Do Rebelión, 21 de abril 2026
Por Daniel Campione
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Claudio Katz. La epopeya palestina.. 1ª edición, La Plata. Batalla de Ideas, 2026. 240 páginas. |
Un estudio reciente recorre el pasado y el presente de la lucha palestina desde una posición comprometida, antiimperialista y marxista. Incluye la exploración de los antecedentes y desenlace del genocidio que hoy se vive allí. Sobre el final del libro acerca la mirada a América Latina y luego a Argentina en particular.
Katz revisa la historia del movimiento de resistencia palestina desde sus albores. Mucho antes de la creación del Estado de Israel. Cuando la emigración sionista recién daba comienzo. Y regía el “mandato británico”. Narra desde las rebeliones iniciales hasta el presente. Con las cruentas y repetidas guerras como mojones insoslayables.
El título ya es elocuente, al denominar “epopeya” a ese itinerario histórico. Se trata de la rebelión de un pueblo que defiende su tierra, su carácter nacional, su religión, su visión del mundo y de la vida. Hasta el derecho a existir, cada vez más amenazado por un enemigo que ha llegado a no detenerse ante nada ni ante nadie.
Y que ya proclama en voz alta el propósito de someter a los palestinos para siempre y anexarse sus territorios. Hasta llegar al exterminio total si lo juzgaran factible y necesario.
Ese enemigo no es sólo el cercano, el israelí. También el imperio del norte que ha utilizado a aquél de ariete desde mediados del siglo pasado. Y con intensidad creciente.
Los que abandonaron la lucha
El tratamiento deja en claro que ha sido una trayectoria de perseverancia y heroísmos. También de claudicaciones y deserciones. Desde los burgueses que dejaron en la estacada a los campesinos, allá por la década de 1930.
En tiempos más recientes, tuvieron lugar las sucesivas transformaciones de Al Fatah y las agrupaciones aliadas, en un comienzo firmes resistentes. Su posterior unificación en la Organización de Liberación de Palestina (OLP), pareció auspiciosa en su inicio. Pero fue una organización que a más tardar a partir de los Acuerdos de Oslo inició un sendero de capitulaciones permanentes.
El autor hace la crítica de la “solución” de dos Estados. Una salida ilusoria en la que nunca creyó Israel. Que jamás dejó de poblar de colonos hostiles las tierras que se supone pertenecerían al futuro Estado palestino.
Un agravante de importancia, señalado en el texto, fue el abandono por parte de los palestinos “moderados” del propósito de conformación de un Estado unificado y laico, que albergara a las dos comunidades. La aceptación de una partición territorial conlleva la aceptación de la ocupación y el despojo violento que dio inicio al conflicto.
La transformación de la OLP en Autoridad Nacional Palestina implicó la tentativa de legitimación de la política de retroceso frente a los avances sionistas. Lo que ha ido acompasado con la condena de las acciones de las fracciones radicales del movimiento, con Hamas y Hizbullah al frente.
Otro capítulo de las defecciones fue la de Estados árabes que fueron aliados y hasta emprendieron guerras como la llamada “de los seis días.” Terminaron por alejarse y buscaron la conciliación con Estados Unidos. Y el consiguiente respaldo a sus regímenes y sus negocios. Egipto, Marruecos, Jordania, Arabia Saudita, son exponentes de esa abdicación, cohonestadora del despojo practicado por el sionismo.
La acción imperial, la resistencia armada, sin medias tintas
A partir de esas constataciones, Katz asume una clara defensa de la posición de las organizaciones que se lo juegan todo al choque frontal contra el poder colonial y exterminador del sionismo. Una opción armada como instrumento para contrarrestar la radicalización hacia la derecha de Israel, lanzada a la destrucción generalizada.
Señala en paralelo el deterioro de la potencia internacional e interior del sionismo. Las condenas de los organismos internacionales. La impugnación activa a sus políticas por parte de las comunidades judías alrededor del mundo, muy en especial en Estados Unidos. Hasta en el seno de las fuerzas armadas israelíes arrecian los cuestionamientos a las acciones en curso.
A lo que se agrega el crecimiento de la movilización por Gaza a escala mundial, con creciente número de participantes. Manifestaciones públicas que no sólo repudian los atropellos israelíes sino a los gobiernos que de modo abierto o subrepticio dan su respaldo al genocidio. Las que han dado origen a iniciativas solidarias tan imponentes como la llamada Flotilla de la Libertad.
A la hora de la caracterización del vínculo entre el Estado sionista y EE.UU, Katz lo evalúa como una asociación estructural, con Israel en un papel de apéndice colonialista al que llama “coimperialista”.
Sin restar relieve a la incidencia del lobby proisraelí estadounidense, se pronuncia por la existencia de una asociación que no es mero producto de presiones y financiamiento. Sino que se asienta en un vínculo estratégico de largo alcance. Bajo la conducción de los intereses estadounidenses y no de los núcleos sionistas.
Un enfoque a resaltar en la obra es la opción clara y terminante sobre la justicia de la causa que defienden Hamas y Hizbullah. Lo que incluye los medios con la que procuran llevarla adelante. En esa línea no se hacen concesiones a las prevenciones sobre el “fundamentalismo islámico”.
A la hora de la evaluación del ataque de octubre de 2023, se la pone en correlación con los miles de palestinos que padecen cárcel y tortura. Y a cuya liberación se apuntó.
El autor privilegia el apoyo pleno a lo que considera es la indudable definición antiimperialista de esas organizaciones. No contrarrestada para nada, a su juicio, por su perfil religioso y cultural. El que es utilizado por el imperialismo y su socio principal para descalificarlas y sembrar confusión.
En contraposición a la desconsideración como “fundamentalistas” en los medios hegemónicos, Katz destaca por sobre todo el valor de su acción concreta. Incluso abre la comparación con lo que en su momento representaron los revolucionarios cubanos y luego los vietnamitas.
Los acercaría a esos precedentes la posibilidad de infligir nuevas derrotas inopinadas al poderío del imperialismo. En desmentida de las miradas timoratas que lo creen invencible.
En palabras del autor: “Los militantes de izquierda en todo el mundo tienen mucho que aprender de la práctica actual de sus pares palestinos y de los pensadores que conceptualizan esa resistencia en términos políticos y teóricos. Su extraordinaria resistencia ocupa actualmente el lugar que tenían las revoluciones vietnamita o cubana en los años sesenta y setenta. Las enseñanzas que se extraían de esa acción eran tan instructivas como las presentes en las batallas de Medio Oriente. Palestina procesa una epopeya heroica que puede anticipar las gestas revolucionarias.”
Katz llama también la atención sobre los efectos disolventes de las intervenciones militares imperialistas en Medio Oriente en las últimas décadas.
No instauran un “cambio de régimen” sino una anarquía signada por bandas corruptas y criminales. Que actúan sobre el fondo de completa inestabilidad, exacción de recursos y desintegración creciente de los países respectivos. Como escribe el autor, se trata de un “imperialismo del caos” que destruye países enteros sin la reinstauración del dominio norteamericano.
Alerta además sobre la posibilidad de que esta forma de proceder y sus desastrosos resultados se propaguen a otras partes del mundo. Una amenaza relevante para nuestras tierras.
América Latina-Argentina
Katz pasa revista en la última parte de su trabajo a los paralelismos existentes entre América Latina y Medio Oriente. Ambas zonas colocadas, si bien de distintas maneras, bajo el fuego yanqui.
La muy reciente agresión a Venezuela, con el propósito de establecimiento de una suerte de “protectorado” petrolero, es el ejemplo más flagrante. El investigador se ocupa de oponerse a la mirada que da la “domesticación” del gobierno venezolano como algo completo y definitivo. La disputa allí continúa, en su opinión.
Aborda las acciones estadounidenses y su exacerbación bajo el segundo mandato de Donald Trump como manifestaciones de un imperio en declive. Que requiere de la imposición de su preponderancia militar como la gran carta para mantener su lugar. Cuando su predominio económico ya es cosa del pasado.
El vigor creciente de la movilización contra el genocidio sionista en la región es una realidad palpable. Esa gesta abarca a los pueblos y también a varios gobiernos de signo progresista, como los de Venezuela, Colombia, Honduras y Cuba. Otros muestran una llamativa pasividad, como el de Inacio Lula da Silva en Brasil.
Los gobiernos de derecha y neoliberales de América Latina mantienen el previsible respaldo a las políticas del coloso del Norte y la mirada benévola hacia el socio israelí.
El cuadro se ensombrece del todo con la vergonzosa actitud del actual presidente argentino. Seguidor incondicional de la política israelí y festejante de las peores acciones criminales comandadas por Benjamín Netanyhau.
Lo que forma parte inescindible de su alineamiento total con Trump. Siempre los ha presentado como sus dos aliados prioritarios a nivel mundial, de los que no se apartará un ápice. Su muy reciente autoproclamación como “el más sionista del mundo” es sólo una de las varias estridencias que ha producido en esta cuestión.
En el país lo secundan instituciones judías sumadas por completo a la política genocida. Las que despliegan poder de lobby suficiente para la estigmatización a sus críticos como “antisemitas” y “terroristas”.
Procuran silenciarlos en los grandes medios y perseguir mediante jueces obedientes. Mientras brindan su complacencia a las demasías para las que Javier Milei busca respaldo en una “tradición judeocristiana” de antojadiza interpretación.
La DAIA, la AMIA y otras entidades se encargan de esas labores. Aceitadas además por negocios con armamentos y otros equipos militares y de “seguridad” con los que lucran personas que integran el elenco de gobierno en ejercicio.
Resalta también Katz que el poder y la eficacia de esas acciones son cada vez más relativos. Se expande en Argentina la denuncia de los atropellos israelíes. Cada vez más se llama al genocidio por su nombre, incluso en medios de repercusión masiva. Y se cuestiona al sionismo todo el tiempo por su sustancia colonial y racista.
Escribe Katz: “En el caso argentino, la movilización por Palestina no es tan solo un compromiso político y moral con un pueblo atropellado. Es también un paso hacia la recuperación de la soberanía que necesita el país para retomar su desarrollo. El sometimiento al libreto del sionismo es un eslabón de la sumisión al imperialismo, que asfixia la economía y empobrece a la población. Argentina debe sostener a Palestina para reencontrar su propio rumbo hacia la democracia, la igualdad y la justicia.”
Esa apuesta por la recuperación de un camino de dignidad y autonomía efectiva va en consonancia con la imbricación activa en un internacionalismo antiimperialista. El que tiene a la causa palestina como un epicentro de escala mundial.
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El libro entero es una muestra de articulación sin fisuras entre decisión militante y profundidad analítica. El esfuerzo en la atención a las variadas aristas del problema tratado sirve de fundamento a un compromiso activo. Y elimina la distancia entre el estudio riguroso y el alegato antiimperialista. Ambos tienen allí equilibrada presencia.
El despojo primero y luego la política de exterminio, constituyen uno de los peores ejemplos posibles de abuso brutal de poder. En nombre de las víctimas del holocausto, se consuman crímenes contra la humanidad que no es exagerado comparar con los cometidos por los nazis.
Como se escribe en el libro, los luchadores palestinos tienen, a la distancia en tiempo y espacio, lazos comunicantes con los rebeldes del ghetto de Varsovia. A su vez inscriptos en la tradición de izquierda y antifascista que supo ser distintiva de vastos sectores del judaísmo.
La que hoy revive en quienes proclaman “no en nuestro nombre” y ponen en ridículo la imputación de “antisemitas” que el poder sionista le hace a quienes atacan con vehemencia sus políticas.

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