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Irán. Imam Jomeini: El arquitecto del despertar islámico y de la resistencia global antimperialista

Por Resumen Latinoamericano, 4 junho 2026
Por el equipo del sitio web de Press TV / Resumen de Medio Oriente, 4 de junio 2026


A 37 años de su fallecimiento, el Imam Jomeini sigue inspirando la resistencia antimperialista y el despertar islámico en el mundo.

A treinta y siete años de su fallecimiento, el nombre del Imam Ruholá Musavi Jomeini continúa resonando más allá de las fronteras de Irán como el principal artífice de un despertar islámico y un ícono global de resistencia contra las arrogantes potencias occidentales.

Reverenciado por millones como el líder fundador de la Revolución Islámica de 1979, el Imam Jomeini no solo transformó de manera fundamental el destino político de Irán, sino también los contornos intelectuales y geopolíticos del mundo musulmán en su totalidad.

Su movimiento revolucionario derrocó a una de las monarquías clientelares más leales a Washington en Asia Occidental, fracturó los cimientos de la hegemonía occidental en la región e introdujo un discurso político novedoso y transformador, basado en la autosuficiencia islámica, la resistencia al imperialismo y al sionismo, y la auténtica soberanía popular.

El Imam Jomeini surgió en una época en la que el nacionalismo secular y las ideologías importadas se consideraban las únicas rutas viables para los países en desarrollo, y cuando muchos creían que la religión y las creencias religiosas no tenían cabida en la gobernanza moderna.

Desafiando tales suposiciones infundadas, construyó y explicó un marco revolucionario que fusionaba la espiritualidad con la política, la identidad religiosa con la movilización masiva y la lucha antimperialista con la gobernanza islámica.

Su liderazgo empoderó a millones de iraníes para levantarse contra la impopular monarquía Pahlavi respaldada por Occidente y, posteriormente, inspiró a naciones oprimidas y movimientos de resistencia en todo el mundo a desafiar la dominación y ocupación extranjeras.

Su legado, sin embargo, trasciende la República Islámica que fundó. Desde Palestina y Líbano hasta América Latina, África y Asia, sus ideas contribuyeron a conformar un eje viviente de resistencia contra el colonialismo, el sionismo y la arrogancia global.

Defendiendo valientemente la unidad musulmana, protegió a los oprimidos sin distinción de secta o etnia, elevó el papel de la mujer en la vida política y social, y enfatizó constantemente la independencia cultural y la autosuficiencia.

En el 37.º aniversario de su fallecimiento, el Imam Jomeini no es solo una figura histórica, sino una fuerza viva en la conciencia política global: un símbolo perdurable de resistencia valiente, dignidad y despertar islámico.

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A 47 años de la Revolución Islámica, Irán mantiene su influencia global como referente antiimperialista y de resistencia política y social.

El surgimiento de un erudito revolucionario

Nacido en 1902 en la ciudad de Jomein, en el centro de Irán, el Imam Jomeini fue criado en una familia profundamente religiosa, conocida por su legado de erudición y resistencia. Desde temprana edad, mostró una excepcional capacidad intelectual y disciplina espiritual. Realizó estudios avanzados en jurisprudencia islámica, filosofía, misticismo, ética y pensamiento político, y finalmente se convirtió en uno de los principales eruditos chiíes de su generación.

No obstante, el Imam Jomeini nunca se limitó a los confines tradicionales de la vida clerical. A medida que Irán caía más profundamente en el autoritarismo bajo la monarquía Pahlavi respaldada por Occidente, emergió cada vez más como una voz política contra la tiranía, la corrupción y la dominación extranjera.

Las agresivas políticas de occidentalización del dictador Pahlavi, su estrecha alianza con Estados Unidos y el régimen israelí, la supresión sistemática de las instituciones religiosas y la constante erosión de la soberanía nacional alarmaron profundamente al Imam.

El punto de inflexión llegó a principios de la década de 1960, cuando el Shah lanzó la llamada “Revolución Blanca”, un programa fuertemente respaldado por Washington. El Imam Jomeini denunció estas “reformas” como un mecanismo para consolidar la dictadura y profundizar la dependencia de potencias extranjeras. Sus enérgicos discursos contra el Shah y sus mecenas estadounidenses sacudieron a la sociedad iraní y lo convirtieron en el principal rostro de la oposición al régimen.

Su arresto en 1963 desencadenó protestas a nivel nacional, muchas de las cuales fueron brutalmente reprimidas. Pero la represión solo elevó aún más su estatura.

Un año después, tras condenar enérgicamente una ley que otorgaba inmunidad legal al personal militar estadounidense en Irán, fue exiliado. Lo que la monarquía creyó que lo silenciaría amplificó, en cambio, su voz en todo el mundo musulmán.

El exilio y la construcción de un movimiento revolucionario

El Imam Jomeini pasó años en el exilio: primero en Turquía, luego en Irak y finalmente en Francia. Sin embargo, el exilio se convirtió en el propio incubador de un movimiento revolucionario global.

A través de sermones grabados, mensajes escritos y amplias redes de estudiantes y activistas en todo Irán, mantuvo una influencia directa y sostenida sobre la sociedad iraní.

A diferencia de muchos opositores que se enfocaban únicamente en derrocar al Shah, el Imam Jomeini articuló una visión política integral para el país. Insistió en que el Islam no era solo una fe espiritual, sino un sistema completo y una forma de vida, capaz de gobernar la sociedad, establecer justicia y resistir toda forma de opresión.

Su doctrina de Wilayat al-Faqih, o Tutela del Jurista Islámico, sentó las bases intelectuales de un gobierno islámico liderado por un jurista calificado durante la ocultación del Duodécimo Imam chií. Ofrecía una alternativa política autóctona tanto a la monarquía como al secularismo occidental, firmemente arraigada en el bienestar público y el despertar islámico.

Más aún, el Imam Jomeini transformó la lucha contra la monarquía del Shah en un movimiento moral y espiritual. Vinculó la resistencia política contemporánea con el legado del Imam Husain y la inmortal tragedia de Karbala, enmarcando la batalla contra la tiranía como un deber sagrado del pueblo.

Ashura se convirtió así en el corazón palpitante de la movilización revolucionaria. El Imam Jomeini enfatizó repetidamente que cada día es Ashura y cada tierra es Karbala. Esto insufló a la revolución un extraordinario poder emocional y dio lugar a una cultura de sacrificio y firmeza que continúa definiendo a la República Islámica y a los movimientos de resistencia hasta hoy.

El regreso triunfal y el colapso de la monarquía

El 1 de febrero de 1979, tras quince años de exilio, el Imam Jomeini regresó a Irán para recibir una acogida sin precedentes en la historia moderna. Millones de personas inundaron las calles de Teherán para darle la bienvenida. Las imágenes impactaron a los medios internacionales, muchos de los cuales habían subestimado tanto su popularidad como el movimiento revolucionario que lideraba.

Su regreso triunfal simbolizó mucho más que el retorno de un líder exiliado. Reconfiguró de manera fundamental todo el orden geopolítico de Asia Occidental. La monarquía Pahlavi, considerada hasta entonces como uno de los aliados más estables y armados de la hegemonía estadounidense, se desintegró y desapareció en cuestión de días.

Los gobiernos occidentales quedaron completamente sorprendidos. Durante décadas, habían considerado a Irán como un pilar inquebrantable de la influencia e intervención estadounidense en la región. La revolución popular liderada por el Imam Jomeini rompió por completo esa suposición y reemplazó a una monarquía prooccidental con un Estado islámico independiente, abiertamente opuesto al imperialismo occidental y al sionismo.

El surgimiento del Imam Jomeini alteró de manera fundamental el vocabulario político del mundo musulmán. La independencia, la resistencia, la autodeterminación y la gobernanza islámica se convirtieron en temas centrales y vivientes de la política regional.

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El regreso del Imam Jomeini en 1979 transformó la cobertura occidental del miedo y la distorsión al asombro ante una revolución de masas.

Desafiando la hegemonía occidental

Uno de los legados más perdurables del Imam Jomeini fue su oposición firme e intransigente a la dominación y la hegemonía occidentales. Sostenía de manera constante y fundamentada que muchas naciones musulmanas padecían no solo la corrupción interna, sino también una profunda dependencia de las potencias extranjeras.

La Revolución Islámica desafió directamente la influencia estadounidense en Asia Occidental. Bajo el régimen del Shah, Irán había servido como gendarme regional de Washington, protegiendo en todo momento los intereses estratégicos y económicos de Occidente. La Revolución Islámica de 1979 alteró por completo y para siempre ese esquema.

El Imam Jomeini describía a Estados Unidos como el principal sostén de las dictaduras, la explotación y la expansión sionista en la región. Su célebre caracterización de Estados Unidos como el “Gran Satán” reflejaba una crítica más amplia y profundamente arraigada contra el imperialismo y las desigualdades del orden mundial.

Lo que verdaderamente distinguía su pensamiento antimperialista era su fusión con la identidad religiosa. Argumentaba que la independencia política carecía de plenitud sin soberanía cultural e intelectual. A su juicio, las sociedades musulmanas debían liberarse no solo de la ocupación extranjera, sino también de la subordinación intelectual a los modelos occidentales.

Este mensaje encontró una profunda resonancia en el mundo en desarrollo. Movimientos revolucionarios, activistas anticoloniales y comunidades oprimidas comenzaron a ver en Irán un ejemplo vivo de resistencia exitosa frente a un orden respaldado por las superpotencias.

Palestina en el centro de la visión del Imam Jomeini

Uno de los pilares fundamentales de la cosmovisión del Imam Jomeini fue su apoyo inquebrantable a Palestina. Consideraba la causa palestina no como una mera disputa territorial, sino como una cuestión moral y civilizatoria central para el mundo musulmán.

Denunció reiteradamente al régimen israelí como una entidad ocupante ilegítima impuesta por las potencias coloniales, entre ellas el Reino Unido y Estados Unidos. Una de sus primeras y más trascendentales decisiones tras la Revolución Islámica de 1979 fue romper relaciones con Israel y entregar la antigua embajada israelí en Teherán a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

El Imam Jomeini también institucionalizó el respaldo a Palestina mediante iniciativas como el Día Mundial de Al-Quds, conmemorado anualmente el último viernes del mes de Ramadán. Esta jornada transformó la solidaridad con Palestina en un movimiento global y mantuvo viva la cuestión palestina en la conciencia política musulmana e internacional.

Más importante aún, sus ideas inspiraron el surgimiento de movimientos de resistencia en toda la región, particularmente en Líbano y Palestina. Los grupos que posteriormente conformarían la columna vertebral del Eje de la Resistencia se nutrieron ampliamente de sus doctrinas de firmeza, sacrificio y confrontación con la ocupación.

En la actualidad, la persistente resiliencia de los movimientos de resistencia palestinos y del más amplio eje de resistencia contra Israel debe mucho a los fundamentos ideológicos establecidos por el Imam Jomeini.

La unidad musulmana más allá de las divisiones sectarias

El Imam Jomeini advirtió constantemente sobre el flagelo del sectarismo y la división dentro del mundo musulmán. Consideraba que las potencias coloniales habían explotado históricamente las diferencias sectarias para debilitar a las sociedades musulmanas y preservar su dominación ilegítima.

En lugar de enfatizar las identidades sectarias, promovió la unidad basada en principios islámicos compartidos e intereses políticos comunes. Con frecuencia hizo llamamientos a la solidaridad entre musulmanes suníes y chiíes, y condenó los intentos de avivar los conflictos sectarios.

Una de sus iniciativas más significativas fue la designación de la semana comprendida entre las conmemoraciones suní y chií del nacimiento del Profeta del islam, el Hazrat Mohamad (P), como la Semana de la Unidad Islámica. Esta medida simbolizaba su visión más amplia de superar las barreras sectarias.

Para el Imam Jomeini, la unidad no era únicamente una cuestión teológica, sino también estratégica. Creía que unas sociedades musulmanas fragmentadas no podían resistir eficazmente la dominación extranjera ni defender a los pueblos oprimidos, una realidad que, a su juicio, sigue siendo evidente en gran parte del mundo actual.

Este énfasis en la unidad se convirtió posteriormente en un elemento central del Eje de la Resistencia, integrado por movimientos y actores diversos unidos principalmente por su oposición a la ocupación y al imperialismo, más que por una identidad sectaria.

Las mujeres en el corazón de la transformación revolucionaria

Contrariamente a ciertas representaciones occidentales, el Imam Jomeini otorgó una gran importancia al papel de la mujer en la sociedad y en la revolución. Consideraba a las mujeres participantes esenciales en la transformación política, social y cultural del país.

Las mujeres desempeñaron un papel destacado en la Revolución Islámica, participando en manifestaciones, actividades políticas, educación y en la construcción nacional posterior al triunfo revolucionario. El Imam Jomeini elogió reiteradamente sus contribuciones y subrayó que ninguna sociedad puede progresar mientras margine a la mitad de su población.

Su visión difería sustancialmente tanto del feminismo liberal occidental como de las concepciones patriarcales tradicionales. Defendía la dignidad de la mujer, su educación, su participación social y su compromiso político dentro de un marco moral islámico.

Bajo la República Islámica, las mujeres ampliaron significativamente su presencia en las universidades, los sectores profesionales, la investigación científica y la política. La Revolución Islámica transformó a las mujeres en actores relevantes de la vida pública iraní, algo que, según esta visión, se refleja hoy en su destacada presencia en diversos ámbitos.

El enfoque del Imam Jomeini reflejaba su filosofía más amplia: la modernización no requería la imitación de los modelos culturales occidentales.

La guerra impuesta y la cultura de la resistencia

Pocos meses después de que la Revolución Islámica consolidara el poder, Irak, bajo el régimen baasista de Sadam Husein, invadió Irán con el apoyo de numerosas potencias occidentales y regionales. La guerra impuesta de ocho años se convirtió en una de las experiencias definitorias de la naciente República Islámica.

El Imam Jomeini describió el conflicto como una defensa del Islam, de la independencia y de la identidad revolucionaria. A pesar del severo aislamiento internacional, las sanciones económicas y las desventajas militares, Irán resistió la brutal invasión y evitó el colapso del recién fundado Estado.

Esta guerra consolidó una cultura de resistencia y autosuficiencia que permanece como eje central de la doctrina estratégica de Irán hasta hoy, y que se hizo evidente también en conflictos recientes. Asimismo, profundizó el ethos revolucionario de sacrificio inspirado en Karbala y Ashura.

Para los partidarios de la Revolución Islámica, el conflicto demostró el poder práctico de la movilización basada en la fe frente a adversidades abrumadoras.

La carta a Gorbachov: una advertencia sobre el materialismo

En 1989, poco antes de su fallecimiento, el Imam Jomeini envió una carta histórica al líder soviético Mijaíl Gorbachov. El mensaje destacó no solo por predecir el colapso del comunismo, sino también por enmarcar la crisis de la Unión Soviética como un fenómeno espiritual y filosófico más que meramente económico.

El Imam Jomeini argumentó que el marxismo había fracasado al descuidar las necesidades espirituales de la humanidad. Advirtió a Gorbachov contra la tentación de adoptar el capitalismo occidental como alternativa, señalando que ambos sistemas padecían de materialismo y decadencia moral.

La carta reflejaba el discurso intelectual más amplio del Imam Jomeini: ofrecer al Islam como alternativa civilizatoria integral, capaz de abordar tanto las dimensiones materiales como espirituales de la vida humana.

Hoy en día, muchos analistas consideran esa carta como una de las comunicaciones políticas más relevantes de la última etapa de la Guerra Fría.

Una identidad política arraigada en el Islam

Uno de los mayores logros del Imam Jomeini fue reconstruir la identidad política sobre la base del Islam en un contexto donde el nacionalismo secular dominaba gran parte del mundo musulmán.

Rechazó la idea de que la religión debía limitarse únicamente a la esfera espiritual. Por el contrario, sostuvo que el Islam posee dimensiones políticas, económicas, éticas y sociales capaces de organizar integralmente la sociedad.

Este marco dio poder a millones de personas alienadas por las élites occidentalizadas y desconectadas de los sistemas ideológicos importados. Relevó la identidad religiosa en la esfera política y otorgó legitimidad moral a los movimientos de resistencia.

Sus ideas inspiraron no solo las estructuras estatales en Irán, sino también corrientes intelectuales más amplias que promovían autenticidad cultural, soberanía y resistencia a la dominación.



#IR47; Un largo camino hacia la libertad: el momento fundacional del Imam Jomeini y la nación iraní | HISPANTV

El pensamiento y liderazgo del Imam Jomeini transformaron a Irán, uniendo fe y política en una revolución contra la dominación extranjera.

La globalización de la resistencia

Quizá la consecuencia geopolítica más duradera del legado del Imam Jomeini sea el surgimiento de lo que más tarde se conocería como el Eje de la Resistencia.

Desde Líbano hasta Palestina, Irak, Yemen y más allá, los movimientos que se oponen a la ocupación y a la intervención extranjera encontraron inspiración ideológica en la experiencia revolucionaria iraní liderada por el Imam Jomeini y, posteriormente, por el ayatolá Seyed Ali Jamenei.

El Imam Jomeini transformó la resistencia de una reacción local a un marco transnacional basado en la dignidad, el sacrificio y la solidaridad antimperialista.

Esta influencia trascendió la región de Asia Occidental. En América Latina, África y Asia, activistas anticoloniales y movimientos políticos independientes consideraron a la Revolución Islámica como prueba de que una población decidida podía derrocar un régimen respaldado por una superpotencia.

Incluso décadas después de su fallecimiento, muchos de los lemas, símbolos y conceptos estratégicos asociados con los movimientos de resistencia contemporáneos remiten directamente a las enseñanzas y el legado del Imam Jomeini.

El fallecimiento de un líder revolucionario

El Imam Jomeini falleció el 3 de junio de 1989, sumiendo a Irán en el luto. Millones asistieron a su funeral, uno de los mayores actos de masas de la historia moderna.

Sin embargo, su fallecimiento no disminuyó su influencia. Las instituciones que estableció, la ideología que articuló y la cultura de resistencia que cultivó continuaron moldeando a Irán y a la región bajo el liderazgo de su digno sucesor.

Bajo la estructura de liderazgo que creó, la República Islámica sobrevivió a sanciones ilegales y paralizantes, al aislamiento, a guerras impuestas, a operaciones encubiertas y a la presión externa sostenida, mientras expandía gradualmente su influencia regional.

Más de treinta y cinco años después de su fallecimiento, el Imam Jomeini sigue siendo una de las figuras políticas y religiosas más influyentes de la era moderna.

Sus ideas continúan orientando los debates políticos en el mundo musulmán y más allá.

Como señaló el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei, en su mensaje del jueves, el Líder mártir de la Revolución Islámica transformó el 14 de Jordad (del calendario persa que este año coincide con el 4 de junio), aniversario del fallecimiento del Imam Jomeini, en una ocasión anual para que la nación iraní renueve su compromiso con el fundador de la Revolución Islámica.

Añadió que la escuela de pensamiento del ayatolá Jamenei sigue la misma senda del Imam Jomeini, arraigada en el Islam puro del Profeta Mohamad (P), cuyo fundamento se basa en levantarse por Dios, con sus seguidores comprometidos con la defensa de la verdad y la erradicación de la falsedad.

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