Do Rebelión, 16 de maio 2026
Por Renán Vega Cantor
El libro versa sobre un tenebroso personaje, Marco Rubio, que ahora ocupa los cargos de Secretario de Estado de los Estados Unidos y Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump.
“Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mundo, por quitarle a otros pueblos sus tierras, no son héroes, sino criminales”. José Martí, La Edad de Oro, 1889.
1
Hedelberto López Blanch es un periodista, escritor e investigador cubano con una notable trayectoria en el análisis y estudio de temas de política contemporánea, sobre todo en lo referido al asunto de la agresión permanente de Estados Unidos contra Cuba.
El libro que ahora se edita en Colombia es de gran actualidad, porque versa sobre un tenebroso personaje, Marco Rubio, que ahora ocupa los cargos de Secretario de Estado de los Estados Unidos y Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump. Este personaje ha sido precandidato presidencial por el Partido Republicano y en la actualidad, entre bambalinas, está preparando su postulación presidencial para suceder a Donald Trump en el 2028.
El interés del libro no estriba solamente en examinar el relevante rol que desempeña el “Pequeño Rubio”, como lo denominó Trump de manera despectiva durante los debates de la campaña electoral de 2016, sino en analizar el contexto de las múltiples agresiones que se realizan en estos momentos contra Nuestra América, las cuales son preparadas y coordinadas por la organización criminal de Estado que habita en la Casa Blanca, siendo Marco Rubio uno de sus principales operadores.
Aunque este libro fue redactado antes de los sucesos del 3 de enero, cuando se presentó la brutal agresión de Estados Unidos a Venezuela y a toda Nuestra América, se pueden encontrar elementos de juicio suficientes para comprenderla en una perspectiva amplia, así como para entender muchos de los acontecimientos que sacuden al mundo ante las acciones criminales del decadente imperialismo estadounidense. En ese contexto sombrío se analiza el papel que desempeña Rubio, (un individuo ambicioso, un trepador nato, y un mentiroso consumado) para lograr sus fines personales, aunque eso suponga llenar de dolor y sangre a gran parte del mundo.
Rubio, que no tiene el nivel intelectual de Henry Kissinger, ostenta simultáneamente los dos cargos que este ejerció en uno de los gobiernos de Richard Nixon, lo que indica el poder con el que cuenta y el reto de emular el prontuario asesino de uno de los peores criminales de guerra del siglo XX. Lo que ha sucedido en el primer año del segundo mandato de Donald Trump (genocidio en Gaza, ataque a Venezuela con 120 asesinados, bloqueo total a Cuba, bombardeos a las lanchas de pescadores en el Caribe y en el Pacífico, bombardeo a Irán y otros países), con la participación directa o encubierta de Marco Rubio indica que, a ese paso, puede emular el prontuario criminal de Henry Kissinger. Una diferencia es que Kissinger era un asesino ilustrado, mientras que Rubio es un vulgar matón, entresacado de la mafia cubano-estadounidense de Miami.
2
Marco Rubio no es un caso aislado y excepcional de lo que es un político de ascendencia cubana en los Estados Unidos de los últimos setenta años, tras el triunfo de la Revolución en 1959. Es lo que podría denominarse un “tipo ideal”, para emplear libremente el concepto de Max Weber, es decir que, un personaje concreto, con nombre y apellido, no puede explicarse a partir de sí mismo, sino que es un producto de un patrón común, con características similares, surgido en un mismo lugar y en una misma época. Ese lugar es Miami, devenido tras el triunfo de la Revolución, en la capital mundial de la contra revolución y luego en la sede de los criminales de extrema derecha de los gobiernos civiles y de las dictaduras que han asolado el continente desde la década de 1960. Miami no se convirtió por obra y gracia del espíritu santo en uno de los epicentros de la extrema derecha de Estados Unidos y de todo el continente, y donde reside la mayor cantidad de asesinos y torturadores por metro cuadrado del planeta. Lo que resultó en Miami es el resultado de una política fría y calculada de los gobiernos que en Estados Unidos han existido desde Dwight D. Eisenhower (1953-1961), todos los cuales, sin ninguna excepción, han tenido en la mira la destrucción de la Revolución Cubana. En esa perspectiva, financian, organizan, toleran, aúpan y arman a los torturadores, asesinos, traficantes y toda ralea de delincuentes de origen cubano que sirvan a sus propósitos de sabotear a Cuba socialista. Para ello, Estados Unidos no ha escatimado ningún recurso, ilegal e inhumano, con tal de que esos asesinos actúen a sus anchas en Miami. Esto dio como resultado que un importante grupo de exiliados de origen cubano se convirtiera en una poderosa fuerza económica, política, ideológica y cultural en el Estado de La Florida (Miami). Ese poder es económico, producto de la incursión en todo tipo de actividades ilegales, pero toleradas por los gobiernos de Estados Unidos, entre las cuales se encuentran el tráfico de drogas y de armas y la prostitución, dado que ese grupo de exiliados se configuró desde 1959 como un conglomerado mafioso, en el que descollaban los asesinos del gobierno de Fulgencio Batista, que formaron el núcleo duro y original que luego se fue reciclando entre muchos de sus hijos y descendientes. Esos delincuentes nunca son condenados y peor aún gozan de la protección y del estatus de “hombres honrados”, por su condición privilegiada de exiliados anticastristas que llegaron a ser de la CIA y coparticipes en asesinatos en Cuba y otros países y responsables de horrendos atentados, como el estallido de un vuelo de Cubana de Aviación en octubre de 1976, en el que perecieron 73 personas. Ese atentado fue organizado por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, ambos de origen cubano, que fueron miembros de la CIA y a uno de los cuales (Bosch), un juez de Estados Unidos catalogaría como un “terrorista no arrepentido”. Fueron individuos de este talante, similar al de Marco Rubio, los que configuraron el Miami contemporáneo, con el aval de los gobiernos locales y federales de los Estados Unidos en las últimas siete décadas. Tipos de este talante van a participar en las sucesivas agresiones no solo contra Cuba (como la fracasada Invasión de Bahía Cochinos en 1961), sino contra Nicaragua, Venezuela y todos los países en los cuales la extrema derecha anticomunista ha saboteado a gobiernos que no le caen bien a Washington.
Esa mafia devino en un poder político y electoral en el estado de la Florida, puesto que, al cabo de poco tiempo, terminó controlando cargos político-administrativos (alcaldes, jefes de policía, gobernadores) y se convirtió en una gran fuerza electoral de la extrema derecha, que ha llegado a ser decisiva en el triunfo de candidatos republicanos a la Presidencia de Estados Unidos. En la práctica, lo que se defina o se haga en términos políticos en La Florida está determinado por lo que diga ese poderoso lobby anticubano. Muchos de sus miembros ahora son “respetados empresarios” y “hombres de negocios”, que han devenido multimillonarios en la industria inmobiliaria, en el deporte, en la farándula, y en negocios non sanctus, vinculadas en forma directa con múltiples actividades criminales. Entre ellos se encuentra Marco Rubio, que han limpiado su hoja de muerte y su currículo criminal, para incursionar en la alta política.
Esa mafia ha devenido un poder ideológico y cultural, puesto que define el perfil dominante en Miami, en donde dominan los valores de la extrema derecha, de la ideología anticomunista y donde se imponen políticas retrógradas y represivas. Entre otras la prohibición del aborto, la censura de libros de autores de Estados Unidos, de Nuestra América (Gabriel García Márquez entre ellos) y del mundo (como William Shahespeare), la celebración el 7 de noviembre de un día anticomunista…
Este es el entramado social, político, económico y cultural en el que nace y se desenvuelve Marco Rubio, el cual no puede entenderse al margen de dicho contexto. En ese sentido, Rubio está conectado de todas las formas y por todos los medios, incluyendo ilegales y delincuenciales, con la mafia cubano-estadounidense que se hizo el grupo dominante en la vida cotidiana de Miami. Es, en síntesis, el “tipo ideal” de la mafia cubano-estadounidense de Miami, el prototipo individual de un molde universal en el micro mundo de exiliados cubanos de extrema derecha de La Florida.
3
El título del libro, Un mitómano incontrolable, hace referencia a una de las características de Marco Rubio, quien es un mentiroso redomado, como se pone de presente, para empezar, con las referencias que él mismo hace de su biografía y la de sus padres, quienes llegaron a Estados Unidos en 1956, tres años antes del triunfo de la Revolución Cubana. Sin embargo, Rubio se inventó el cuento, políticamente muy rentable en el contexto anticastrista de Miami, que sus padres eran perseguidos políticos y habían huido de Cuba después de 1959. Esta mentira, conscientemente urdida, tiene la finalidad de presentarse ante la comunidad cubana de Miami como hijo de unos “perseguidos políticos” y él mismo como un “héroe” que encarna ese supuesto sufrimiento, pero que con tesón alcanzó el “sueño americano” por si mismo y con sus propios méritos.
Esta es la primera mentira a la cual le siguen un reguero interminable, que se mezclan con estafas, malos manejos financieros, malversaciones de fondos, y alianzas directas con empresas de armas y la Asociación Nacional del Rifle y lobbies, sobresaliendo el del Estado de Israel, y de la extrema derecha no sólo de Estados Unidos, sino de diversos lugares del mundo, en donde deben resaltarse sus conexiones con la extrema derecha y paramilitar de Colombia, encabezada por uno de los seguidores de Pablo Escobar, que llegó a la Presidencia de la República hace unos años.
Desde su juventud, Marco Rubio se desenvolvió en el ambiente del narcotráfico en tiempos del auge del Cartel de Medellín, la especulación inmobiliaria y las estafas. A tal punto sobresalen sus nexos con el tráfico de estupefacientes que algunos lo denominan Narco Rubio. En su carrera meteórica hacia el senado de La Florida se asoció con delincuentes, entre los cuales puede mencionarse al cubano-estadounidense David Rivera, quien ha sido condenado por la justicia de Estados Unidos, aunque, como suele ser costumbre, los miembros de esta mafia no cumplen sus condenas, o se les reduce o son sencillamente exonerados de sus crímenes. Un cuñado de Rubio, Orlando Cicilia, es un conocido narcotraficante que fue condenado a veinticinco años de prisión por sus delitos en la década de 1980, de los cuales pasó en la cárcel solamente doce. Un hecho significativo radica en que cuando ese criminal fue arrestado vivía en la misma casa de Marco Rubio. Además, en 2002, cuando Cicilia estaba libre, su cuñado Marco Rubio le dio una carta de recomendación para obtener una licencia de bienes raíces, que normalmente no se la entregan a un exconvicto por tráfico de estupefacientes, pero Cicilia la obtuvo. Esta parte del prontuario de Marco Rubio es analizada con detalle en varios capítulos de este libro.
Y otra parte de la obra se dedica a escudriñar en sus posturas políticas de extrema derecha desde cuando fue Senador de Florida, precandidato presidencial y ahora en su condición de Secretario de Estado. Se resalta, con documentación de diversa índole, la manera en que Marco Rubio es un abanderado del lobby cubano-estadounidense de Miami. Su ideología es la misma de hace setenta años, siendo su objetivo principal destruir la Revolución Cubana, hacerle daño al pueblo cubano y a todos los pueblos del continente que buscan ser soberanos, independientes e intentan romper con la tutela del atrabiliario imperialismo estadounidense. En esa cruzada de extrema derecha sobresalen sus acciones contra Cuba, Nicaragua, Venezuela, China, su apoyo al genocidio de Gaza y su respaldo a los proyectos reaccionarios de la extrema derecha dentro de Estados Unidos y fuera de sus fronteras.
En esa dirección, Rubio es el primer responsable de la agresión contra Venezuela y del secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Floréz y del asesinato de 120 personas, entre ellas 32 cubanos. Es el responsable del bloqueo energético a Cuba, que tiene como objetivo hambrear a sus habitantes, esperando de esa forma que se genere una insurrección contra el gobierno legítimo de la isla. Es también coparticipe directo e indirecto de los asesinatos que la Secretaria de Guerra efectúa en los océanos de nuestra América con el bombardeo miserable y cobarde de pequeñas embarcaciones.
Lo significativo, igual que lo es el propio Donald Trump, y los miembros de su círculo más cercano, entre los cuales está Marco Rubio, radica en que desde el gobierno estadounidense pretenden dar lecciones de moral para adelantar sus políticas criminales, entre las que sobresale la persecución y expulsión de migrantes pobres, y la acusación contra estos migrantes y contra gobiernos enteros de nuestra América (Venezuela, México, Colombia) de ser narcoterroristas. Lo significativo, decimos, radica en que esas acusaciones provienen de un individuo con un prontuario criminal, ligado a narcotraficantes, estafadores, especuladores, mafiosos y pedófilos, si recordamos que Trump aparece en los Archivos de Jeffrey Epstein como un activo participante en orgias y violaciones de niñas. Marco Rubio también aparece mencionado en esos archivos, aunque hasta ahora no se ha precisado su nivel de participación en las aventuras sexuales del maniático sionista y miembro del Mossad.
Todo esto no es aleatorio ni secundario en la vida de Marco Rubio, ni de Donald Trump y compañía, simplemente es una expresión de las características que adopta el capitalismo realmente existente que precisa del tráfico de personas, drogas, órganos, especulación financiera e inmobiliaria con el fin de mantener a flote a delincuentes consumados que gobiernan el mundo, como es el caso conjunto de Donald Trump y Marco Rubio.
Para concluir, podemos decir que este libro describe con detalle la vida de un reaccionario químicamente puro, para evocar el afortunado calificativo de Gabriel García Márquez al referirse a Alexander Haig, Secretario de Estado (1981-1982), como Rubio, en el sanguinario gobierno de Ronald Reagan. (Bogotá, febrero de 2026)
Por Renán Vega Cantor
El libro versa sobre un tenebroso personaje, Marco Rubio, que ahora ocupa los cargos de Secretario de Estado de los Estados Unidos y Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump.
“Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mundo, por quitarle a otros pueblos sus tierras, no son héroes, sino criminales”. José Martí, La Edad de Oro, 1889.
1
Hedelberto López Blanch es un periodista, escritor e investigador cubano con una notable trayectoria en el análisis y estudio de temas de política contemporánea, sobre todo en lo referido al asunto de la agresión permanente de Estados Unidos contra Cuba.
El libro que ahora se edita en Colombia es de gran actualidad, porque versa sobre un tenebroso personaje, Marco Rubio, que ahora ocupa los cargos de Secretario de Estado de los Estados Unidos y Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump. Este personaje ha sido precandidato presidencial por el Partido Republicano y en la actualidad, entre bambalinas, está preparando su postulación presidencial para suceder a Donald Trump en el 2028.
El interés del libro no estriba solamente en examinar el relevante rol que desempeña el “Pequeño Rubio”, como lo denominó Trump de manera despectiva durante los debates de la campaña electoral de 2016, sino en analizar el contexto de las múltiples agresiones que se realizan en estos momentos contra Nuestra América, las cuales son preparadas y coordinadas por la organización criminal de Estado que habita en la Casa Blanca, siendo Marco Rubio uno de sus principales operadores.
Aunque este libro fue redactado antes de los sucesos del 3 de enero, cuando se presentó la brutal agresión de Estados Unidos a Venezuela y a toda Nuestra América, se pueden encontrar elementos de juicio suficientes para comprenderla en una perspectiva amplia, así como para entender muchos de los acontecimientos que sacuden al mundo ante las acciones criminales del decadente imperialismo estadounidense. En ese contexto sombrío se analiza el papel que desempeña Rubio, (un individuo ambicioso, un trepador nato, y un mentiroso consumado) para lograr sus fines personales, aunque eso suponga llenar de dolor y sangre a gran parte del mundo.
Rubio, que no tiene el nivel intelectual de Henry Kissinger, ostenta simultáneamente los dos cargos que este ejerció en uno de los gobiernos de Richard Nixon, lo que indica el poder con el que cuenta y el reto de emular el prontuario asesino de uno de los peores criminales de guerra del siglo XX. Lo que ha sucedido en el primer año del segundo mandato de Donald Trump (genocidio en Gaza, ataque a Venezuela con 120 asesinados, bloqueo total a Cuba, bombardeos a las lanchas de pescadores en el Caribe y en el Pacífico, bombardeo a Irán y otros países), con la participación directa o encubierta de Marco Rubio indica que, a ese paso, puede emular el prontuario criminal de Henry Kissinger. Una diferencia es que Kissinger era un asesino ilustrado, mientras que Rubio es un vulgar matón, entresacado de la mafia cubano-estadounidense de Miami.
2
Marco Rubio no es un caso aislado y excepcional de lo que es un político de ascendencia cubana en los Estados Unidos de los últimos setenta años, tras el triunfo de la Revolución en 1959. Es lo que podría denominarse un “tipo ideal”, para emplear libremente el concepto de Max Weber, es decir que, un personaje concreto, con nombre y apellido, no puede explicarse a partir de sí mismo, sino que es un producto de un patrón común, con características similares, surgido en un mismo lugar y en una misma época. Ese lugar es Miami, devenido tras el triunfo de la Revolución, en la capital mundial de la contra revolución y luego en la sede de los criminales de extrema derecha de los gobiernos civiles y de las dictaduras que han asolado el continente desde la década de 1960. Miami no se convirtió por obra y gracia del espíritu santo en uno de los epicentros de la extrema derecha de Estados Unidos y de todo el continente, y donde reside la mayor cantidad de asesinos y torturadores por metro cuadrado del planeta. Lo que resultó en Miami es el resultado de una política fría y calculada de los gobiernos que en Estados Unidos han existido desde Dwight D. Eisenhower (1953-1961), todos los cuales, sin ninguna excepción, han tenido en la mira la destrucción de la Revolución Cubana. En esa perspectiva, financian, organizan, toleran, aúpan y arman a los torturadores, asesinos, traficantes y toda ralea de delincuentes de origen cubano que sirvan a sus propósitos de sabotear a Cuba socialista. Para ello, Estados Unidos no ha escatimado ningún recurso, ilegal e inhumano, con tal de que esos asesinos actúen a sus anchas en Miami. Esto dio como resultado que un importante grupo de exiliados de origen cubano se convirtiera en una poderosa fuerza económica, política, ideológica y cultural en el Estado de La Florida (Miami). Ese poder es económico, producto de la incursión en todo tipo de actividades ilegales, pero toleradas por los gobiernos de Estados Unidos, entre las cuales se encuentran el tráfico de drogas y de armas y la prostitución, dado que ese grupo de exiliados se configuró desde 1959 como un conglomerado mafioso, en el que descollaban los asesinos del gobierno de Fulgencio Batista, que formaron el núcleo duro y original que luego se fue reciclando entre muchos de sus hijos y descendientes. Esos delincuentes nunca son condenados y peor aún gozan de la protección y del estatus de “hombres honrados”, por su condición privilegiada de exiliados anticastristas que llegaron a ser de la CIA y coparticipes en asesinatos en Cuba y otros países y responsables de horrendos atentados, como el estallido de un vuelo de Cubana de Aviación en octubre de 1976, en el que perecieron 73 personas. Ese atentado fue organizado por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, ambos de origen cubano, que fueron miembros de la CIA y a uno de los cuales (Bosch), un juez de Estados Unidos catalogaría como un “terrorista no arrepentido”. Fueron individuos de este talante, similar al de Marco Rubio, los que configuraron el Miami contemporáneo, con el aval de los gobiernos locales y federales de los Estados Unidos en las últimas siete décadas. Tipos de este talante van a participar en las sucesivas agresiones no solo contra Cuba (como la fracasada Invasión de Bahía Cochinos en 1961), sino contra Nicaragua, Venezuela y todos los países en los cuales la extrema derecha anticomunista ha saboteado a gobiernos que no le caen bien a Washington.
Esa mafia devino en un poder político y electoral en el estado de la Florida, puesto que, al cabo de poco tiempo, terminó controlando cargos político-administrativos (alcaldes, jefes de policía, gobernadores) y se convirtió en una gran fuerza electoral de la extrema derecha, que ha llegado a ser decisiva en el triunfo de candidatos republicanos a la Presidencia de Estados Unidos. En la práctica, lo que se defina o se haga en términos políticos en La Florida está determinado por lo que diga ese poderoso lobby anticubano. Muchos de sus miembros ahora son “respetados empresarios” y “hombres de negocios”, que han devenido multimillonarios en la industria inmobiliaria, en el deporte, en la farándula, y en negocios non sanctus, vinculadas en forma directa con múltiples actividades criminales. Entre ellos se encuentra Marco Rubio, que han limpiado su hoja de muerte y su currículo criminal, para incursionar en la alta política.
Esa mafia ha devenido un poder ideológico y cultural, puesto que define el perfil dominante en Miami, en donde dominan los valores de la extrema derecha, de la ideología anticomunista y donde se imponen políticas retrógradas y represivas. Entre otras la prohibición del aborto, la censura de libros de autores de Estados Unidos, de Nuestra América (Gabriel García Márquez entre ellos) y del mundo (como William Shahespeare), la celebración el 7 de noviembre de un día anticomunista…
Este es el entramado social, político, económico y cultural en el que nace y se desenvuelve Marco Rubio, el cual no puede entenderse al margen de dicho contexto. En ese sentido, Rubio está conectado de todas las formas y por todos los medios, incluyendo ilegales y delincuenciales, con la mafia cubano-estadounidense que se hizo el grupo dominante en la vida cotidiana de Miami. Es, en síntesis, el “tipo ideal” de la mafia cubano-estadounidense de Miami, el prototipo individual de un molde universal en el micro mundo de exiliados cubanos de extrema derecha de La Florida.
3
El título del libro, Un mitómano incontrolable, hace referencia a una de las características de Marco Rubio, quien es un mentiroso redomado, como se pone de presente, para empezar, con las referencias que él mismo hace de su biografía y la de sus padres, quienes llegaron a Estados Unidos en 1956, tres años antes del triunfo de la Revolución Cubana. Sin embargo, Rubio se inventó el cuento, políticamente muy rentable en el contexto anticastrista de Miami, que sus padres eran perseguidos políticos y habían huido de Cuba después de 1959. Esta mentira, conscientemente urdida, tiene la finalidad de presentarse ante la comunidad cubana de Miami como hijo de unos “perseguidos políticos” y él mismo como un “héroe” que encarna ese supuesto sufrimiento, pero que con tesón alcanzó el “sueño americano” por si mismo y con sus propios méritos.
Esta es la primera mentira a la cual le siguen un reguero interminable, que se mezclan con estafas, malos manejos financieros, malversaciones de fondos, y alianzas directas con empresas de armas y la Asociación Nacional del Rifle y lobbies, sobresaliendo el del Estado de Israel, y de la extrema derecha no sólo de Estados Unidos, sino de diversos lugares del mundo, en donde deben resaltarse sus conexiones con la extrema derecha y paramilitar de Colombia, encabezada por uno de los seguidores de Pablo Escobar, que llegó a la Presidencia de la República hace unos años.
Desde su juventud, Marco Rubio se desenvolvió en el ambiente del narcotráfico en tiempos del auge del Cartel de Medellín, la especulación inmobiliaria y las estafas. A tal punto sobresalen sus nexos con el tráfico de estupefacientes que algunos lo denominan Narco Rubio. En su carrera meteórica hacia el senado de La Florida se asoció con delincuentes, entre los cuales puede mencionarse al cubano-estadounidense David Rivera, quien ha sido condenado por la justicia de Estados Unidos, aunque, como suele ser costumbre, los miembros de esta mafia no cumplen sus condenas, o se les reduce o son sencillamente exonerados de sus crímenes. Un cuñado de Rubio, Orlando Cicilia, es un conocido narcotraficante que fue condenado a veinticinco años de prisión por sus delitos en la década de 1980, de los cuales pasó en la cárcel solamente doce. Un hecho significativo radica en que cuando ese criminal fue arrestado vivía en la misma casa de Marco Rubio. Además, en 2002, cuando Cicilia estaba libre, su cuñado Marco Rubio le dio una carta de recomendación para obtener una licencia de bienes raíces, que normalmente no se la entregan a un exconvicto por tráfico de estupefacientes, pero Cicilia la obtuvo. Esta parte del prontuario de Marco Rubio es analizada con detalle en varios capítulos de este libro.
Y otra parte de la obra se dedica a escudriñar en sus posturas políticas de extrema derecha desde cuando fue Senador de Florida, precandidato presidencial y ahora en su condición de Secretario de Estado. Se resalta, con documentación de diversa índole, la manera en que Marco Rubio es un abanderado del lobby cubano-estadounidense de Miami. Su ideología es la misma de hace setenta años, siendo su objetivo principal destruir la Revolución Cubana, hacerle daño al pueblo cubano y a todos los pueblos del continente que buscan ser soberanos, independientes e intentan romper con la tutela del atrabiliario imperialismo estadounidense. En esa cruzada de extrema derecha sobresalen sus acciones contra Cuba, Nicaragua, Venezuela, China, su apoyo al genocidio de Gaza y su respaldo a los proyectos reaccionarios de la extrema derecha dentro de Estados Unidos y fuera de sus fronteras.
En esa dirección, Rubio es el primer responsable de la agresión contra Venezuela y del secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Floréz y del asesinato de 120 personas, entre ellas 32 cubanos. Es el responsable del bloqueo energético a Cuba, que tiene como objetivo hambrear a sus habitantes, esperando de esa forma que se genere una insurrección contra el gobierno legítimo de la isla. Es también coparticipe directo e indirecto de los asesinatos que la Secretaria de Guerra efectúa en los océanos de nuestra América con el bombardeo miserable y cobarde de pequeñas embarcaciones.
Lo significativo, igual que lo es el propio Donald Trump, y los miembros de su círculo más cercano, entre los cuales está Marco Rubio, radica en que desde el gobierno estadounidense pretenden dar lecciones de moral para adelantar sus políticas criminales, entre las que sobresale la persecución y expulsión de migrantes pobres, y la acusación contra estos migrantes y contra gobiernos enteros de nuestra América (Venezuela, México, Colombia) de ser narcoterroristas. Lo significativo, decimos, radica en que esas acusaciones provienen de un individuo con un prontuario criminal, ligado a narcotraficantes, estafadores, especuladores, mafiosos y pedófilos, si recordamos que Trump aparece en los Archivos de Jeffrey Epstein como un activo participante en orgias y violaciones de niñas. Marco Rubio también aparece mencionado en esos archivos, aunque hasta ahora no se ha precisado su nivel de participación en las aventuras sexuales del maniático sionista y miembro del Mossad.
Todo esto no es aleatorio ni secundario en la vida de Marco Rubio, ni de Donald Trump y compañía, simplemente es una expresión de las características que adopta el capitalismo realmente existente que precisa del tráfico de personas, drogas, órganos, especulación financiera e inmobiliaria con el fin de mantener a flote a delincuentes consumados que gobiernan el mundo, como es el caso conjunto de Donald Trump y Marco Rubio.
Para concluir, podemos decir que este libro describe con detalle la vida de un reaccionario químicamente puro, para evocar el afortunado calificativo de Gabriel García Márquez al referirse a Alexander Haig, Secretario de Estado (1981-1982), como Rubio, en el sanguinario gobierno de Ronald Reagan. (Bogotá, febrero de 2026)


Nenhum comentário:
Postar um comentário