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Desafíos históricos a las izquierdas latinoamericanas

Do Rebelión, 14 de julho 2026
Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda


El término “izquierda” comenzó a emplearse en América Latina con el surgimiento de los partidos socialistas y comunistas durante las primeras tres décadas del siglo XX. Si bien el más antiguo fue el Partido Socialista Argentino (1896), la Revolución Rusa (1917) fue determinante para la constitución de las agrupaciones marxistas: partidos comunistas en Argentina (1918) y México (1919); Socialista (1910) y luego Comunista (1920) en Uruguay; Socialista (1912) y luego Comunista (1922) en Chile, Brasil (1922), Cuba (1925), Socialista y Comunista en Ecuador (1926 y 1931), Perú (1928); Colombia (1930). La primera causa de diferenciación entre socialistas y comunistas fue la adhesión a la III Internacional (Comintern) fundada por V.I. Lenin en 1919.

Los partidos marxistas pasaron a ser el alma crítica de la época combatiendo gobiernos y dictaduras al servicio de élites y oligarquías dominantes. Fueron portavoces de las reivindicaciones sociales más sentidas como educación, salud, seguridad social y, sobre todo, promovieron los derechos de los trabajadores. Sin embargo, en la mayoría de países no llegaron al poder, de modo que fueron excepcionales la República Socialista (1932) bajo Marmaduke Grove en Chile; el triunfo del “frente popular” también en Chile (1938), cuando el PCCh y el PSCh se aliaron con el Partido Radical y ganaron la presidencia con Pedro Aguirre Cerda (1938-1941); otro frente similar en Costa Rica, cuando el Partido Vanguardia Popular (Comunista) logró una paradójica alianza iniciada con el presidente católico y conservador Rafael Ángel Calderón Guardia (1943) y la iglesia católica, que se extendió hasta 1948 y que logró las reformas sociales más importantes en la historia del país (seguridad social, Código del Trabajo, universidad). En Ecuador, la Revolución del 28 de mayo de 1944 tuvo como protagonistas centrales a socialistas y comunistas unidos en Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE) que respaldó al gobierno del liberal/conservador José María Velasco Ibarra, quien luego los “traicionó”.

Sin duda la Revolución Cubana (1959) fue un acontecimiento tan impactante que inspiró a diversos grupos guerrilleros en América Latina. Sin embargo, en Chile la coalición de izquierdas llamada Unidad Popular optó por la vía pacífica y logró la presidencia con Salvador Allende (1970-1973). Por su lado, las condiciones del dominio de la dinastía Somoza explican el éxito del Frente Sandinista, que tomó el poder en 1979. Pero la Guerra Fría que se levantó en la región desde los 60 bajo el comando de la CIA y los diversos gobiernos de los Estados Unidos, convirtieron a las fuerzas armadas (a través del TIAR) en el instrumento del combate al “comunismo”. Allende fue derrocado por la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet, que se convirtió en el “modelo” de las dictaduras del Cono Sur, cuyos objetivos siguieron con el “Plan Cóndor”, que pretendió liquidar comunistas en todos los países.

El derrumbe del socialismo en la URSS y los países de Europa del Este literalmente desarmó las posibilidades de captación del poder por los partidos marxistas, además de afectar, en forma inédita, a la misma teoría marxista que, hasta entonces, continuaba como referente cultural y hegemonizaba en las ciencias sociales latinoamericanas. La importancia del marxismo y su determinante influencia en la región se ha recuperado con el desarrollo del siglo XXI y el surgimiento de las nuevas izquierdas.

Pero mucho antes las izquierdas marxistas tradicionales se encontraron ante desafíos históricos de otros procesos: el primero fue el surgimiento de los gobiernos “populistas” de Juan Domingo Perón (Argentina), Getúlio Vargas (Brasil) y Lázaro Cárdenas (México), que ejecutaron nacionalizaciones, fortalecieron capacidades estatales, promovieron a las clases medias y trabajadores, condujeron políticas nacionalistas y alcanzaron enorme respaldo popular. El peronismo es una fuerza tanto social como política que mantiene amplio apoyo incluso entre sectores marxistas. Algo parecido sucedió con el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) fundada en 1924 en Perú por Víctor Raúl Haya de la Torre, como movimiento no marxista, pero si antimperialista e “Indoamericano”.

El segundo desafío fue la Revolución Boliviana de 1952, dirigida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), un partido nacionalista, popular y pluriclasista, fundado en 1941. También fue fundamental el apoyo del ala radical y armada del movimiento obrero, así como de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y la participación del trotskista Partido Obrero Revolucionario (POR). Resulta paradójico que la revolución recibiera ayuda financiera y técnica de los EE.UU.

El tercero y nuevo desafío, de carácter contemporáneo, ha sido la “marea rosa” latinoamericana y particularmente algunos procesos específicos que se destacan en el conjunto: Venezuela, con Hugo Chávez (1999-2013), Ecuador con Rafael Correa (2007-2017), Bolivia con Evo Morales (2006-2019), Argentina con Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015), Brasil con Lula da Silva (2003-2011 y 2023/hoy) y Dilma Rousseff (2011-2016), Uruguay con Tabaré Vásquez (2005-2010 y 2015/2020) y José Mujica (2010-2015); y en nuestros días Gustavo Petro en Colombia (2022-2026) y, sobre todo, Claudia Sheinbaum (desde 2024) en México. Durante el primer ciclo, Chávez, Correa y Morales encabezaron el socialismo del siglo XXI, cultivaron el latinoamericanismo bolivariano contrario al monroísmo y ejecutaron políticas destinadas a acabar con la vía neoliberal y encaminar economías sociales para el buen vivir, fortaleciendo capacidades estatales. Lograron reducir la pobreza, controlar los desafueros empresariales y promover servicios públicos que mejoraron la vida para amplios sectores de la población. Al mismo tiempo hubo grandes diferencias en el manejo económico. Posteriormente, Venezuela con Nicolás Maduro (2013-2026) -hoy víctima del intervencionismo norteamericano- y Nicaragua con Daniel Ortega (desde 2007), han generado enormes polémicas entre las mismas izquierdas. Y Cuba, bloqueada por EE.UU. desde hace más de seis décadas -hoy amenazada por El Corolario Trump-, acaba de aprobar 176 reformas económicas y sociales que parecen diseñar un rumbo comparable con el que siguió China a partir de las reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978.

Los desafíos históricos señalados descolocaron las visiones revolucionarias de los sectores y fuerzas marxistas tradicionales. Lo mismo ocurrió en el siglo XXI. En Ecuador, por ejemplo, esos sectores se desligaron del apoyo a Correa, reivindicándose como izquierdas “auténticas y verdaderas”. También en la literatura académica se ha llegado a tildar de simples “socialdemócratas” a varios de los gobiernos que, en realidad, expresaron a las nuevas izquierdas progresistas, que incluso atraen a marxistas, anticapitalistas y sectores medios y populares. Para las derechas latinoamericanas y las élites del poder dominante, todos son regímenes “comunistas”.

En la actualidad el “Humanismo Mexicano” o “Economía Moral” de la “Cuarta Transformación”, primero con Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y actualmente con Claudia Sheinbaum, es el que encabeza las transformaciones progresistas que han roto con una serie de ortodoxias, heterodoxias y dogmas: reforma la institucionalidad pública; no incrementa impuestos sino que los cobra, logrando la redistribución de la riqueza; subordina el mercado a las prioridades sociales; realiza transferencias directas a la población en lugar de subsidios; sube salarios; establece salud universal; se maneja en forma pragmática dentro del tratado comercial con EE.UU. y Canadá. Los resultados lo avalan: desarrollo, crecimiento económico con mayor equidad y menor pobreza.

En consecuencia, las izquierdas (tradicionales o nuevas) están forzadas a declinar dogmas y converger para encontrar vías hacia una sociedad con bienestar presente y no únicamente imaginando un lejano socialismo del futuro. Y comprender que las derechas han lanzado una lucha de clases agresiva y autoritaria en América Latina, con el propósito de liquidar cualquier fuerza o movimiento que intente cuestionar o enfrentar a sus gobiernos.

Blog del autor: https://www.historiaypresente.com/desafios-historicos-a-las-izquierdas-latinoamericanas/


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