Por José Seoane
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La agresión estadounidense israelí sobre Irán y la guerra desplegada en toda esa región, la tercera alrededor del Golfo Pérsico en las últimas décadas, vuelve a evidenciar la centralidad geopolítica de los hidrocarburos y del control de sus rutas comerciales y de transporte, como hemos señalado recientemente (Seoane, 2026a). Asimismo, su prolongación por casi tres meses, las sucesivas treguas y tentativas negociadoras para ponerle un relativo fin, señalan que, más allá de la gran asimetría de poder económico y militar entre los contendientes, el gobierno de Trump fue incapaz de alcanzar, en lo que va del conflicto, sus objetivos tanto en relación con el pretendido cambio de régimen como respecto del desarme nuclear y/o misilístico. Este fracaso de la iniciativa imperial ha llevado, desde ciertas perspectivas, a asimilar esta guerra con aquella de Vietnam, reseñando, en esta comparación, el papel que en ambas cumplió la opinión pública y la sociedad estadounidense (en este caso, ante la elevación del precio de la gasolina en un contexto preelectoral) así como su significación en tanto punto de inflexión (en el campo militar imperial) en el proceso de declive de la hegemonía global de los EE.UU. (Katz, 2026).
A su vez, se han señalado novedades que el conflicto actual entraña; como, por ejemplo, las distinciones entre el Viet Cong y el movimiento de los ayatholas, la distancia entre el contexto internacional de los años 60 y 70 y la actualidad de las extremas derechas, o los cambios en las reglas de la guerra tras el uso de drones y misiles baratos. Entre estas particularidades se destaca también el desplazamiento del conflicto a la disputa por el control del estrecho de Ormuz tras el fracaso de la estrategia de asesinato a distancia del liderazgo religioso, político y militar y del bombardeo de instalaciones estratégicas y poblaciones.
En su reciente visita a la Argentina, la socióloga y activista mexicana Raquel Gutiérrez resaltaba que la dinámica de la conflictividad actual se orienta alrededor del control de los flujos de energía y bienes naturales; de las sendas del despojo reconfiguradas al calor de los cambios en los procesos metabólicos estructurantes del capitalismo contemporáneo, comandado por la articulación de los sectores de las energías fósiles, las finanzas y lo militar. También los procesos de conflictividad frente al extractivismo que recorren la escena sociopolítica de Nuestra América en las últimas décadas recurrieron las más de las veces al corte prolongado de rutas de esos caminos del libremercado y del saqueo.
En estas cartografías, los nuevos extractivismos verde y digital militar han abierto nuevas vías, operando sobre nuevos y viejos bienes naturales, impactando y reconfigurando territorios y poblaciones en una nueva ofensiva de la que ya hemos hablado en otra oportunidad (Seoane, 2026b). Asimismo, la intensificación de las disputas por la transición hegemónica global han vuelto más feroces las intervenciones imperiales. Como ha sido señalado en reiteradas ocasiones, en las debilidades del imperialismo estadounidense se esconde la agresividad y violencia de su acción actual.
Sobre ello, en 2011, la investigadora peruana brasileña Mónica Bruckmann publicó su reconocido estudio “Recursos naturales y la geopolítica de la integración sudamericana”. En el mismo analizaba la vulnerabilidad que tenía la economía estadounidense respecto de un conjunto amplio de minerales que, considerados estratégicos para el desarrollo nacional, provenían del exterior y debían ser importados. En base al examen del informe Mineral Commodity Summaries elaborado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (U.S. Geological Survey) para el 2010, Bruckmann señalaba que dicho país era “altamente dependiente de importaciones para el abastecimiento de minerales no combustibles … gran parte de los mismos importados de China y de América Latina” (2012, p. 75). Sobre ello, en particular, el informe destacaba que esa dependencia respecto de nuestra región resultaba extremadamente alta respecto de la importación del estroncio (93%); litio (66%); fluorita (61%); plata (59%); renio (56%), estaño (54%) y platino (44%).
Lejos de modificarse, dicha dependencia sigue vigente. Quince años después, en el informe correspondiente al presente año (Mineral Commodity Summaries 2026) se señala que, de lo consumido durante 2025, Estados Unidos importó el 100% de 16 minerales[2], en la franja del 90% de otros 8[3], y por encima del 50% de otros 24. Asimismo, en las importaciones estadounidenses realizadas entre 2021 y 2024, diferentes países latinoamericanos resultaron las primeras fuentes; por ejemplo, con el cobre, el litio y el renio de Chile; la fluorita y la plata de México; el niobio y el silicio de Brasil; la roca de fosfato y el estaño de Perú. América Latina y el Caribe aportó también cuotas importantes de otros bienes naturales al funcionamiento de la economía y el complejo militar digital estadounidense en ese mismo periodo[4].
En un sentido más amplio, el propio informe del Servicio Geológico grafica también la dependencia respecto de China; por ejemplo, en la provisión entre 2021 y 2024 del 100% del torio, el terbio, el lutecio y el holmio, todos elementos químicos de las llamadas tierras raras, de las que en general importa el 71%; o el 91% de la magnesita cruda que se utiliza para producir fertilizantes; o el 50% del cadmio y el 46% del grafito para las baterías. Algunas de estas cuestiones fueron parte de las negociaciones que tuvieron lugar en la reciente visita de Trump a China.
La intensificación de las disputas por la transición hegemónica global, el creciente modo bélico que adopta, la consecuente ruptura y reorganización de las cadenas de suministro que conlleva, explican la centralidad que tiene para el gobierno estadounidense garantizar el control y apropiación de estos bienes, centrales para la industria militar y digital, en los territorios de Nuestra América. También en este terreno, su ferocidad es expresión de su vulnerabilidad.
La investigación de Mónica Bruckmann se articulaba en esos años con el rumbo impreso a la UNASUR por el político y diplomático venezolano Alí Rodríguez Araque quien ejerció entre 2012 y 2014 como su tercer Secretario General promoviendo una estrategia regional para la explotación, uso e industrialización de los bienes naturales. Ciertamente, el contexto regional actual dista de aquel tan intenso en el debate y construcción de alternativas; tal vez puede asemejarse más al proceso de resistencias y conflictividad social previo que forjó las bases de esos cambios sociopolíticos. En todo caso, el cuestionamiento al neocolonialismo estadounidense y sus gobiernos de extrema derecha adopta hoy una centralidad alrededor de la disputa por el control y explotación de ese conjunto de bienes naturales y plantea, en perspectiva, tanto el horizonte de la soberanía popular como la necesidad de un modelo que no reproduzca el despojo y el extractivismo sino que se base en una efectiva transición ecosocial.
Bibliografía
Bruckmann, Mónica (2012). Recursos Naturales y la Geopolítica de la Integración Sudamericana (Lima: Instituto Perumundo; Fondo Editorial J.C.Mariátegui) Disponible en file:///C:/Users/Jos%C3%A9%20Seoane/Documents/2026/Articulos%20propios/Geopol%C3%ADtica/libro-bruckman-Recursos-natuarales-y-la-geopolitica-de-la-integracion-sudamericana.pdf
Katz, Claudio (2026) El desenlace de la guerra imperial contra Irán definirá el horizonte geopolítico. Disponible en https://rebelion.org/el-desenlace-de-la-guerra-imperial-contra-iran-definira-el-horizonte-geopolitico/
Seoane, José (2026a) El imperialismo fósil. Portal Huellas del Sur. Disponible en https://huelladelsur.ar/2026/04/24/el-imperialismo-fosil/
Seoane, José (2026b) Una nueva ofensiva extractivista sobre Nuestra América. Disponible en https://huelladelsur.ar/2026/04/07/una-nueva-ofensiva-extractivista-sobre-nuestra-america/
USGS (2026). Mineral Commodity Summaries 2026 (Washington: U.S. Government Publishing Office)
[1] Sociólogo y profesor de la Fac. de Ciencias Sociales, UBA. Investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) de dicha Facultad. Contacto: seoane.jo@gmail.com
[2] Se trata de arsénico, asbesto, cesio, fluorita, galio, grafito, indio, manganeso, mica, niobio, rubidio, escandio, estroncio, tantalio, titanio, itrio (USGS, 2026)
[3] Son las piedras preciosas, xenón, abrasivos, sienita nefelínica, kriptón, bismuto, potasio, antimonio (USGS, 2026)
[4] Considerando el mismo balance del periodo 2021-2024, se destacan la celestina (México provee más del 99%); talio (México, 90%); yodo (Chile, 88%); antimonio (México, 86%); alumina (Brasil, 71%); cobre refinado (Chile, 68%, Perú, 7%; México, 6%); bauxita (Jamaica, 60%); arcilla (Brasil, 56% y México, 24%); aleación semipura de oro y plata (Mexico, 37%; Colombia, 22%; Argentina, 14%; Nicaragua, 8%); mineral de hierro (Brasil, 58%); litio (Chile, 54%; Argentina, 43%); ferromolibdeno (Chile, 74%); ferroniobio (Brasil, 65%); amoníaco nitrógeno (Trinidad Tobago, 47%); renio (Chile, 38%); sales (Mexico, 26%; Chile, 23%); selenio (Mexico, 14%; Chile, 12%); plata (México, 47%); piedra triturada (Mexico, 23%; Bahamas, 15%; Honduras, 15%); granito (Brasil, 41%); estroncio (México, 41%); estaño (Peru, 31%; Bolivia, 27%; Brazil, 10%); pentóxido de vanadio (Brasil, 47%); vermiculita (Brasil, 43%); minerales y concentrados de zinc (Perú, 50%); entre otros (USGS, 2026)
Dr. José Seoane. Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales – UBA
A su vez, se han señalado novedades que el conflicto actual entraña; como, por ejemplo, las distinciones entre el Viet Cong y el movimiento de los ayatholas, la distancia entre el contexto internacional de los años 60 y 70 y la actualidad de las extremas derechas, o los cambios en las reglas de la guerra tras el uso de drones y misiles baratos. Entre estas particularidades se destaca también el desplazamiento del conflicto a la disputa por el control del estrecho de Ormuz tras el fracaso de la estrategia de asesinato a distancia del liderazgo religioso, político y militar y del bombardeo de instalaciones estratégicas y poblaciones.
En su reciente visita a la Argentina, la socióloga y activista mexicana Raquel Gutiérrez resaltaba que la dinámica de la conflictividad actual se orienta alrededor del control de los flujos de energía y bienes naturales; de las sendas del despojo reconfiguradas al calor de los cambios en los procesos metabólicos estructurantes del capitalismo contemporáneo, comandado por la articulación de los sectores de las energías fósiles, las finanzas y lo militar. También los procesos de conflictividad frente al extractivismo que recorren la escena sociopolítica de Nuestra América en las últimas décadas recurrieron las más de las veces al corte prolongado de rutas de esos caminos del libremercado y del saqueo.
En estas cartografías, los nuevos extractivismos verde y digital militar han abierto nuevas vías, operando sobre nuevos y viejos bienes naturales, impactando y reconfigurando territorios y poblaciones en una nueva ofensiva de la que ya hemos hablado en otra oportunidad (Seoane, 2026b). Asimismo, la intensificación de las disputas por la transición hegemónica global han vuelto más feroces las intervenciones imperiales. Como ha sido señalado en reiteradas ocasiones, en las debilidades del imperialismo estadounidense se esconde la agresividad y violencia de su acción actual.
Sobre ello, en 2011, la investigadora peruana brasileña Mónica Bruckmann publicó su reconocido estudio “Recursos naturales y la geopolítica de la integración sudamericana”. En el mismo analizaba la vulnerabilidad que tenía la economía estadounidense respecto de un conjunto amplio de minerales que, considerados estratégicos para el desarrollo nacional, provenían del exterior y debían ser importados. En base al examen del informe Mineral Commodity Summaries elaborado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (U.S. Geological Survey) para el 2010, Bruckmann señalaba que dicho país era “altamente dependiente de importaciones para el abastecimiento de minerales no combustibles … gran parte de los mismos importados de China y de América Latina” (2012, p. 75). Sobre ello, en particular, el informe destacaba que esa dependencia respecto de nuestra región resultaba extremadamente alta respecto de la importación del estroncio (93%); litio (66%); fluorita (61%); plata (59%); renio (56%), estaño (54%) y platino (44%).
Lejos de modificarse, dicha dependencia sigue vigente. Quince años después, en el informe correspondiente al presente año (Mineral Commodity Summaries 2026) se señala que, de lo consumido durante 2025, Estados Unidos importó el 100% de 16 minerales[2], en la franja del 90% de otros 8[3], y por encima del 50% de otros 24. Asimismo, en las importaciones estadounidenses realizadas entre 2021 y 2024, diferentes países latinoamericanos resultaron las primeras fuentes; por ejemplo, con el cobre, el litio y el renio de Chile; la fluorita y la plata de México; el niobio y el silicio de Brasil; la roca de fosfato y el estaño de Perú. América Latina y el Caribe aportó también cuotas importantes de otros bienes naturales al funcionamiento de la economía y el complejo militar digital estadounidense en ese mismo periodo[4].
En un sentido más amplio, el propio informe del Servicio Geológico grafica también la dependencia respecto de China; por ejemplo, en la provisión entre 2021 y 2024 del 100% del torio, el terbio, el lutecio y el holmio, todos elementos químicos de las llamadas tierras raras, de las que en general importa el 71%; o el 91% de la magnesita cruda que se utiliza para producir fertilizantes; o el 50% del cadmio y el 46% del grafito para las baterías. Algunas de estas cuestiones fueron parte de las negociaciones que tuvieron lugar en la reciente visita de Trump a China.
La intensificación de las disputas por la transición hegemónica global, el creciente modo bélico que adopta, la consecuente ruptura y reorganización de las cadenas de suministro que conlleva, explican la centralidad que tiene para el gobierno estadounidense garantizar el control y apropiación de estos bienes, centrales para la industria militar y digital, en los territorios de Nuestra América. También en este terreno, su ferocidad es expresión de su vulnerabilidad.
La investigación de Mónica Bruckmann se articulaba en esos años con el rumbo impreso a la UNASUR por el político y diplomático venezolano Alí Rodríguez Araque quien ejerció entre 2012 y 2014 como su tercer Secretario General promoviendo una estrategia regional para la explotación, uso e industrialización de los bienes naturales. Ciertamente, el contexto regional actual dista de aquel tan intenso en el debate y construcción de alternativas; tal vez puede asemejarse más al proceso de resistencias y conflictividad social previo que forjó las bases de esos cambios sociopolíticos. En todo caso, el cuestionamiento al neocolonialismo estadounidense y sus gobiernos de extrema derecha adopta hoy una centralidad alrededor de la disputa por el control y explotación de ese conjunto de bienes naturales y plantea, en perspectiva, tanto el horizonte de la soberanía popular como la necesidad de un modelo que no reproduzca el despojo y el extractivismo sino que se base en una efectiva transición ecosocial.
Bibliografía
Bruckmann, Mónica (2012). Recursos Naturales y la Geopolítica de la Integración Sudamericana (Lima: Instituto Perumundo; Fondo Editorial J.C.Mariátegui) Disponible en file:///C:/Users/Jos%C3%A9%20Seoane/Documents/2026/Articulos%20propios/Geopol%C3%ADtica/libro-bruckman-Recursos-natuarales-y-la-geopolitica-de-la-integracion-sudamericana.pdf
Katz, Claudio (2026) El desenlace de la guerra imperial contra Irán definirá el horizonte geopolítico. Disponible en https://rebelion.org/el-desenlace-de-la-guerra-imperial-contra-iran-definira-el-horizonte-geopolitico/
Seoane, José (2026a) El imperialismo fósil. Portal Huellas del Sur. Disponible en https://huelladelsur.ar/2026/04/24/el-imperialismo-fosil/
Seoane, José (2026b) Una nueva ofensiva extractivista sobre Nuestra América. Disponible en https://huelladelsur.ar/2026/04/07/una-nueva-ofensiva-extractivista-sobre-nuestra-america/
USGS (2026). Mineral Commodity Summaries 2026 (Washington: U.S. Government Publishing Office)
[1] Sociólogo y profesor de la Fac. de Ciencias Sociales, UBA. Investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) de dicha Facultad. Contacto: seoane.jo@gmail.com
[2] Se trata de arsénico, asbesto, cesio, fluorita, galio, grafito, indio, manganeso, mica, niobio, rubidio, escandio, estroncio, tantalio, titanio, itrio (USGS, 2026)
[3] Son las piedras preciosas, xenón, abrasivos, sienita nefelínica, kriptón, bismuto, potasio, antimonio (USGS, 2026)
[4] Considerando el mismo balance del periodo 2021-2024, se destacan la celestina (México provee más del 99%); talio (México, 90%); yodo (Chile, 88%); antimonio (México, 86%); alumina (Brasil, 71%); cobre refinado (Chile, 68%, Perú, 7%; México, 6%); bauxita (Jamaica, 60%); arcilla (Brasil, 56% y México, 24%); aleación semipura de oro y plata (Mexico, 37%; Colombia, 22%; Argentina, 14%; Nicaragua, 8%); mineral de hierro (Brasil, 58%); litio (Chile, 54%; Argentina, 43%); ferromolibdeno (Chile, 74%); ferroniobio (Brasil, 65%); amoníaco nitrógeno (Trinidad Tobago, 47%); renio (Chile, 38%); sales (Mexico, 26%; Chile, 23%); selenio (Mexico, 14%; Chile, 12%); plata (México, 47%); piedra triturada (Mexico, 23%; Bahamas, 15%; Honduras, 15%); granito (Brasil, 41%); estroncio (México, 41%); estaño (Peru, 31%; Bolivia, 27%; Brazil, 10%); pentóxido de vanadio (Brasil, 47%); vermiculita (Brasil, 43%); minerales y concentrados de zinc (Perú, 50%); entre otros (USGS, 2026)
Dr. José Seoane. Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales – UBA

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