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¿Vencerá nuevamente el Pacto Histórico?

Elecciones en Colombia


Do Rebelión, 12 de junho 2026
Por Marcelo Solervicens


Resumen: el 31 de mayo, más de 41 millones de ciudadanos colombianos, concurrieron a las urnas en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Como ningún candidato obtuvo más del 50% de los votos válidos, habrá un balotaje el 21 de junio para definir quién ocupará la Casa de Nariño el 7 de agosto y hasta 2030.

Los electores deben optar entre dos modelos de país. Por un lado está el ultraderechista Abelardo de la Espriella Otero, alias “el tigre”, de los “Defensores de la Patria”, con su programa “Reconstruir la Patria Milagro”, quien ocupó el primer lugar con el 43,74% de los votos. De la Espriella plantea, abandonar el plan de paz, seguir el modelo “Bukele”, reducir el aparato del Estado y aplicar políticas neoliberales. Se presenta como un “outsider”, repitiendo la fórmula Rodolfo Hernández de la derecha colombiana en 2022. Ahora, la ultraderecha unida obtuvo menos votos que en 2022. ¿A diferencia de 2022, conseguirá mantenerlos el 21 de junio?

Por otro lado está el candidato de izquierda, Iván Cepeda Castro, del Movimiento Político Pacto Histórico, cuyo programa, “El Poder de la Verdad”, promete profundizar el proceso de transformaciones iniciado por el gobierno progresista de Gustavo Prieto. En la primera vuelta la izquierda obtuvo mas votos que Petro en 2022. El cambio fundamental en 2026, fue el desplome al 6,9%, de Paloma Valencia, candidata de la ultraderecha uribista. Sus votos fueron absorbidos por el “showmen ultra” Abelardo de la Espriella, sin esperar la segunda vuelta. Y es que, en lugar de ser un fenómeno pasajero, la izquierda colombiana, se consolida, instalando una polarización izquierda/derecha, que termina con la exclusión a que la destinó el pacto entre conservadores y liberales desde mediados del siglo XX.

Ante una feroz campaña en contra de la izquierda, los resultados de las presidenciales en Colombia permanecen inciertos. El resultado será también crucial para una izquierda latinoamericana, que intenta resistir la nueva ofensiva monroísta del presidente estadunidense Donald J. Trump. El 21 de junio, se juega hito importante. ¿Conseguirá la izquierda repetir la victoria de 2022 ?
¿Se repetirán los resultados del balotaje de 2022?

Muchos medios de comunicación colombianos e internacionales, así como en redes sociales, han destacado la “sorpresiva” victoria de Abelardo de la Espriella el 31 de mayo, como la antesala del triunfo de la ultraderecha en el balotaje del próximo presidencial del 21 de junio.

Lo cierto es que un análisis de los resultados de la primera vuelta, a la luz de una contienda entre derecha e izquierda, revela que son muy semejantes a los que llevaron a la victoria del primer gobierno de izquierda de Colombia. Por ello. En ese marco, las perspectivas de la instalación de Iván Cepeda en la Casa de Nariño, dependen de la movilización del Pacto Histórico y los efectos de la feroz campaña de la derecha.

En efecto, no hubo mayor variación en el porcentaje de votos, en la primera vuelta de 2022, de Iván Cepeda (40,9%), comparado con el 40,3% de Gustavo Petro. Ello podría incluso preludiar la reedición de la victoria de 2022; cuando la izquierda ganó por 50,4%, a otro “outsider” de la derecha colombiana, Rodolfo Hernández (47,3%) y 3,3% entre nulos, blancos y no marcados.

Y es que la gran diferencia entre la primera vuelta del 31 de mayo y los resultados de 2022, es que, esta vez, se transfirieron sin esperar el balotaje, los votos de Paloma Valencia, la candidata presidencial del Centro Democrático, la derecha uribista clásica: su votación se desplomó a un 6,9%, siendo absorbidos por el “showmen ultra” Abelardo de la Espriella en la primera vuelta. Una tendencia que ya circulaba en las encuestas, frecuentemente sesgadas por el tipo de universo consultado y por la dificultad en interpretar los efectos de una tradicional alta abstención. Aunque hubo, 2,4 millones de nuevos electores, y un porcentaje mayor de participación (57,8%), que el 54,91% de 2022, más de 17,4 millones de colombianos se abstuvieron.

En el marco de una disputa entre izquierda y ultraderecha, la victoria en la primera vuelta de Abelardo de la Espriella no tiene nada de extraordinario: los votos de la emergente nueva ultraderecha y del declinante uribismo, sumaron 50,66%. Menos aún que el 52,1%, obtenido por una derecha más dividida en 2022, entre el “outsider”, Rodolfo Hernández (28,2%), que también causó sorpresa en 2022, y Federico Gutiérrez (23,9%), apoyado por el uribismo.

Tanto Paloma Valencia como el propio Álvaro Uribe reconocieron filas con vertieron de inmediato su apoyo al “outsider” de la Espriella para derrotar a Iván Cepeda, para que el neocomunismo no continúe. En esa perspectiva, en lugar de una ruptura y la instalación de una nueva derecha, se asiste a una rearticulación de un desgastado uribismo, crecientemente erosionado, entre otros por la condena de Uribe en agosto de 2025. Se trata de un posturibismo que no resucita, sino que muta en ultraderecha neofascista. La cita de Abelardo de la Espriella en un muy difundido artículo de BBC News Mundo lo aclara: «Mi uribismo no está en duda; yo soy más uribista que doña Lina, Jerónimo y Tomás«, en referencia la familia de Álvaro Uribe.
¿Desplome del centro político y consolidación de un eje derecha/ izquierda?

Es así como los resultados de la primera vuelta también reflejaron el desplome del autoproclamado centro político colombiano, que se presenta como defensor de las instituciones. En efecto, pesar de que las encuestas indicaban hace unos meses un mayor apoyo a los candidatos representantes del centro político, como Sergio Fajardo y Claudia López, ellos obtuvieron votaciones testimoniales, mientras que la cohorte de candidatos independientes apenas superó el 1%.

Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquía, que prometió que era su cuarta y última campaña presidencial, sólo obtuvo el 4,3% de los votos. Por su parte, la exalcaldesa de Bogotá (2020-2023) y exsenadora (2014-2018), Claudia López obtuvo apenas 0,97% de los votos. Lo cierto es que los 1,2 millones de votos del centro político, reacio a apoyar Abelardo de la Espriella, pesarán en el balotaje del 21 de junio.

Sergio Fajardo, siempre ha dejado muy en claro que nunca apoyaría a De la Espriella, pero no comprometió su apoyo a Iván Cepeda. Dejó nuevamente, como en 2022,, “en libertad” a sus votantes. Por su parte, Claudia López también ha negado su apoyo a Abelardo de la Espriella, a pesar de que su dupla, Leonardo Huerta decidió apoyarlo. Por su parte, el movimiento “Romper el Sistema” del candidato presidencial Santiago Botero (0,87%) fue más lejos y afirmó que apoyará la candidatura de Iván Cepeda.

Lo cierto es que el Centro político condiciona su apoyo a que Iván Cepeda dé un giro al centro y se distancie del saliente presidente Gustavo Petro. Lo cierto es que en una medida tendiente a contentar sectores del centro político, Gustavo Petro descartó la idea de convocar una Constituyente y ahora el Pacto Histórico plantea la necesidad de un Gran Acuerdo Nacional. Todo indica que el voto por el mal menor será para Iván Cepeda. Las reticencias del centro político en apoyar a Cepeda, pueden aumentar la abstención, por lo que la movilización del electorado de izquierda será transcendental.

Los resultados de la primera vuelta presidencial, también apuntan a la consolidación de una nueva polarización política entre una derecha que busca retornar al pasado, con un nuevo disfraz que algunos califican de neofascismo y una izquierda progresista transformadora con arraigo popular que, a pesar de obstáculos, consiguió como en el caso de México, mejorar las condiciones de vida y mantener una relación dinámica con los movimientos sociales. Tras la muy mentada “polarización”, se asiste a la consolidación de una ruptura emblemática, con las tradicionales contiendas entre derechas que caracterizaron Colombia desde el interminable Pacto del Frente Nacional entre liberales y conservadores en los años 50, que excluyó hasta 2022 la izquierda de la presidencia y dificulta aún la compleja transición colombiana.
¿Abelardo de la Espriella: «outsider» o nuevo disfraz ultraderechista?

Los resultados del 31 de mayo revelan, más bien, la rearticulación de la derecha colombiana y su nuevo ensayo con un Abelardo de la Espriella, que aparece nuevamente como un “outsider”, a pesar de que muchos analistas consideran que es un abogado formado en el corazón mismo del proyecto paramilitar del uribismo.

Abelardo de la Espriella, de acuerdo, entre otros, con el sitio de periodismo de investigación Casa Macondo, hizo su fortuna como abogado de narcotraficantes, corruptos, paramilitares mafiosos y aparece ligado al condenado abogado de Álvaro Uribe, Diego Cadena. Lo cierto es que Abelardo de la Espriella ha sido caracterizado como homófobo, neoliberal, autoritario y antiprogresista. Un candidato con doble nacionalidad estadunidense y colombiana que, de acuerdo con Omar Rincón, sería 40% Milei, 30% Bukele, 20% Trump y 10% Bolsonaro.

Con estilo a lo Milei, usa pirotecnia, canciones y hasta utilizó la camiseta de la selección de futbol de Colombia, imitando Bolsonaro, causando polémica por politizar un símbolo nacional en vísperas del mundial, hasta que una jueza le prohibió usar la bandera y símbolos patrios en su propaganda.

Desde una pecera, para protegerse contra virtuales atentados, pone en primera línea el miedo, la inseguridad y un discurso de mano dura, prometiendo aplicar el modelo represivo del presidente salvadoreño Nayib Bukele, contra terroristas y criminales. Promete revivir la “Seguridad Democrática” de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), abandonando las políticas de paz total, del Gobierno de Gustavo Petro, eliminando además la Jurisdicción Especial de Paz (JEP).

Por si alguien dudara de su carácter ultraderechista, están sus promesas de reducir el Estado. Promete la motosierra, despedir más de 700 mil funcionarios, privatización, recortar ministerios y ampliar las libertades tributarias. A ello se agrega su promesa de fortalecer el neoliberalismo extractivo abriendo las puertas a la inversión de mineras estadunidenses, fracking, y, terminar con los avances del gobierno saliente en materia medioambiental.

Promete consolidar un frente común contra el comunismo en la región. Al igual que otros gobiernos de ultraderecha, promete estrechar los lazos con Washington, calificándose como admirador del presidente Trump y amigo de Israel. Promete abrir embajada de Colombia en Jerusalén. Sería según algunos, la marioneta de Mister Trump. Promete reinstalar un Plan Colombia II con apoyo de Estados Unidos e Israel, además de adherir Colombia al grupo de gobiernos subordinados a Donald J. Trump, en el llamado “Escudo de las Américas”. Trump calificó a Cepeda, de marxista radicaly le entregó un “respaldo completo y total”, eligiéndolo, de facto, como el próximo presidente de Colombia. Un abierto injerencismo como lo ha hecho, entre otros, en favor de Asfura en Honduras, o de Javier Milei para las legislativas de octubre de 2025 en Argentina.
Hacia una victoria de Iván Cepeda del Pacto Histórico

Las posibilidades de una victoria de la izquierda en Colombia, esta vez con Iván Cepeda, siguen abiertas, pero eso depende de que consiga movilizar su electorado potencial, contrarrestando la fuerte abstención histórica en Colombia. A ello se agregan los posibles efectos de la fuerte campaña de desinformación de la derecha en medios de comunicación colombianos e internacionales, en redes sociales, con la utilización de la inteligencia artificial, de influencers, el Proyecto Júpiter, el Hondurasgate, la guerra sucia y violencia simbólica, además de denuncias de compras de votos y de falsa bandera. Ella incluye hasta el fracasado intento de suspender provisionalmente a Gustavo Petro, por intervención electoral.

Hubo un alto nivel de participación en la primera vuelta, del orden del 57,8%, el más alto del siglo, 2,4 millones más que en 2022. También reflejaron la persistencia de la distribución geográfica del voto: favorable a la derecha en 15 departamentos del centro del país; favorable a la izquierda en los otros 17 departamentos, en zonas del Pacífico y la costa Caribe, además de Bogotá. Sin embargo, a pesar de que la dupla Iván Cepeda y Aida Quilcué, obtuvo más de un millón de votos más que Gustavo Petro y Francia Márquez en 2022 (aumentaron de 8,5 a 9,6 millones) los datos disponibles muestran que el Pacto Histórico no consiguió movilizar plenamente su base electoral en sus plazas fuertes, particularmente en Bogotá y la costa Caribe.

Sin embargo, un factor importante para una victoria de Iván Cepeda, continuador de la obra de Gustavo Petro, es la alta e inusual popularidad con que termina el gobierno de Gustavo Petro. Se trata del balance de un gobierno que consiguió imponer la reforma tributaria, ha conseguido reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de la población, avances con la reforma de las pensiones y la reforma laboral. La pobreza ha bajado a niveles nunca vistos en Colombia. Todo ello gracias a reformas sociales, una política pública asistencial para los más vulnerables, la elevación del salario mínimo y la reducción de la informalidad. También se ha rebajado la tasa de mortalidad infantil.

Ciertamente, está un balance deficiente en materia terminar con el fantasma del conflicto armado e imponer la paz total, aunque las estadísticas indican reducción de las muertes por número de habitantes. Se trata sin embargo de avances que dan popularidad al gobierno saliente en las encuestas, porque por primera vez ataca las profundas desigualdades al origen de la violencia en Colombia. Persiste el desafío de poner freno a una corrupción endémica en el sistema político colombiano. Un balance que también suscita críticas en sectores de izquierda por “pavimentar el camino a algo peor que el uribismo” y la necesidad de una autocrítica por la ausencia de un proyecto socialista. Ello pone de relieve las dificultades de los progresismos pragmáticos, que algunos no califican de izquierda, en lograr las transformaciones prometidas.

Sin embargo, a diferencia de otros progresismos latinoamericanos, no se limitó a las agrupaciones políticas de izquierda y centroizquierda colombianas del Pacto Histórico Alianza por la Vida. También se extendió al apoyo de sindicatos (CUT, FECODE), de organizaciones campesinas y étnicas (Cumbre Agraria; ANZORC), de movimientos indígenas (MAIS, AICO) y diversos movimientos sociales (derechos humanos, paz ecologistas, estudiantiles y culturales, entre otros). Lo cierto es que existe una fuerte movilización popular para impedir una victoria del ultraderechista Abelardo de la Espriella que promete destruir las reformas sociales y las libertades democráticas y lograr la victoria de Iván Cepeda para continuar el proceso de transformaciones y la transición colombiana.

Más allá de Colombia, el balotaje entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella es un duelo entre la izquierda latinoamericana y el emergente neoliberalismo autoritario de ultraderecha en su versión neofascista apoyada por Washington, tanto en Argentina, como en Chile, Bolivia, Ecuador, El Salvador y Honduras. Son elecciones en que se dirime el destino del progresismo de izquierda en Colombia, pero también en una región latinoamericana confrontada a la cruzada neocolonizadora del trumpismo.

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