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El ecocidio capitalista a debate

Do Rebelión, 22 de junho 2026
Por Daniel Tanuro: Viento sur



El sociólogo marxista Alain Bihr ofrece un análisis muy exhaustivo de la catástrofe ecológica planetaria en una nueva obra cuyo título resume perfectamente el contenido: L’Écodide capitaliste (Éditions Page2-Syllepse, 2026).

La obra consta de tres volúmenes, cuyas aproximadamente 1.200 páginas suponen un trabajo notable de documentación, síntesis y análisis.

El primer volumen hace un balance de la situación. Examina numerosas facetas de la catástrofe (cambio climático, múltiples agresiones a los entornos naturales globales como océanos, humedales, bosques; degradación de los elementos como la tierra, el agua, el aire, la energía; empobrecimiento de la biodiversidad, amenazas para la salud humana). Este análisis pone de manifiesto, al mismo tiempo, el fracaso de las políticas capitalistas de “desarrollo sostenible”, basadas en soluciones de mercado y en mecanismos de compensación que “en el mejor de los casos no están a la altura de los problemas, cuando no los agravan pura y simplemente”.


El segundo volumen, subtitulado “La naturaleza a merced del capital”, demuestra que la catástrofe es, en efecto, producto de las relaciones de producción capitalistas basadas en la expropiación de los productores. Esta expropiación (“la gran ruptura”, según una expresión poco conocida de Marx) es, de hecho, la base de la alienación de la naturaleza y de la pérdida de conciencia de que formamos parte de ella, algo que caracteriza a la sociedad contemporánea. El autor insiste en que el modo capitalista de apropiación de la naturaleza se lleva a cabo a través de sus modos de apropiación del trabajo, por lo que ambas dimensiones son inseparables. Al igual que otros autores eco-marxistas o eco-socialistas, se esfuerza por demostrar que la búsqueda absurda del crecimiento ilimitado en un planeta finito se deriva necesariamente de la necesidad del capital de reproducirse a una escala cada vez mayor, de modo que la carrera por el beneficio implica inevitablemente explotar tanto el trabajo como la naturaleza.

El tercer volumen “sitúa el ecocidio capitalista en su contexto histórico”. Bihr coincide con los trabajos que sostienen que la dinámica ecocida del capital ya se manifestó en el periodo protocapitalista, a finales de la Edad Media. Traza su expansión y su aceleración a lo largo de la primera “revolución industrial” y las que le siguieron, mostrando las implicaciones de cada uno de estos momentos históricos del capital en los sistemas agrarios y los ecosistemas. Esta visión histórica incluye una presentación de la evolución del pensamiento económico en su confrontación con la ecología –desde Malthus hasta Daly, pasando por los neoclásicos, Jevons, Lauderdale, la economía ecológica, los teóricos del valor-energía, sin olvidar a Georgescu-Roegen y su enfoque basado en la entropía.

Dinámicas de la catástrofe ecológica

Este volumen se divide en cuatro capítulos que analizan la relación entre la catástrofe ecológica y la crisis de reproducción del capital, al final de los cuales el autor se basa en la teoría de las ondas largas para confirmar que la crisis es, efectivamente, de naturaleza sistémica: “A diferencia de las (crisis ecológicas) anteriores, esta crisis no puede ser superada por el capital; como mucho (al ecologizarse), solo puede ralentizar su ritmo de desarrollo, sin por ello poner fin a la degradación continua y acumulativa de las condiciones de vida humana en la Tierra, que, en cierto modo, forma parte de su lógica intrínseca”.

La conclusión general del libro se titula “El comunismo o la muerte”. El autor descarta la idea de que la catástrofe ecológica pueda provocar el colapso del capitalismo. En lugar de un colapso, plantea “una especie de apocalipsis” cuyos “cuatro jinetes serían el caos ecológico, la pauperización generalizada, la enfermedad y la guerra, todo lo cual conduciría a formas bárbaras de dominación y regulación sociopolítica”. Para Alain Bihr, “la crisis multifacética del capitalismo nos sitúa, en definitiva, ya no solo ante la famosa alternativa planteada por Rosa Luxemburgo entre el socialismo o la barbarie, sino, de manera más radical, ante la del comunismo o la muerte. Sencillamente porque la catástrofe ecológica que lo acompaña no se limita a degradar condiciones de vida, sino que amenaza, de forma más fundamental, la posibilidad misma de vida en la Tierra”.

Evidentemente, en el marco de una reseña como esta, es imposible examinar en detalle todos los desarrollos de una obra teórica tan voluminosa, que abarca con rigor y de forma exhaustiva y rica (aunque a veces, en mi opinión, con un exceso de detalles) muchísimas materias.

El resumen anterior no hace justicia a esa riqueza. Quienes ya estén convencidos del carácter capitalista de la catástrofe ecológica podrían llegar a la conclusión errónea de que L’Écocide capitaliste no les va a aportar nada nuevo. Sin embargo, la obra, además de la gran cantidad de hechos y datos que recoge, contiene valiosos elementos de análisis capaces de enriquecer el pensamiento ecosocialista o ecomarxista.

A título personal, me han gustado mucho los análisis del Tomo 3 sobre la evolución de las contradicciones del pensamiento económico ante el desafío ecológico.

Como estoy totalmente de acuerdo con el análisis de Alain Bihr sobre la catástrofe ecológica como producto inevitable del modo de producción capitalista, así como con su conclusión estratégica ecosocialista/ecocomunista revolucionaria, me limitaré a tres reflexiones, de importancia muy desigual, y que quiero aclarar que no restan valor en absoluto a la valoración general sobre el interés y la utilidad de la obra.

Por una crítica marxista del ecocidio

Primera reflexión: la crítica marxista no siempre basta para “llevar la voz cantante” en debates en los que intervienen las ciencias exactas (el autor de estas líneas lo ha experimentado de primera mano). Alain Bihr tiene razón al decir que Georgescu-Roegen y sus seguidores “desconocen las relaciones capitalistas de producción”, y, además, es mantenerse al margen de su análisis de la crisis ecológica vista desde la perspectiva del aumento de la entropía. Que los recursos minerales sean agotables es una obviedad, pero no se aclara nada al introducir la entropía en este debate, ya que su aumento no es una característica intrínseca de la materia, al contrario de lo que afirma Georgescu-Roegen, cuya visión escatológica encaja bien con propuestas concretas bastante insignificantes y moralizantes.

Segunda reflexión: la idea de que el capitalismo implicaría el paso de una apropiación formal de la naturaleza a una apropiación real merece un debate. Para Alain Bihr, la apropiación real consiste en que el capital obliga a la naturaleza a producir lo que no produce de forma espontánea, a no producir lo que produce de forma espontánea y a producir simulacros de sí misma que sean más fácilmente apropiables. Ahora bien, si de eso se trata, hay que concluir que el paso a la apropiación real ha coincidido con las primeras selecciones de especies vegetales y animales, lo que significa que es mucho más antiguo que el capitalismo. Se podría decir que el fenómeno se ha amplificado con el capitalismo (sobre todo, en los últimos tiempos, con las biotecnologías), pero no constituye un indicador del paso a la dinámica ecocida del capital.

Aquí, Alain Bihr procede por analogía con el razonamiento que lleva a Marx a afirmar que la mecanización permitió al capital pasar de una subsunción formal del trabajo a una subsunción real, en la que el trabajador ya no tiene ni control ni comprensión del proceso de producción, de modo que ya no es más que el portador de una fuerza de trabajo abstracta, un accesorio de la máquina sometido a la ciencia que se yergue frente a él como una fuerza hostil en manos del capitalista. Bihr coincide, por tanto, con Jason Moore en la idea de que el capitalismo ha producido no solo un trabajo abstracto, sino también una “naturaleza abstracta”. Una naturaleza a su imagen, “vampirizada”. La analogía me parece engañosa. La subsunción es la sumisión en la que lo sometido se integra en lo que somete. Ahora bien, la naturaleza no está integrada ni es integrable en el capital. Solo lo está en las fantasías de los economistas, pero sigue obstinadamente sus propias leyes. Como decía Engels: “No nos jactemos demasiado de nuestras victorias sobre la naturaleza, pues ella se venga de cada una de ellas” (Dialéctica de la naturaleza). La catástrofe ecológica encarna precisamente esa temible venganza.

La tercera reflexión es una sorpresa. La superación de los límites ecológicos, sobre todo los climáticos, implica necesariamente que el cuestionamiento del productivismo y el consumismo capitalistas se haga respetando un “decrecimiento justo” del consumo final de energía y, por tanto, de la transformación y el transporte de materia. El ecocidio capitalista, en sus conclusiones, no aborda la cuestión, ni siquiera en términos generales. Sin embargo, es precisamente bajo esta restricción objetiva como hay que plantearse un proyecto ecosocialista emancipador.

Alain Tondeur es la firma utilizada por Daniel Tanuro, ingeniero agrícola belga, ecologista, activista valón y militante de la organización belga Gauche Anticapitaliste.

Texto original: L’Anticapitaliste

Traducción: viento sur.

Fuente: https://vientosur.info/el-ecocidio-capitalista-a-debate/



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