profesor asociado de la Universidad de California en Riverside, a Mongabay. "Hoy en día, eso es pequeño. Ahora estamos viendo cómo se construyen y se planifican centros de datos de IA a escala de gigavatios. Para ponerlo en perspectiva, 1 GW es suficiente, aproximadamente, para abastecer de electricidad a un millón de hogares".

Se prevé que, a nivel mundial, el consumo anual de energía de los centros de datos alcance los 536 teravatios-hora (TW·h) en 2025, lo que supone aproximadamente el 2% del consumo energético mundial. Sin embargo, a medida que crezca el uso de la IA generativa, que consume gran cantidad de energía, el consumo mundial de electricidad podría duplicarse hasta alcanzar los 1.065 TW·h en 2030, y gran parte de esa demanda se concentrará en los países en desarrollo.

La Agencia Internacional de la Energía afirma que, para finales de 2035, las energías renovables proporcionarán el 60% de la energía que necesitan los centros de datos, pero esta afirmación parece muy cuestionable. Según el último informe de la propia AIE, a principios de este año los combustibles fósiles seguían aportando casi el 60% de la energía total de los centros de datos, mientras que las energías renovables cubrían el 27% de la demanda y la energía nuclear el 15% restante. Ante el aumento del consumo de gas, petróleo y carbón por parte de los centros de datos, a los críticos les preocupa que la rápida expansión de los centros de datos dedicados a la IA pueda prolongar el uso de los combustibles fósiles.


Una de las entradas al complejo del centro de datos de inteligencia artificial Stargate en Abilene, Texas, en septiembre de 2025. Foto: Matt O’Brien/AP."Google y Microsoft se preguntan ahora si podrán cumplir sus propios objetivos climáticos y energéticos, mientras que Amazon y Meta están llevando a cabo iniciativas que les permitan seguir quemando combustibles fósiles al tiempo que afirman ser 100% renovables", según un comunicado conjunto de la sociedad civil con motivo de la Cumbre de Acción sobre la IA. Y continúa: "Si no se aborda el aumento de la demanda energética de la IA y su contribución a la crisis climática, la promesa de la IA como solución climática no es más que pura ficción".

El aumento de la demanda energética de la IA está incluso devolviendo el protagonismo al carbón, ya que los nuevos centros de datos de Google y Meta están prolongando la vida útil de las centrales de carbón. En 2025, Google elogió a la administración Trump cuando esta describió el carbón como "increíblemente limpio". En julio del mismo año, Google, al constatar un aumento de casi el 50% en las emisiones de CO₂ desde 2019, intentó eliminar discretamente su compromiso de cero emisiones netas de su página web sobre sostenibilidad, según denunció el medio canadiense National Observer. Por su parte, el cofundador de Microsoft, Bill Gates, ha cambiado su opinión anterior de que el cambio climático supone una amenaza existencial, al tiempo que sostiene que las futuras soluciones climáticas basadas en la IA compensarán el enorme consumo energético de los centros de datos.
Consumo de agua por parte de la IA

Las instalaciones de IA actuales son almacenes extensos, de techos bajos y sin ventanas, abarrotados de cientos de miles de aceleradores y servidores de Nvidia, apilados en armarios y bastidores de servidores para minimizar la latencia y, por lo tanto, maximizar la eficiencia de procesamiento.

Antes de la década de 2020, un bastidor de servidores estándar podía consumir unos 5.000 vatios Para el año 2025, los bastidores de servidores de IA podrían llegar a consumir 50.000 vatios o más. Toda esta potencia tiene una razón de ser: alcanzar una capacidad de procesamiento mucho mayor que la de los servidores tradicionales, y resulta especialmente necesaria para los vídeos generados por IA, en los que, a medida que la duración del vídeo se duplica, la demanda de procesamiento se cuadruplica.

Toda esta computación genera enormes cantidades de calor, que debe expulsarse de estos espacios extremadamente reducidos para evitar el sobrecalentamiento y los incendios. En los centros de datos anteriores a la era de la IA se solía utilizar aire para la refrigeración. Sin embargo, el agua y otros líquidos son mucho mejores conductores del calor, por lo que los líquidos se están convirtiendo en la forma más viable y rentable de disipar el calor de los servidores de IA.

Por eso la IA tiene una sed tan insaciable. En un mundo que se enfrenta a una crisis de agua dulce, los centros de datos de IA podrían llegar a necesitar hasta 6,4 billones de litros al año para 2027, lo que equivale a casi 2,8 millones de piscinas olímpicas, entre 4 y 6 veces el consumo total anual de agua de Dinamarca. La llegada de la IA "supone un cambio fundamental en los patrones de consumo de agua de los centros de datos", escribe Dashveenjit Kaur en Cloud Computing.


Los agricultores luchan por mantener sus granjas en Querétaro, zona de México periódicamente asolada por sequías agravadas por el cambio climático. El Estado está en vías de convertirse en el centro neurálgico de los centros de datos de México. Foto: Marittza Navarro, publicada originalmente por Agencia Quadratín en 2023.El consumo masivo de agua puede convertirse en un problema de grandes proporciones cuando los centros de datos de IA se ubican en zonas áridas. Pero eso suele ser lo habitual: en 2023, Microsoft reconoció que el 42% del agua de sus centros de datos procedía de "zonas con estrés hídrico", mientras que Google afirmaba que el 15% de su consumo de agua se producía en zonas con "alta escasez de agua".

Aun así, las grandes empresas tecnológicas siguen ubicando sus centros de datos en zonas áridas, y tienen sus motivos. Las instalaciones deben estar situadas en regiones con baja humedad para evitar el riesgo de corrosión de los metales. Esa es una de las razones por las que los centros de datos de Querétaro ofrecen una ubicación ideal, además de su proximidad a los consumidores de datos de Internet de Estados Unidos.

Consumo de materiales por parte de la IA

La construcción de infraestructuras para la IA conlleva una intensa demanda de materiales, entre los que se incluyen kilómetros y kilómetros de tuberías, lo que está provocando un aumento de la demanda de metales como el cobre, un metal extraído de minas con un historial medioambiental notoriamente negativo.

Sin embargo, conseguir todo ese cobre para la IA y al tiempo satisfacer el resto de la demanda mundial de este metal, podría suponer un problema. Es posible que sea necesario extraer tanto cobre en los próximos 25 años como el que se ha extraído en toda la historia anterior para poder satisfacer toda la demanda.

La IA también está provocando un aumento de los residuos electrónicos, el flujo de residuos de más rápido crecimiento y uno de los más tóxicos del mundo. Se prevé que los servidores de IA tengan una vida útil media de unos pocos años antes de convertirse en residuos electrónicos. A nivel mundial, menos del 25% de todos los residuos electrónicos se recogen y reciclan adecuadamente, según la ONU.

Y dado que cada chip informático de IA contiene más de un centenar de capas microscópicas (las cuales contienen metales pesados como plomo, mercurio y arsénico, así como sustancias químicas peligrosas como los retardantes de llama), actualmente no resulta rentable reciclar los chips cuando se desgastan o quedan obsoletos al cabo de entre tres y cinco años. El sector ha propuesto soluciones, pero no existen datos globales específicos sobre el reciclaje de residuos en los centros de datos.

Los centros de datos, como este de Google en Georgia, consumen enormes cantidades de energía y requieren actualizaciones periódicas del hardware. Los servidores necesitan una refrigeración constante para proteger los datos. El funcionamiento y el consumo energético son, en gran medida, opacos para el público. Foto: Google.Para hacer frente a los picos impredecibles de demanda energética, muchos centros de datos están instalando actualmente generadores de reserva de diésel, lo que contribuye al cambio climático y contamina el aire y los pulmones de la población local. Además, al agua que se utiliza para refrigerar los ordenadores de la IA hay que añadirle compuestos que contienen bromo para eliminar bacterias y algas, lo que supone un riesgo de contaminación del agua, compuestos que pueden ser cancerígenos.

Además de las preocupaciones en materia de salud pública, las tarifas eléctricas para los consumidores particulares están aumentando considerablemente, ya que los centros de datos repercuten sus costes operativos en la población. Forbes informa de que "los hogares estadounidenses han visto cómo sus facturas de electricidad han aumentado un 30% desde 2021... En el centro de estas subidas de precios se encuentra la revolución de la IA". El Sur global puede esperar sufrir el mismo tipo de repercusiones a medida que vayan surgiendo allí centros de datos.

La construcción del centro de datos IA tropical

El sector de las grandes empresas tecnológicas es tan poderoso y rentable que los gobiernos, tanto del Norte como del Sur global, han realizado esfuerzos en su mayoría insuficientes para regular el crecimiento de los centros de datos, cuyas instalaciones suelen ubicarse en regiones que carecen de la riqueza, la infraestructura, los mecanismos legales y los recursos necesarios para respaldarlas de forma sostenible. La mayoría de los gobiernos apuestan por la IA, ya que, en una época de crecimiento económico anémico, la IA se ha convertido en un motor de impulso del PIB.

Querétaro no es el único lugar tropical cuyo suministro de energía y agua se ve amenazado por este enfoque económico a corto plazo. La consultora de TI Gartner estima que se destinarán 475.000 millones de dólares a centros de datos este año, lo que supone un aumento del 42% con respecto a 2024. E incluso este gasto podría no ser suficiente para seguir el ritmo de la expansión mundial. McKinsey prevé una inversión de 5,2 billones de dólares en centros de datos para 2030, destinada en gran parte a financiar instalaciones de computación para la IA.

A corto plazo, América Latina se encuentra en una buena posición para satisfacer las necesidades de los centros de datos, a pesar de las limitaciones energéticas e hídricas. Sin embargo, según Callaway Climate Insights, la demanda energética de la IA "podría paralizar la red eléctrica de América Latina, ya de por sí debilitada, en los próximos 10 años". México, Costa Rica y Brasil se encuentran en la vía rápida del desarrollo de centros de datos, mientras que los planes de construcción en Chile y Uruguay se han topado con protestas de la comunidad y litigios.


Este centro de datos MDXi, situado en la ciudad de Lekki, en el Estado nigeriano de Lagos, es propiedad de MainOne, que forma parte de Equinix, una multinacional estadounidense líder en el sector mundial de los centros de datos. En 2025 contaba con 260 centros de datos en 33 países repartidos por los cinco continentes. Foto: datacenterlocations.El crecimiento se está disparando en Asia. Singapur, Malasia, India e Indonesia se han convertido en destinos clave para los centros de datos de IA (aunque en septiembre pasado Malasia pasó a ralentizar su desarrollo debido a la presión sobre la red energética y los recursos hídricos del país). Tailandia y Vietnam también se están sumando a la carrera por los centros de datos. La construcción de centros de datos de IA en África también se está acelerando, especialmente en Sudáfrica, Nigeria, Uganda, Kenia y Argelia.

Según ABI Research, habrá 6.111 centros de datos públicos en todo el mundo a finales de 2025, de los cuales 567 se considerarán centros de hiperescala. Esa cifra total podría dispararse hasta alcanzar los 8.378 centros de datos públicos en 2030. ABI señala que "el uso de la inteligencia artificial (IA) es un catalizador clave para la expansión de los centros de datos", ya que los centros de datos de gran tamaño y megacentros pasarán de representar el 28% del total de instalaciones en 2025 al 43% en 2030.

La fiebre por la energía nuclear

Temiendo que la escasez energética frene su crecimiento, las grandes empresas tecnológicas están recurriendo al sector de la energía nuclear, que parecía moribunda, en busca de soluciones energéticas para la IA.

"La minería de uranio está resurgiendo, porque se supone que es con lo que se van a alimentar los centros de datos de IA", explica a Mongabay la buriata Galina Angarova, directora ejecutiva de SIRGE, la Coalición para la Defensa de los Derechos de los Pueblos Indígenas en la Economía Verde. "La IA es insaciable y parece que la única forma de alimentarla con rapidez es construir más reactores nucleares", añade.

Esto suscita cuestiones normativas, ya que es probable que gran parte del desarrollo nuclear destinado a la IA no corra a cargo del Estado, sino que esté en manos privadas. La primera instalación privada de Estados Unidos dedicada al enriquecimiento de uranio se construirá en Kentucky. Peter Thiel, uno de los principales artífices de las grandes empresas tecnológicas, es uno de los inversores de este proyecto. Sin embargo, sobre los esfuerzos en materia de energía nuclear se cierne el espectro persistente de los accidentes radiactivos y los residuos.

Hasta hace poco, el riesgo de catástrofes nucleares, como el accidente de Three Mile Island de 1979, disuadía a los inversores. Sin embargo, Ren, de la Universidad de California en Riverside, en declaraciones a Mongabay explica: "Aunque ninguna tecnología está totalmente exenta de riesgos, la seguridad nuclear ha avanzado considerablemente en las últimas décadas, lo que hace muy improbable que se repita un accidente como el de Three Mile Island".

Una mejora, según sus defensores, consistiría en equipar cada gran centro de datos de IA con un reactor nuclear modular, que se afirma que son más seguros. Sin embargo, Edwin Lyman, experto en tecnología nuclear, advierte de que estos reactores no se han sometido a pruebas suficientes, y que los beneficios que se atribuyen al progreso tecnológico podrían ir acompañados de costes medioambientales y sociales ocultos. "Lo avanzado no siempre es mejor", advierte. Así por ejemplo, un estudio reveló que los reactores modulares aumentarán considerablemente los residuos nucleares, para los que actualmente no existe ningún método de eliminación seguro.

A pesar de estas preocupaciones, la vuelta a la energía nuclear, impulsada en parte por las necesidades de la inteligencia artificial, ya ha comenzado en Estados Unidos. Este año se ha reabierto la mina de uranio de Pinyon Plain, en Arizona, situada no muy lejos del Parque Nacional del Gran Cañón, y los camiones cargados de uranio vuelven a circular por las tierras de los indígenas navajos.

Hay más de 500 minas de uranio abandonadas en la región, que en 1979 sufrió el mayor vertido radiactivo en territorio estadounidense cuando se rompió una presa en la planta de procesamiento de uranio de Church Rock, poniendo en peligro una fuente de agua vital para la Nación Navajo. El accidente contaminó el río Puerco con más de 350 millones de litros de residuos radiactivos.


Entre 1944 y 1986 se extrajeron cerca de 30 millones de toneladas de mineral de uranio de las tierras navajas. Entre los posibles efectos sobre la salud derivados del proyecto minero se incluyen el cáncer de pulmón y de huesos, así como la alteración de la función renal por el consumo de agua contaminada. Médicos en prácticas navajos han estado colaborando con la Agencia de Protección Medioambiental de los Estados Unidos (EPA) para evaluar la contaminación persistente. Foto: EPA, marzo de 2016.La reapertura de la mina de Pinyon Plain ha tocado la fibra sensible de los navajos debido al problemático legado medioambiental que dejó el vertido, además de los riesgos para la salud que plantean otros vertederos de residuos nucleares abandonados de la zona. Las familias siguen relacionando los problemas de salud actuales con el desastre minero: altas tasas de enfermedades renales, cáncer y trastornos reproductivos.


Los manifestantes expresan su oposición a la extracción de uranio en la mina de Pinyon Plain, el 4 de agosto de 2024. A pesar de las preocupaciones de la Nación Navajo, esta mina, antes conocida como Canyon Mine, está siendo reabierta en un momento en que Estados Unidos vuelve a apostar por el desarrollo de la energía nuclear, en parte para abastecer al auge de los centros de datos de IA impulsado por la administración Trump. Foto: Blake McCord a través de Grand Canyon Trust.El activista, escritor y artista navajo Klee Benally, fallecido en 2023 a los 48 años, escribió sobre las repercusiones de la minería de uranio en su infancia en sus memorias, No Spiritual Surrender. Cuando sus tíos, que trabajaban en la mina, llegaban a su casa, no era motivo de celebración, explica: "A veces nos llevábamos un susto cuando los hermanos de mi padre se pasaban por casa por la tarde. [...] Mi madre les gritaba que se mantuvieran alejados por el polvo blanco que tenían en la ropa". Más tarde supe que se trataba de polvo de uranio procedente de su trabajo en la cercana mina de Canyon [ahora Pinyon Plain].

En mayo de 2025, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, promulgó una orden ejecutiva "para poner en marcha un programa destinado a mejorar la competitividad global de las empresas nucleares estadounidenses [...] con el fin de suministrar energía y gestionar instalaciones de defensa críticas e infraestructura informática para capacidades de inteligencia artificial".

¿Colonialismo de datos en la IA?

Un lugar que ya está sintiendo las presiones simultáneas del crecimiento de los centros de datos y la intensificación del calentamiento global es Silicon Valley en California, asolado por la sequía, donde las temperaturas en verano superan ahora habitualmente los 37,8 °C (100 °F) y donde los complejos de centros de datos de IA consumen una parte cada vez mayor de unos recursos hídricos cada vez más escasos.

En respuesta a ello, Silicon Valley parece estar recurriendo a una solución del pasado: la externalización, tal y como hizo con la producción de semiconductores, altamente contaminante, en la década de 1970. En aquel entonces, tras haber convertido el valle en el principal vertedero de residuos tóxicos del país, las grandes empresas tecnológicas trasladaron su producción de semiconductores a países con normativas medioambientales menos restrictivas, especialmente en el Sur global. En la actualidad, están instalando numerosos centros de datos de inteligencia artificial en las zonas tropicales.

Según los críticos, este tipo de explotación por parte de las grandes empresas tecnológicas parece evocar formas más antiguas de colonialismo extractivo, como las que se observaban en las plantaciones de tabaco, algodón, café y azúcar que en su día satisfacían los gustos y las adicciones del Norte global. Según numerosos estudios sociológicos, Europa explotó durante siglos a los pueblos y los recursos del Sur global como una externalidad necesaria del capitalismo: una fuente de mano de obra barata, tierras y materias primas, y un lugar donde verter residuos.

Hace cuatro siglos, el escritor inglés John Evelyn describía en su diario la deforestación provocada por el auge del capitalismo en su Inglaterra natal. Según cuenta Carolyn Merchant en su libro La muerte de la naturaleza, Evelyn recomendaba: "el traslado de la mayoría de las fundiciones de hierro a Nueva Inglaterra, para evitar que 'arruinaran la Vieja Inglaterra'". Así, "[l]a conservación en el país se lograría, por tanto, a costa de la expansión de las fronteras en el extranjero".

Hoy en día, son las grandes empresas tecnológicas las que parecen estar exportando los daños medioambientales, no solo al Sur global, sino también a las tierras indígenas. En Canadá, la Nación Cree de Sturgeon Lake denuncia que se enteró por primera vez a través de las redes sociales de la planificación de un centro de datos de inteligencia artificial en sus tierras. "Parece que todo se había planificado mucho antes de que nosotros entrásemos en escena, y que luego nos han tenido en cuenta a última hora", afirma el jefe Sheldon Sunshine.

El jefe de la Nación Cree de Sturgeon Lake, Sheldon Sunshine, afirma que no se consultó a su comunidad indígena antes de que se anunciaran los planes para construir el centro de datos de inteligencia artificial "más grande del mundo" en su territorio tradicional. Señala: "Nuestro pueblo tiene zonas de caza en esta zona; dependemos del agua del río Smoky; y es una de las pocas zonas accesibles para llevar a cabo nuestro modo de vida, que se ha visto sistemáticamente mermado por los efectos acumulativos sin paliar derivados de las autorizaciones del gobierno provincial para el desarrollo industrial en nuestro territorio". Foto: Alberta Native News.El sector tecnológico sigue cortejando a los gobiernos del Norte global (incluido el de Estados Unidos) junto con los responsables políticos del Sur global, instándoles a que reconozcan los centros de datos como infraestructuras críticas que requieren incentivos fiscales y una tramitación acelerada que eluda la normativa climática y otras regulaciones medioambientales.

Laís Martins, periodista de The Intercept Brasil, un sitio web de periodismo de investigación, declara a Mongabay que "el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil ha quedado completamente al margen de los debates" sobre la política del país en materia de centros de datos bajo el mandato del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. "Se celebraron más de 80 reuniones en Brasilia sobre este tema, pero el Ministerio de Medio Ambiente no estuvo presente en ninguna de ellas", afirma.

La IA se enfrenta a los límites del crecimiento

Las grandes empresas tecnológicas han logrado forjar una especie de alianza entre el desarrollo de centros de datos y algunos defensores de las [llamadas] energías renovables. En un principio, uno de los argumentos clave a favor del uso de energías renovables en los centros de datos era que las nuevas instalaciones impulsarían la transición para abandonar los combustibles fósiles. Hasta ahora, esta transición no se ha producido: por el contrario, lo que se ha producido es principalmente un aumento de la demanda energética. Carbón, petróleo, gas, energía nuclear, hidroeléctrica, solar, eólica: todas ellas se están aprovechando para saciar el apetito de la IA.

Incluso hay ejemplos de centros de datos que se han establecido deliberadamente cerca de proyectos de energía renovable para consumir la energía antes de que las comunidades puedan acceder a ella. "El noreste de Brasil es un gran productor de energía renovable, principalmente eólica, pero también solar", explica Martins a Mongabay. "El problema es que, aunque la generación de energía renovable es considerable, existe un cuello de botella en la distribución".

Las grandes empresas tecnológicas se presentaron como la solución a ese problema de distribución, con planes para construir centros de datos cerca de nuevas instalaciones eólicas y solares con el fin de consumir la energía sobrante. En consecuencia, la energía que podría llegar a los hogares y a las empresas tradicionales brasileñas se destina ahora a satisfacer la demanda de Internet. "Es [también] importante recordar que [...] las centrales de energía limpia y renovable no están exentas de repercusiones, y ya han afectado gravemente a las comunidades y los biomas del noreste de Brasil", afirma Martins, sin que dichas comunidades se hayan beneficiado de esas fuentes de energía.

Las grandes empresas tecnológicas siguen recibiendo un trato preferente por parte del gobierno y están instalando centros de datos en regiones con escasez de energía y agua, con el fin de conectarse a las redes globales de distribución de datos existentes. Un ejemplo lo encontramos en la ciudad de Caucaia, en el noreste de Brasil, a orillas del océano Atlántico, en el estado de Ceará.


La ciudad de Caucaia, situada en el estado de Ceará, al noreste de Brasil, cuenta con hermosas playas. Pero eso no es lo que atrae a las empresas tecnológicas, que tienen previsto construir aquí un gran centro de datos debido a su ubicación estratégica cerca de los principales cables submarinos internacionales de datos, lo que facilita el almacenamiento y el procesamiento de los datos de los clientes del Norte global. Foto: Elissonm. Fuente: Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).A pesar de estar cerca del mar, Caucaia sufre emergencias por sequía de forma habitual, pero las empresas tecnológicas decidieron construir allí de todos modos. El motivo: Caucaia está estratégicamente situada cerca de los principales cables submarinos internacionales de datos, lo que facilita el procesamiento de las solicitudes de datos de los clientes del Norte global.

El Gobierno brasileño facilitó este proceso de selección de emplazamientos. "La información de la que disponemos sobre la política nacional en materia de centros de datos refuerza, sin duda, la idea del colonialismo de datos", afirma Martins, refiriéndose a lugares como Caucaia. "Esta política no beneficia al sector tecnológico nacional [de Brasil], ni contribuye a impulsar la agenda de soberanía digital de Brasil, que permitiría reducir nuestra dependencia de las grandes empresas tecnológicas. Estamos cediendo nuestros recursos naturales (agua, tierra y energía) y nuestros recursos financieros, en forma de exenciones fiscales, a empresas tecnológicas extranjeras. Esto no hace más que perpetuar un legado colonial de extractivismo de recursos", añade.

Irónicamente, según señalan los críticos, los cables submarinos de datos de Internet suelen seguir las mismas rutas comerciales que los barcos negreros que surcaban los océanos siglos atrás.

Bryan Bixcul pertenece al pueblo indígena tz’utujil, uno de los 22 grupos étnicos mayas que habitan en Guatemala. Es miembro del Grupo Asesor Indígena de la Iniciativa sobre Bancos y Biodiversidad, una organización cuyo objetivo es exigir a los bancos que rindan cuentas por su impacto en la biodiversidad y los ecosistemas críticos. Bixcul tiene un interés especial en explorar mecanismos para defender los derechos de los pueblos indígenas, especialmente en el contexto de las industrias extractivas. Recientemente declaró: "A medida que los países reconfiguran sus economías, sus sistemas energéticos y sus infraestructuras de movilidad, una nueva ola de extractivismo impulsada por la demanda de minerales esenciales para la transición como el litio, el cobre, el cobalto y el níquel, así como por los proyectos de energía renovable a gran escala, está invadiendo cada vez más las tierras de los pueblos indígenas sin su consentimiento. Esto pone en peligro no solo los derechos, los medios de subsistencia y las culturas de los pueblos indígenas, sino también la integridad de los ecosistemas que han protegido desde tiempos inmemoriales". Foto: IISD.Las organizaciones indígenas han empezado a preguntarse cuánto tiempo podrá prolongarse esta espiral de desarrollo tecnológico y demanda de recursos. "Tenemos que hablar seriamente de cuál es el nivel adecuado de progreso tecnológico", explica Bryan Bixcul, coordinador global de la Coalición SIRGE, a Mongabay, y luego decir "basta" antes de que se agoten todos los recursos del mundo.

Bixcul, un hombre indígena maya perteneciente al pueblo tz’utujil de Guatemala, afirma que ha oído hablar mucho de cómo la inteligencia artificial salvará el clima, siempre y cuando actuemos con la suficiente rapidez para adoptarla. "Hemos visto esto una y otra vez a lo largo de la historia", explica a Mongabay, "y sabemos que no es más que el mismo sistema extractivo de siempre".

Pandurinho.

Referencias

Krall, L. M., Macfarlane, A. M. y Ewing, R. C. (2022). "Nuclear waste from small modular reactors". PNAS. doi:10.1073/pnas.2111833119
Al Kez, D., Foley, A. M., Hasan Wong, F. W., Dolfi, A. y Srinivasan, G. (2025). "AI-driven cooling technologies for high-performance data centres: State-of-the-art review and future directions". Sustainable Energy Technologies and Assessments, 82, 104511. doi:10.1016/j.seta.2025.104511
Hemphill, T. A. (2024). "US AI data centers and deployment challenges for small modular reactors: Proposed regulatory policy recommendations". Science and Public Policy, 51(5), 999-1003. doi:10.1093/scipol/scae040

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Gerry McGovern
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Escritor y periodista. Su último libro es 99th Day: A Warning About Technology.

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