Por Jenin: Traducido del inglés para Rebelión por Jesica Safa
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[Foto: Mural en un pueblo palestino: «Esto era un hogar; esto volverá a ser un hogar» ISM palsolidarity.org)] |
Como mujer palestina nacida en el siglo XXI, soy producto generacional de los sobrevivientes de la Nakba y del trauma que eso conlleva. Por más distante que parezca, solo estoy a dos generaciones de distancia de la catástrofe de 1948 en Palestina, donde más de 750.000 palestinos y palestinas fueron desplazados de sus tierras y otros miles fueron masacrados. Las milicias sionistas respaldadas por el Imperio británico arrasaron aldeas palestinas, mataron, violaron, desplazaron y encarcelaron a cualquier persona que pudieran encontrar, todo ello para establecer el nuevo proyecto colonial de asentamiento de Israel. Este día de la historia palestina mancharía el suelo con la sangre derramada y el trauma acumulado durante décadas.
Mis abuelos por ambos lados son mayores que el Estado de Israel, cada uno nació unos años antes de la Nakba. El 14 de mayo de 1948 fue probablemente un día bastante normal en la infancia de mis abuelos. Debían de estar dentro de sus casas con sus familias o jugando afuera como cualquier otro día. Al día siguiente todo cambió. El 15 de mayo las milicias sionistas irrumpieron en sus ciudades natales, asesinaron a sus vecinos y destruyeron aldeas enteras. Se despojó a mis abuelos de su infancia y se desarraigó completamente sus vidas.
Después de la Nakba, todo cambió. El pueblo de Palestina ahora vive bajo una ocupación de racistas que lo desprecia, lo deshumaniza y que deciden qué derechos pueden y no pueden tener en su propia patria, y la amenaza de violencia siempre está presente. Mi bisabuelo recibió un disparo en la cabeza de un colono. La financiación del sistema educativo palestino se redujo drásticamente, lo que llevó a los padres de mi madre a irse a Europa para ir a la universidad. Cuando intentaron regresar a su casa después de la Naksa de 1967, de alguna manera los soldados extranjeros tenían autoridad para prohibirles volver a entrar. Tuvieron que mudarse a Jordania y empezar una nueva vida. Estaban a solo dos horas de sus familias, pero no sabían si alguna vez se les permitiría hacer el corto viaje de regreso. Mi abuela ha estado en Palestina solo una vez desde entonces y mi abuelo dos veces.
Mis otros abuelos permanecieron en su tierra, pero tuvieron que vivir una vida de fuertes restricciones y limitación de movimientos. Me cuesta imaginar lo que fue presenciar el saqueo de nuestra patria por invasores extranjeros, pero nunca he podido comprender realmente la magnitud de ver cómo la colonización gradual parecía empeorar a lo largo de las décadas. Nunca olvidaré cuando mi abuelo, que en aquel entonces era conductor de autobús, me dijo que una vez pudo conducir hasta Beirut o Bagdad y regresar a casa el mismo día. Ahora resulta impensable.
Desde que tenía edad suficiente para comprender supe que Palestina era mi patria y que estaba siendo dañada por algo llamado Israel. Israel fue la razón por la que mi madre nació en Jordania en lugar de en Palestina y la fuerza impulsora que llevó a mis padres a mudarse a los Estados Unidos para obtener una mejor educación y trabajo. Es lo que me separa del resto de mi familia y me impide conocerlos plena y verdaderamente. Israel es la razón por la que solo veo a mis abuelos cada pocos años, por la que tengo que ver crecer a mis primos más jóvenes a través de una pantalla de teléfono. Cómo palestina que creció en los Estados Unidos, estaba inmersa en la cultura occidental y desconectada de la mía propia, e Israel es la razón.
Esta era mi norma, la realidad en la que nací. Después de un tiempo, el recordatorio diario de estar privada de derechos y la crueldad de todo se convierten en algo a lo que una simplemente se acostumbra. Empiezas a hacerte a la idea de la inquietante sensación de que quizá esta sea la suerte de todo palestino o palestina en este mundo: una vida de desplazamiento y diáspora, con farsas ocasionales, como las anteriores campañas de bombardeo de Gaza en 2008, 2012 y 2014. Este proceso de desensibilización está impreso en mi ADN generacional; prácticamente nací ya acostumbrada a la injusticia de ser palestina.
La brutal verdad es que la Nakba nunca terminó. Todos lo sabemos instintivamente, pero fue sobre todo después de los esfuerzos de normalización de los Acuerdos de Oslo cuando una falsa sensación de comodidad atormentó a la comunidad palestina durante las dos décadas posteriores a su firma. La realidad antes de octubre de 2023 era la protesta ocasional y la indignación ocasional, solo para ser sofocadas por declaraciones poco entusiastas de apática compasión de parte de los políticos. Me involucré en la organización estudiantil a favor de Palestina en 2021 y aunque trabajábamos constantemente, el paisaje entonces era mucho más tranquilo y pequeño.
Entonces, hace dos años y medio, comenzó la fase actual de genocidio en Gaza. No creo que alguna vez vaya a experimentar la vida como aquel otoño. Me había ido a dormir el 6 de octubre, cuando todo era relativamente «normal», luego me desperté para mi turno matutino a las 4:30 de la mañana con mi teléfono rebosante de notificaciones. Recuerdo ir a mi trabajo de camarera con los auriculares todo el tiempo, viendo Al-Jazeera mientras hacía café para personas que no tenían idea de lo que había cambiado en el mundo.
Después del 7 de octubre las protestas se volvieron constantes, la indignación se convirtió en algo tan sempiterno que sentías que podía consumirte y quemarte hasta convertirte en cenizas. Lo que alguna vez fueron unos cientos de personas en las calles se convirtieron en miles, y en algunos lugares acudieron millones.
Fue el comienzo de un período de agotamiento, en el que cada día había algo tan importante que organizar, hasta el punto de que mis estudios ya no importaban. Fue difícil, pero lo que le estaba sucediendo a la población de Gaza era mucho peor y se convirtió en cuestión de gastar todo lo que una tiene para aquellas personas que no tienen nada. Millones de personas sintieron lo mismo en todo el mundo, y esto desencadenó la educación masiva y la movilización del movimiento de solidaridad con Palestina que vemos hoy.
Desde octubre de 2023 las imágenes de Gaza que se asemejan a la Nakba han inundado nuestros cronogramas. Después de casi tres años de la más inhumana, deshumanizadora y genocida campaña por parte de los Estados Unidos e Israel, una podría suponer que se iba a afianzar una sensación de desesperanza, como ocurrió después de la Nakba de 1948. Pero considero este momento el catalizador para que ocurra exactamente lo contrario.
Israel cree que puede seguir haciendo lo que siempre ha hecho. Puede embarcarse en un genocidio total con la intención de borrar a los palestinos y palestinas del mapa, y luego acordar múltiples altos el fuego solo para romper cada uno de ellos. Después de todo, no se puede poner fin a un genocidio mientras la entidad genocida siga actuando con impunidad. La diferencia esta vez es que la gente de todo el mundo sabe lo que está pasando. Israel, junto con su benefactor, Estados Unidos, se ha acorralado a sí mismo de tal manera que dudo que pueda escapar alguna vez.
Y este es el combustible de mi optimismo revolucionario. A veces cuesta pensar que la liberación está cerca cuando me enfrento a tanta muerte y destrucción. Pero es aún más difícil ignorar las grietas en la fachada de la maquinaria estadounidense e israelí. Ambos se construyeron sobre cimientos falsos que ya estaban podridos y agrietados, y no perdurará nada de lo construido sobre los medios de vida aplastados de millones de personas. La gente está viendo la podredumbre salir a la superficie y está completamente asqueada con la situación de nuestro mundo que ha perpetuado el genocidio, todo ello sustentado por una clase gobernante ultrarrica, un capitalismo agonizante y la supremacía blanca.
Mientras que antes Israel era conocido como la democracia de Oriente Medio, ahora es la mancha, el villano que ha hecho reinar el caos, la muerte y la destrucción en toda la región. Mientras que hubo un tiempo en que obtener dinero de la AIPAC (1) significaba ser un candidato fuerte, ahora es una sentencia de muerte segura en las elecciones locales estadounidenses. Mientras que alguna vez instituciones estadounidenses como la Asociación Médica Estadounidense consideraron aceptable guardar silencio sobre Palestina, ahora se las condena por ello. Mientras que nuestros medios de comunicación y medios de noticias funcionaban como herramientas de la propaganda israelí, ahora se les considera instrumentos de guerra y opresión. Es nuestro trabajo y nuestro compromiso como activistas lo que ha cambiado la percepción de todas estas cosas que antes se consideraban normales.
En 1948, época en la que las noticias circulaban mucho más lento, Israel y Occidente creían haber conquistado un territorio para siempre. En 2026 ese territorio «conquistado para siempre» sigue luchando contra años de ocupación y genocidio. Esa es la diferencia: la lucha por Palestina se construyó sobre el sacrificio de nuestros mártires y revolucionarios, sobre principios y sobre el amor a nuestra tierra y a nuestro pueblo. Es una base hermosa y rica que puede resistir cualquier fuerza que intente derribarla.
La mayor parte de mi familia permanece en su tierra o cerca de ella en Jordania. Todos los días lo considero una constante victoria contra el opresor. Mientras conservemos nuestros hogares, medios de vida e historias, la identidad palestina nunca morirá, y mi familia está luchando esta batalla todos los días. Si la desensibilización tiene una impronta en mi ADN, también lo tienen la resiliencia y la fe inquebrantable de que Palestina pronto será liberada.
Jenin es palestina y activista de el movimiento feminista, en defensa de los derechos humanos y contra las guerras de Estados Unidos CODEPINK. Se licenció en Políticas Públicas de la Universidad de Illinois, Chicago, en diciembre de 2023. Durante más de cinco años Jenin ha sido una organizadora comunitaria y una persona dedicada al movimiento palestino a través de la defensa, la narración digital y la movilización de base. Cree firmemente en interrelación de las luchas y la liberación para todos.
Nota de la traductora:
(1) El American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) (Comité Estadounidense–Israelí de Asuntos Públicos) es un importante grupo de presión sionista en Estados Unidos que se describe a sí mismo como un «lobby proisraelí en Estados Unidos».
Texto original: https://znetwork.org/znetarticle/the-fuel-to-my-revolutionary-optimism/
Mis abuelos por ambos lados son mayores que el Estado de Israel, cada uno nació unos años antes de la Nakba. El 14 de mayo de 1948 fue probablemente un día bastante normal en la infancia de mis abuelos. Debían de estar dentro de sus casas con sus familias o jugando afuera como cualquier otro día. Al día siguiente todo cambió. El 15 de mayo las milicias sionistas irrumpieron en sus ciudades natales, asesinaron a sus vecinos y destruyeron aldeas enteras. Se despojó a mis abuelos de su infancia y se desarraigó completamente sus vidas.
Después de la Nakba, todo cambió. El pueblo de Palestina ahora vive bajo una ocupación de racistas que lo desprecia, lo deshumaniza y que deciden qué derechos pueden y no pueden tener en su propia patria, y la amenaza de violencia siempre está presente. Mi bisabuelo recibió un disparo en la cabeza de un colono. La financiación del sistema educativo palestino se redujo drásticamente, lo que llevó a los padres de mi madre a irse a Europa para ir a la universidad. Cuando intentaron regresar a su casa después de la Naksa de 1967, de alguna manera los soldados extranjeros tenían autoridad para prohibirles volver a entrar. Tuvieron que mudarse a Jordania y empezar una nueva vida. Estaban a solo dos horas de sus familias, pero no sabían si alguna vez se les permitiría hacer el corto viaje de regreso. Mi abuela ha estado en Palestina solo una vez desde entonces y mi abuelo dos veces.
Mis otros abuelos permanecieron en su tierra, pero tuvieron que vivir una vida de fuertes restricciones y limitación de movimientos. Me cuesta imaginar lo que fue presenciar el saqueo de nuestra patria por invasores extranjeros, pero nunca he podido comprender realmente la magnitud de ver cómo la colonización gradual parecía empeorar a lo largo de las décadas. Nunca olvidaré cuando mi abuelo, que en aquel entonces era conductor de autobús, me dijo que una vez pudo conducir hasta Beirut o Bagdad y regresar a casa el mismo día. Ahora resulta impensable.
Desde que tenía edad suficiente para comprender supe que Palestina era mi patria y que estaba siendo dañada por algo llamado Israel. Israel fue la razón por la que mi madre nació en Jordania en lugar de en Palestina y la fuerza impulsora que llevó a mis padres a mudarse a los Estados Unidos para obtener una mejor educación y trabajo. Es lo que me separa del resto de mi familia y me impide conocerlos plena y verdaderamente. Israel es la razón por la que solo veo a mis abuelos cada pocos años, por la que tengo que ver crecer a mis primos más jóvenes a través de una pantalla de teléfono. Cómo palestina que creció en los Estados Unidos, estaba inmersa en la cultura occidental y desconectada de la mía propia, e Israel es la razón.
Esta era mi norma, la realidad en la que nací. Después de un tiempo, el recordatorio diario de estar privada de derechos y la crueldad de todo se convierten en algo a lo que una simplemente se acostumbra. Empiezas a hacerte a la idea de la inquietante sensación de que quizá esta sea la suerte de todo palestino o palestina en este mundo: una vida de desplazamiento y diáspora, con farsas ocasionales, como las anteriores campañas de bombardeo de Gaza en 2008, 2012 y 2014. Este proceso de desensibilización está impreso en mi ADN generacional; prácticamente nací ya acostumbrada a la injusticia de ser palestina.
La brutal verdad es que la Nakba nunca terminó. Todos lo sabemos instintivamente, pero fue sobre todo después de los esfuerzos de normalización de los Acuerdos de Oslo cuando una falsa sensación de comodidad atormentó a la comunidad palestina durante las dos décadas posteriores a su firma. La realidad antes de octubre de 2023 era la protesta ocasional y la indignación ocasional, solo para ser sofocadas por declaraciones poco entusiastas de apática compasión de parte de los políticos. Me involucré en la organización estudiantil a favor de Palestina en 2021 y aunque trabajábamos constantemente, el paisaje entonces era mucho más tranquilo y pequeño.
Entonces, hace dos años y medio, comenzó la fase actual de genocidio en Gaza. No creo que alguna vez vaya a experimentar la vida como aquel otoño. Me había ido a dormir el 6 de octubre, cuando todo era relativamente «normal», luego me desperté para mi turno matutino a las 4:30 de la mañana con mi teléfono rebosante de notificaciones. Recuerdo ir a mi trabajo de camarera con los auriculares todo el tiempo, viendo Al-Jazeera mientras hacía café para personas que no tenían idea de lo que había cambiado en el mundo.
Después del 7 de octubre las protestas se volvieron constantes, la indignación se convirtió en algo tan sempiterno que sentías que podía consumirte y quemarte hasta convertirte en cenizas. Lo que alguna vez fueron unos cientos de personas en las calles se convirtieron en miles, y en algunos lugares acudieron millones.
Fue el comienzo de un período de agotamiento, en el que cada día había algo tan importante que organizar, hasta el punto de que mis estudios ya no importaban. Fue difícil, pero lo que le estaba sucediendo a la población de Gaza era mucho peor y se convirtió en cuestión de gastar todo lo que una tiene para aquellas personas que no tienen nada. Millones de personas sintieron lo mismo en todo el mundo, y esto desencadenó la educación masiva y la movilización del movimiento de solidaridad con Palestina que vemos hoy.
Desde octubre de 2023 las imágenes de Gaza que se asemejan a la Nakba han inundado nuestros cronogramas. Después de casi tres años de la más inhumana, deshumanizadora y genocida campaña por parte de los Estados Unidos e Israel, una podría suponer que se iba a afianzar una sensación de desesperanza, como ocurrió después de la Nakba de 1948. Pero considero este momento el catalizador para que ocurra exactamente lo contrario.
Israel cree que puede seguir haciendo lo que siempre ha hecho. Puede embarcarse en un genocidio total con la intención de borrar a los palestinos y palestinas del mapa, y luego acordar múltiples altos el fuego solo para romper cada uno de ellos. Después de todo, no se puede poner fin a un genocidio mientras la entidad genocida siga actuando con impunidad. La diferencia esta vez es que la gente de todo el mundo sabe lo que está pasando. Israel, junto con su benefactor, Estados Unidos, se ha acorralado a sí mismo de tal manera que dudo que pueda escapar alguna vez.
Y este es el combustible de mi optimismo revolucionario. A veces cuesta pensar que la liberación está cerca cuando me enfrento a tanta muerte y destrucción. Pero es aún más difícil ignorar las grietas en la fachada de la maquinaria estadounidense e israelí. Ambos se construyeron sobre cimientos falsos que ya estaban podridos y agrietados, y no perdurará nada de lo construido sobre los medios de vida aplastados de millones de personas. La gente está viendo la podredumbre salir a la superficie y está completamente asqueada con la situación de nuestro mundo que ha perpetuado el genocidio, todo ello sustentado por una clase gobernante ultrarrica, un capitalismo agonizante y la supremacía blanca.
Mientras que antes Israel era conocido como la democracia de Oriente Medio, ahora es la mancha, el villano que ha hecho reinar el caos, la muerte y la destrucción en toda la región. Mientras que hubo un tiempo en que obtener dinero de la AIPAC (1) significaba ser un candidato fuerte, ahora es una sentencia de muerte segura en las elecciones locales estadounidenses. Mientras que alguna vez instituciones estadounidenses como la Asociación Médica Estadounidense consideraron aceptable guardar silencio sobre Palestina, ahora se las condena por ello. Mientras que nuestros medios de comunicación y medios de noticias funcionaban como herramientas de la propaganda israelí, ahora se les considera instrumentos de guerra y opresión. Es nuestro trabajo y nuestro compromiso como activistas lo que ha cambiado la percepción de todas estas cosas que antes se consideraban normales.
En 1948, época en la que las noticias circulaban mucho más lento, Israel y Occidente creían haber conquistado un territorio para siempre. En 2026 ese territorio «conquistado para siempre» sigue luchando contra años de ocupación y genocidio. Esa es la diferencia: la lucha por Palestina se construyó sobre el sacrificio de nuestros mártires y revolucionarios, sobre principios y sobre el amor a nuestra tierra y a nuestro pueblo. Es una base hermosa y rica que puede resistir cualquier fuerza que intente derribarla.
La mayor parte de mi familia permanece en su tierra o cerca de ella en Jordania. Todos los días lo considero una constante victoria contra el opresor. Mientras conservemos nuestros hogares, medios de vida e historias, la identidad palestina nunca morirá, y mi familia está luchando esta batalla todos los días. Si la desensibilización tiene una impronta en mi ADN, también lo tienen la resiliencia y la fe inquebrantable de que Palestina pronto será liberada.
Jenin es palestina y activista de el movimiento feminista, en defensa de los derechos humanos y contra las guerras de Estados Unidos CODEPINK. Se licenció en Políticas Públicas de la Universidad de Illinois, Chicago, en diciembre de 2023. Durante más de cinco años Jenin ha sido una organizadora comunitaria y una persona dedicada al movimiento palestino a través de la defensa, la narración digital y la movilización de base. Cree firmemente en interrelación de las luchas y la liberación para todos.
Nota de la traductora:
(1) El American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) (Comité Estadounidense–Israelí de Asuntos Públicos) es un importante grupo de presión sionista en Estados Unidos que se describe a sí mismo como un «lobby proisraelí en Estados Unidos».
Texto original: https://znetwork.org/znetarticle/the-fuel-to-my-revolutionary-optimism/

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