Por Luis Portillo Pasqual del Riquelme
El martes 3 de marzo, el diario El País publicó un artículo firmado por Mariangela Paoney titulado “Las presiones de Estados Unidos para asfixiar a Cuba llegan hasta los hospitales de Calabria”. Me puse a leerlo con mucho interés y, según iba avanzando en la lectura, iba subiendo el tono de mi cabreo. De modo que entré en el apartado de “Comentarios” al artículo y, sin siquiera leer los 11 que ya había de otros tantos lectores del periódico, escribí el mío propio, tratando de sintetizar expresivamente mi espontáneo cabreo: “Los yankees, ellos, siempre tan caritativos y tan preocupados por el bienestar de la gente…”
El comentario quedó “pendiente de aprobación por EL PAÍS” (más tarde quedaría aprobado). Intuí que el artículo objeto de mi atención e indignación podría pasar desapercibido para muchas personas, sobre todo para quienes no leen y/o no tienen acceso a ese periódico. En mi opinión, la información que proporcionaba la autora, Mariangela Paone, era muy oportuna, y especialmente relevante para hacer visible –aunque fuera de forma minúscula– la falaz propaganda trumpista-imperialista con la que se pretende justificar más de medio siglo de bloqueo a Cuba, demonizar a sus dirigentes y preparar el asalto final, como amenazan de forma frívola y procaz de Donald Trump y Marco Rubio para contentar a sus bases de Miami.
Una propaganda que se limita a ‘sacar la foto’ (inmediata y estática, por definición) de ‘la situación’ actual en Cuba, de la basura sin recoger en La Habana y la suciedad de sus calles, de los apagones, de una ciudad a oscuras y sin energía eléctrica, del hambre y malestar del pueblo cubano… Todo ello omitiendo el origen y la dinámica de los hechos que –desde hace más de 60 años– han abocado a esta situación. Y ocultando también la enorme responsabilidad de los mismísimos yankees, con su bendita injerencia en su ‘patio trasero’, como sucedió también en Panamá, en Chile, en Nicaragua, en Venezuela y en tantos otros países de América Latina. Y no solo allí, como estamos presenciando en estos mismos días.
Decidí que tenía que dejar de lado mi previsto plan de trabajo para esa misma tarde –mi lentitud y mis atrasos son ya irremediables– y redactar estas líneas para difundir de alguna manera el artículo de título tan expresivo como indignante. Ese titular lo decía bien claro: “para asfixiar a Cuba” –y en ello están–, no para ayudar a la población de Calabria. Esa población –como la de otros países– les importa un pimiento a los supremacistas USA; no es su objetivo ni su negocio.
La ‘entradilla’ del artículo era, sin maldad alguna, la denuncia de un canalla y de una política miserable, rastrera, repugnante: “La región del sur de Italia defiende la contratación de 400 médicos cubanos, que llegaron hace tres años para suplir la carencia de especialistas. Trump envió hasta allí [a Calabria, en el sur de Italia] a su encargado de negocios para tratar la cuestión”.
¡”Para tratar la cuestión…”! De manera que Cuba, haciendo ella misma un gran esfuerzo, envía a sus profesionales médicos para paliar una carencia humanitaria en una precaria región necesitada y el mandatario imperial yankee, en lugar de prestar todo su apoyo a esa tarea, envía ¡a su encargado de negocios! a intentar deshacer esa aportación ‘comunista’ de una Cuba solidaria y a denigrar sus encomiables acciones ejemplares también fuera de Cuba, la Isla que antaño fuera lupanar de Estados Unidos en el Caribe, hasta que “llegó Fidel y mandó parar”. El Tío Sam no se lo perdonó jamás. Y ahí sigue con sus amenazas obscenas, su asedio medieval y su terrorismo de Estado.
Para Trump y los suyos, todo es negocio, tanto la vida como la muerte. En cambio Cuba y sus gentes, a pesar de sus problemas y sus inmensas carencias, cuando tuvo lugar la pandemia de coronavirus, desplegó por todo el mundo, desde México hasta Andorra, en grupos numerosos o reducidos, a través de distintos acuerdos o convenios, sus médicos y especialistas de la salud (El País, 25/04/2020), todo un ejemplo –convenientemente silenciado– para los países ricos y ‘desarrollados’. Y, en particular, para el Imperio imperial USA, que no se lo perdona.
Tal como relata Mariangela Paone en su artículo, desde 2022 un grupo de 12 médicos cubanos hace posible mantener abierto el servicio de Urgencias -¡nada menos que, precisamente, las Urgencias!– del hospital Juan Pablo II de Lamezia Terme (Calabria, en el sur de Italia). Así lo confirma, de forma tajante, la responsable de ese Servicio, que desde hace tres años tiene a esos médicos a su cargo: “Sin ellos, el servicio de Urgencias no podría seguir existiendo” (Calabria es una de las regiones más pobres de Europa, con carencia crónica de médicos). Forman parte de un contingente que llegó en 2022 a esta región para paliar una carencia crónica de médicos que abocaba al cierre de unidades hospitalarias enteras.
Para algunos de esos médicos, Calabria no es su primer destino en el extranjero. Antes, ya habían trabajado en otros países igualmente necesitados de estos profesionales. Eran aquellas famosas misiones internacionales que durante décadas han mostrado al mundo la solidaridad internacionalista de Cuba. Una tarea que para sus detractores y enemigos es solo una fuente de divisas y de propaganda ideológica, porque una parte de los ingresos generados se envían a La Habana.
Con la escalada de las presiones de Estados Unidos para asfixiar económicamente a la isla, esos médicos han vuelto a estar en el punto de mira de la Administración Trump. Hasta el punto de que el Encargado de Negocios estadounidense en Cuba, Mike Hammer, se desplazó a finales de febrero hasta Calabria para –como se dice en la entradilla– ‘tratar la cuestión’ con el presidente de la región, Roberto Occhiuto, una visita, la de Hammer, que ha levantado polvareda.
Y es que, ante la situación límite del sistema sanitario de la región y la escasa respuesta a las convocatorias para captar profesionales, el presidente Occhiuto decidió contratar a los médicos cubanos, teniendo en cuenta que ya antes, en 2020, profesionales cubanos habían sido empleados en el norte de Italia (Lombardía) para paliar la grave situación creada por la pandemia de covid. Para ello, se firmó el correspondiente contrato con la entidad –dependiente del Gobierno cubano— que gestiona esos servicios médicos. El acuerdo se firmó en agosto de 2022 y los primeros 51 médicos llegaron antes de fin de año. “Los calabreses serán felices de acogeros porque conocen vuestras calidades profesionales y la calidad del servicio médico cubano”, dijo aquel día el presidente Occhiuto al recibir a los recién llegados entre aplausos, señala en su artículo Mariangela Paone.
La Administración estadounidense, incluso durante la presidencia de Biden, nunca ha ocultado su… “falta de entusiasmo por esta iniciativa”. El Gobierno de Calabria tenía previsto llegar a mil médicos cubanos a lo largo de 2026. Pero, debido a las presiones estadounidenses –que no se confiesan públicamente— publicó en enero una nueva convocatoria para reclutar profesionales de países de la UE y terceros. Además, el deterioro de la situación en Cuba, propiciado por la Administración Trump con el endurecimiento del embargo petrolífero, también podría restringir la salida de médicos de la Isla.
Para muchas personas, estamos ante una injerencia o una imposición de EEUU, como pone de manifiesto la visita a Calabria del mencionado Encargado de Negocios norteamericano en Cuba, Mike Hammer. Sobre su encuentro con éste –relata la autora del artículo–, el presidente Occhiuto afirma: “Le expliqué con franqueza que los médicos cubanos presentes hoy son indispensables para mantener operativos hospitales y urgencias. Aclaré que nuestro sistema de salud está abierto a profesionales de todas las nacionalidades”. Y subraya que “el Departamento de Estado de EE UU ha expresado su disposición a brindar asistencia concreta en el proceso de contratación de médicos”, sin precisar en qué consistiría dicho presunto apoyo…
¿Por qué la Administración Trump no envía sus propios médicos, como viene haciendo Cuba desde hace décadas, en lugar de enviar marines, misiles y portaviones por doquier…? El presidente calabrés concluye afirmando que los 400 médicos que ya han llegado se quedarán al menos hasta 2027. Sin ellos, afirman fuentes locales, “tendrían que cerrar todos los hospitales”. “En una región que aún no cuenta con la escuela de especialización en medicina de urgencias, poder disponer de médicos formados representa un recurso difícilmente sustituible”, comenta el general exjefe de Sanidad del ejército italiano, que fue quien se encargó de la selección de los profesionales. Fueron contratados mediante la prórroga de una norma que se adoptó durante la pandemia para permitir la llegada de personal extranjero. “He evaluado los currículos, las experiencias profesionales y también he estudiado el sistema sanitario cubano, que es muy similar al nuestro”, comenta el general, quien destaca la “competencia clínica” de los médicos cubanos.
Por su parte, el jefe de Medicina Interna del hospital reconoce que “su contribución se ha notado no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino [también] cualitativo”. En este centro no quieren ni imaginar su posible salida. “No faltan nunca, no piden vacaciones o días por enfermedad. Son un ejemplo de dedicación y capacidad de trabajo. Si no estuvieran, primero echaríamos de menos a las personas. Luego, como profesionales, tendríamos más problemas”, añade el jefe de Cardiología.
Los médicos cubanos han mostrado su preocupación ante las amenazas trumpistas para que no continúen su trabajo. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció ya en febrero del año pasado la restricción de visados para funcionarios de gobiernos extranjeros “implicados” en lo que EE UU define como “trabajo forzoso”. Y esas presiones y amenazas de Washington ya han tenido perniciosos efectos: Honduras acaba de anunciar que cerrará el programa, como ya habían hecho Guatemala, Paraguay, Bahamas, Jamaica, Guyana, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas y recientemente Venezuela….
Las brigadas médicas cubanas empezaron en 1960, tras la victoria de la Revolución en 1959. Según las autoridades cubanas, han atendido a cientos de miles de personas en más de 150 países y han permitido cubrir necesidades médicas hasta incluso en zonas remotas.
A todo ello subyace –además de la manifiesta solidaridad internacionalista del pueblo cubano— una realidad insoslayable: Mientras que en Estados Unidos la atención sanitaria y la formación universitaria tienen unos costes elevadísimos para cualquier ciudadano, en Cuba, por el contrario, la Sanidad y la Educación –incluida la formación universitaria– son totalmente gratuitas, con cargo al Estado cubano. Por eso, el envío de médicos al extranjero durante un cierto periodo de tiempo puede considerarse una contraprestación a su formación universitaria gratuita.
Mientras unos envían bombas, misiles, marines y portaviones a otros países, Cuba envía profesionales médicos que, en lugar de matar, salvan vidas. Una diferencia muy importante para quien quiera ver, y que molesta al Tío Sam.
Y por si no quedara suficientemente claro, la Asamblea General de la ONU ha aprobado ya más de una treintena de resoluciones exigiendo el fin del ilegal bloqueo yankee a la Isla. Claro es que Trump se pasa esas resoluciones por el forro, como hacen también Netanyahu y Mohamed VI de Marruecos, este último, con la ocupación militar ilegal del Sáhara Occidental.
Luis Portillo es autor de ¿Alimentos para la Paz? La ‘ayuda’ de Estados Unidos (IEPALA, Madrid, 1987). Una síntesis del libro se ofrece en el artículo “Los beneficios de la ayuda alimentaria para Estados Unidos. Un estudio del Programa <<Alimentos para la Paz>>” (Información Comercial Española (ICE). Revista de Economía, Nº 643, 1987, págs. 153-172).
El comentario quedó “pendiente de aprobación por EL PAÍS” (más tarde quedaría aprobado). Intuí que el artículo objeto de mi atención e indignación podría pasar desapercibido para muchas personas, sobre todo para quienes no leen y/o no tienen acceso a ese periódico. En mi opinión, la información que proporcionaba la autora, Mariangela Paone, era muy oportuna, y especialmente relevante para hacer visible –aunque fuera de forma minúscula– la falaz propaganda trumpista-imperialista con la que se pretende justificar más de medio siglo de bloqueo a Cuba, demonizar a sus dirigentes y preparar el asalto final, como amenazan de forma frívola y procaz de Donald Trump y Marco Rubio para contentar a sus bases de Miami.
Una propaganda que se limita a ‘sacar la foto’ (inmediata y estática, por definición) de ‘la situación’ actual en Cuba, de la basura sin recoger en La Habana y la suciedad de sus calles, de los apagones, de una ciudad a oscuras y sin energía eléctrica, del hambre y malestar del pueblo cubano… Todo ello omitiendo el origen y la dinámica de los hechos que –desde hace más de 60 años– han abocado a esta situación. Y ocultando también la enorme responsabilidad de los mismísimos yankees, con su bendita injerencia en su ‘patio trasero’, como sucedió también en Panamá, en Chile, en Nicaragua, en Venezuela y en tantos otros países de América Latina. Y no solo allí, como estamos presenciando en estos mismos días.
Decidí que tenía que dejar de lado mi previsto plan de trabajo para esa misma tarde –mi lentitud y mis atrasos son ya irremediables– y redactar estas líneas para difundir de alguna manera el artículo de título tan expresivo como indignante. Ese titular lo decía bien claro: “para asfixiar a Cuba” –y en ello están–, no para ayudar a la población de Calabria. Esa población –como la de otros países– les importa un pimiento a los supremacistas USA; no es su objetivo ni su negocio.
La ‘entradilla’ del artículo era, sin maldad alguna, la denuncia de un canalla y de una política miserable, rastrera, repugnante: “La región del sur de Italia defiende la contratación de 400 médicos cubanos, que llegaron hace tres años para suplir la carencia de especialistas. Trump envió hasta allí [a Calabria, en el sur de Italia] a su encargado de negocios para tratar la cuestión”.
¡”Para tratar la cuestión…”! De manera que Cuba, haciendo ella misma un gran esfuerzo, envía a sus profesionales médicos para paliar una carencia humanitaria en una precaria región necesitada y el mandatario imperial yankee, en lugar de prestar todo su apoyo a esa tarea, envía ¡a su encargado de negocios! a intentar deshacer esa aportación ‘comunista’ de una Cuba solidaria y a denigrar sus encomiables acciones ejemplares también fuera de Cuba, la Isla que antaño fuera lupanar de Estados Unidos en el Caribe, hasta que “llegó Fidel y mandó parar”. El Tío Sam no se lo perdonó jamás. Y ahí sigue con sus amenazas obscenas, su asedio medieval y su terrorismo de Estado.
Para Trump y los suyos, todo es negocio, tanto la vida como la muerte. En cambio Cuba y sus gentes, a pesar de sus problemas y sus inmensas carencias, cuando tuvo lugar la pandemia de coronavirus, desplegó por todo el mundo, desde México hasta Andorra, en grupos numerosos o reducidos, a través de distintos acuerdos o convenios, sus médicos y especialistas de la salud (El País, 25/04/2020), todo un ejemplo –convenientemente silenciado– para los países ricos y ‘desarrollados’. Y, en particular, para el Imperio imperial USA, que no se lo perdona.
Tal como relata Mariangela Paone en su artículo, desde 2022 un grupo de 12 médicos cubanos hace posible mantener abierto el servicio de Urgencias -¡nada menos que, precisamente, las Urgencias!– del hospital Juan Pablo II de Lamezia Terme (Calabria, en el sur de Italia). Así lo confirma, de forma tajante, la responsable de ese Servicio, que desde hace tres años tiene a esos médicos a su cargo: “Sin ellos, el servicio de Urgencias no podría seguir existiendo” (Calabria es una de las regiones más pobres de Europa, con carencia crónica de médicos). Forman parte de un contingente que llegó en 2022 a esta región para paliar una carencia crónica de médicos que abocaba al cierre de unidades hospitalarias enteras.
Para algunos de esos médicos, Calabria no es su primer destino en el extranjero. Antes, ya habían trabajado en otros países igualmente necesitados de estos profesionales. Eran aquellas famosas misiones internacionales que durante décadas han mostrado al mundo la solidaridad internacionalista de Cuba. Una tarea que para sus detractores y enemigos es solo una fuente de divisas y de propaganda ideológica, porque una parte de los ingresos generados se envían a La Habana.
Con la escalada de las presiones de Estados Unidos para asfixiar económicamente a la isla, esos médicos han vuelto a estar en el punto de mira de la Administración Trump. Hasta el punto de que el Encargado de Negocios estadounidense en Cuba, Mike Hammer, se desplazó a finales de febrero hasta Calabria para –como se dice en la entradilla– ‘tratar la cuestión’ con el presidente de la región, Roberto Occhiuto, una visita, la de Hammer, que ha levantado polvareda.
Y es que, ante la situación límite del sistema sanitario de la región y la escasa respuesta a las convocatorias para captar profesionales, el presidente Occhiuto decidió contratar a los médicos cubanos, teniendo en cuenta que ya antes, en 2020, profesionales cubanos habían sido empleados en el norte de Italia (Lombardía) para paliar la grave situación creada por la pandemia de covid. Para ello, se firmó el correspondiente contrato con la entidad –dependiente del Gobierno cubano— que gestiona esos servicios médicos. El acuerdo se firmó en agosto de 2022 y los primeros 51 médicos llegaron antes de fin de año. “Los calabreses serán felices de acogeros porque conocen vuestras calidades profesionales y la calidad del servicio médico cubano”, dijo aquel día el presidente Occhiuto al recibir a los recién llegados entre aplausos, señala en su artículo Mariangela Paone.
La Administración estadounidense, incluso durante la presidencia de Biden, nunca ha ocultado su… “falta de entusiasmo por esta iniciativa”. El Gobierno de Calabria tenía previsto llegar a mil médicos cubanos a lo largo de 2026. Pero, debido a las presiones estadounidenses –que no se confiesan públicamente— publicó en enero una nueva convocatoria para reclutar profesionales de países de la UE y terceros. Además, el deterioro de la situación en Cuba, propiciado por la Administración Trump con el endurecimiento del embargo petrolífero, también podría restringir la salida de médicos de la Isla.
Para muchas personas, estamos ante una injerencia o una imposición de EEUU, como pone de manifiesto la visita a Calabria del mencionado Encargado de Negocios norteamericano en Cuba, Mike Hammer. Sobre su encuentro con éste –relata la autora del artículo–, el presidente Occhiuto afirma: “Le expliqué con franqueza que los médicos cubanos presentes hoy son indispensables para mantener operativos hospitales y urgencias. Aclaré que nuestro sistema de salud está abierto a profesionales de todas las nacionalidades”. Y subraya que “el Departamento de Estado de EE UU ha expresado su disposición a brindar asistencia concreta en el proceso de contratación de médicos”, sin precisar en qué consistiría dicho presunto apoyo…
¿Por qué la Administración Trump no envía sus propios médicos, como viene haciendo Cuba desde hace décadas, en lugar de enviar marines, misiles y portaviones por doquier…? El presidente calabrés concluye afirmando que los 400 médicos que ya han llegado se quedarán al menos hasta 2027. Sin ellos, afirman fuentes locales, “tendrían que cerrar todos los hospitales”. “En una región que aún no cuenta con la escuela de especialización en medicina de urgencias, poder disponer de médicos formados representa un recurso difícilmente sustituible”, comenta el general exjefe de Sanidad del ejército italiano, que fue quien se encargó de la selección de los profesionales. Fueron contratados mediante la prórroga de una norma que se adoptó durante la pandemia para permitir la llegada de personal extranjero. “He evaluado los currículos, las experiencias profesionales y también he estudiado el sistema sanitario cubano, que es muy similar al nuestro”, comenta el general, quien destaca la “competencia clínica” de los médicos cubanos.
Por su parte, el jefe de Medicina Interna del hospital reconoce que “su contribución se ha notado no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino [también] cualitativo”. En este centro no quieren ni imaginar su posible salida. “No faltan nunca, no piden vacaciones o días por enfermedad. Son un ejemplo de dedicación y capacidad de trabajo. Si no estuvieran, primero echaríamos de menos a las personas. Luego, como profesionales, tendríamos más problemas”, añade el jefe de Cardiología.
Los médicos cubanos han mostrado su preocupación ante las amenazas trumpistas para que no continúen su trabajo. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció ya en febrero del año pasado la restricción de visados para funcionarios de gobiernos extranjeros “implicados” en lo que EE UU define como “trabajo forzoso”. Y esas presiones y amenazas de Washington ya han tenido perniciosos efectos: Honduras acaba de anunciar que cerrará el programa, como ya habían hecho Guatemala, Paraguay, Bahamas, Jamaica, Guyana, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas y recientemente Venezuela….
Las brigadas médicas cubanas empezaron en 1960, tras la victoria de la Revolución en 1959. Según las autoridades cubanas, han atendido a cientos de miles de personas en más de 150 países y han permitido cubrir necesidades médicas hasta incluso en zonas remotas.
A todo ello subyace –además de la manifiesta solidaridad internacionalista del pueblo cubano— una realidad insoslayable: Mientras que en Estados Unidos la atención sanitaria y la formación universitaria tienen unos costes elevadísimos para cualquier ciudadano, en Cuba, por el contrario, la Sanidad y la Educación –incluida la formación universitaria– son totalmente gratuitas, con cargo al Estado cubano. Por eso, el envío de médicos al extranjero durante un cierto periodo de tiempo puede considerarse una contraprestación a su formación universitaria gratuita.
Mientras unos envían bombas, misiles, marines y portaviones a otros países, Cuba envía profesionales médicos que, en lugar de matar, salvan vidas. Una diferencia muy importante para quien quiera ver, y que molesta al Tío Sam.
Y por si no quedara suficientemente claro, la Asamblea General de la ONU ha aprobado ya más de una treintena de resoluciones exigiendo el fin del ilegal bloqueo yankee a la Isla. Claro es que Trump se pasa esas resoluciones por el forro, como hacen también Netanyahu y Mohamed VI de Marruecos, este último, con la ocupación militar ilegal del Sáhara Occidental.
Luis Portillo es autor de ¿Alimentos para la Paz? La ‘ayuda’ de Estados Unidos (IEPALA, Madrid, 1987). Una síntesis del libro se ofrece en el artículo “Los beneficios de la ayuda alimentaria para Estados Unidos. Un estudio del Programa <<Alimentos para la Paz>>” (Información Comercial Española (ICE). Revista de Economía, Nº 643, 1987, págs. 153-172).

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