Por Marc Vandepitte
Detrás de las nubes de humo sobre Beirut se oculta una visión radical de un “Gran Israel”. Las tácticas de Gaza se utilizan ahora para despoblar el sur del Líbano, y dejar así el camino libre para una ocupación permanente y la reconfiguración de Oriente Medio.
Desde principios de marzo de 2026 Israel lleva a cabo una campaña militar a gran escala en el Líbano bajo el nombre de Operación Roaring Lion (o “Rugido del León”), que comenzó como respuesta a ataques con cohetes por parte de Hezbolá. La operación incluye intensos bombardeos aéreos sobre Beirut y el sur del Líbano, complementados con una ofensiva terrestre que, desde el 16 de marzo, ha escalado hasta una invasión más amplia en la zona fronteriza.
El ministro israelí de extrema derecha, Bezalel Smotrich, no se anduvo recientemente con rodeos: los suburbios del sur de Beirut pronto se parecerán al devastado Jan Yunis en Gaza. Esta declaración marca un cambio de la antigua “doctrina Dahiya” a una nueva y aún más destructiva “doctrina Gaza”.
Gazificación
Mientras que en la doctrina Dahiya se utilizaba una violencia desproporcionada para disuadir a los adversarios, el objetivo actual en el Líbano parece ser la destrucción completa de la infraestructura social, tal como se aplicó en Gaza.
La llamada “gazificación” del Líbano se basa en la idea de que toda una nación es responsable de las acciones de sus grupos de resistencia. “Es toda una nación la que es responsable de esto”, dijo el presidente israelí Isaac Herzog el 12 de octubre de 2023 sobre el ataque de Hamás unos días antes.
Eso no solo se aplicaba a Gaza, sino también al Líbano. “Lo que hacemos en Gaza, sabemos también cómo hacerlo en Beirut”, afirmó un mes después el entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant. “Quienes pagarán el precio serán, ante todo, los civiles del Líbano”.
Y ese precio lo están pagando hoy. Israel ha emitido órdenes de evacuación masiva para toda la población al sur del río Litani, y posteriormente también para pueblos al norte del río y barrios en el sur de Beirut. Millones de personas se ven así obligadas a desplazarse.
Analistas y organizaciones de derechos humanos lo describen como la aplicación de la doctrina Gaza en el Líbano: evacuaciones forzadas masivas, bombardeos intensos, uso de armas controvertidas como el fósforo blanco y la preparación de una “zona fronteriza limpiada étnicamente”.
Al atacar infraestructuras críticas como centrales eléctricas y sistemas de agua, Israel hace que regiones enteras sean de facto inhabitables. En el sur del Líbano incluso se atacan fábricas de cemento y talleres de ladrillos. Para los habitantes que han huido, ya no hay camino de regreso a sus pueblos y casas.
Los medios israelíes y diversas declaraciones políticas indican que el objetivo es crear una zona tapón en el sur del Líbano, en la que una franja a lo largo de la frontera sea estructuralmente despoblada y pase bajo control del ejército israelí, lo que recuerda mucho a lo ocurrido en la Franja de Gaza.
El líder de la oposición, Yair Lapid, afirmó que Israel debería crear en el sur del Líbano una zona completamente despoblada y arrasada por bombardeos, comparándola explícitamente con la línea amarilla en Gaza, donde Israel “cortó en dos” el enclave: por un lado, una franja costera hacia la que se ha desplazado a la población palestina y, por otro, una zona ocupada donde se demuele sistemáticamente y se dispara contra quien cruza.
Personal de ayuda en la línea de fuego
El costo humano de esta doctrina es muy elevado y se caracteriza por una impactante impunidad frente a los ataques contra el personal médico. En solo dos semana han muerto en el Líbano 32 trabajadores humanitarios por los bombardeos israelíes.
Se ataca intensamente los hospitales bajo el pretexto de que hay militantes en ellos, pero esto constituye una grave violación del derecho internacional humanitario que protege la atención médica.
Meinie Nicolai, exdirectora de Médicos Sin Fronteras Bélgica, afirma que los ataques al personal médico por parte del ejército israelí no es algo nuevo. Ya se vio claramente en Gaza, donde fueron asesinados más de 1.700 trabajadores de la salud. Esto se repite ahora en suelo libanés.
Según ella, es muy doloroso que, a pesar de las resoluciones de la ONU que obligan a proteger la atención médica en tiempos de guerra, la respuesta internacional no se materialice. “La impunidad de este tipo de ataques es alarmante y debería estar en lo alto de la agenda. Lamentablemente, no es el caso”.
Sueño sionista de un “Gran Israel”
Detrás de las operaciones militares se oculta una ideología que apuesta explícitamente por la expansión territorial más allá de las fronteras actuales del Estado de Israel. Dentro del gobierno israelí y en círculos nacionalistas de derecha revive la ambición de un “Gran Israel”.
La ideología del “Gran Israel” (Eretz Yisrael Hashlemah) aspira a la expansión de la soberanía israelí sobre todo el territorio entre el Jordán y el mar Mediterráneo (“del río al mar”), basada en reivindicaciones religiosas e históricas de la Biblia.
En sus formas más extremas este concepto incluye también partes de países vecinos como Líbano, Siria y Jordania, y considera el establecimiento de asentamientos judíos en estas zonas un deber moral y nacional.
Aproximadamente al mismo tiempo que la caída del gobierno sirio en diciembre de 2024, Israel invadió Siria y mantiene ocupada una zona de ese país. Tel Aviv aprovecha hoy el conflicto actual para hacer lo mismo en el Líbano.
Durante las recientes pausas en los combates ya han llegado informes de colonos israelíes que penetran en el sur del Líbano y llaman a la construcción de nuevas colonias. Esta hambre territorial explica por qué Israel no se detiene en la eliminación de objetivos militares, sino que opta por una despoblación total. La doctrina sionista requiere, en efecto, tierra sin la población original.i
Este afán expansionista está arraigado en la creencia de que la dominación militar es el único camino. Para los ideólogos del “Gran Israel”, la guerra actual en el Líbano es una oportunidad de oro para redibujar definitivamente el mapa de Oriente Medio y realizar el viejo sueño colonial.
Una sociedad dividida bajo fuego
Mientras tanto, la sociedad libanesa está fuertemente dividida sobre cómo responder a esta invasión. Para el campo a favor de la resistencia, integrado por Hezboláii y el movimiento chií Amal,iii se trata de una guerra defensiva contra un agresor que, de todos modos, atacaría al Líbano. Este campo ve a Hezbolá como la única fuerza que aún puede proteger la soberanía frente al expansionismo sionista en la región.
Frente a ello se sitúa un campo que precisamente culpa a Hezbolá de la miseria actual. Estos grupos, entre ellos el gobierno y partidos cristianos como la Falange,iv abogan por la diplomacia y el desarme de Hezbolá. Esperan que una victoria israelí rompa la hegemonía de Hezbolá; algunos incluso llegan a debatir abiertamente sobre la paz con el ocupante.
Al centrarse especialmente en Hezbolá y causar gran destrucción, Israel aumenta la polarización entre ambos bandos. Esta división paraliza al Estado en el momento en que la unidad es más crucial para hacer frente eficazmente a la invasión terrestre prevista.
Agenda colonial
Muchos libaneses temen que el objetivo final de Israel no sea eliminar a Hezbolá, sino una ocupación permanente. El presidente israelí Isaac Herzog ha descrito la guerra actual (contra el Líbano e Irán) como parte de un intento más amplio de redefinir el orden político en la región.
Al inicio del ataque genocida contra Gaza, el primer ministro Benjamin Netanyahu dijo que “Oriente Medio cambiará”. La destrucción en Gaza puede considerarse como un ensayo general de lo que ahora ocurre en el Líbano: la eliminación completa de toda forma de resistencia local organizada.
Tel Aviv recibe nuevamente el respaldo de Washington en esta operación. El enviado especial estadounidense, Thomas Barrack, que oficialmente media entre Washington, Beirut e Israel, ejerce toda la presión sobre el gobierno libanés para que desarme a Hezbolá, sin criticar la agresión israelí, lo que da a Israel manos libres.
El Líbano se encamina en este escenario hacia una situación que se asemeja fuertemente a Cisjordania o Gaza: un territorio fragmentado bajo tutela externa, para lo cual el arma principal es la destrucción de la cohesión social y de la infraestructura física.
Mientras el mundo observa, el futuro de un Líbano soberano está siendo sistemáticamente destruido por un ejército que ya no reconoce ninguna línea roja. Al igual que durante el genocidio en Gaza, no se materializa una respuesta internacional contundente y los gobiernos occidentales optan, una vez más, por observar pasivamente.
Notas:
i El lema “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo” e utilizó en el temprano movimiento sionista para justificar el asentamiento de población judía en Palestina. Sugería que el territorio estaba vacío o apenas habitado, mientras que en realidad ya vivía allí una población palestina. Dada su gran diversidad interna, además, es muy cuestionable que los colonos judíos de entonces pudieran considerarse como un “pueblo”.
ii Hezbolá es un partido político chií y movimiento armado en el Líbano, fundado en los años 80 durante la ocupación israelí con apoyo de Irán. La organización combina actividades militares con servicios sociales y desempeña un papel importante en la política libanesa y en los conflictos regionales.
iii Amal es un movimiento político y militar chií en el Líbano, surgido en los años 70, que defiende los intereses de la comunidad chií y hoy es un aliado importante de Hezbolá. Amal es menos influyente y también tiene muchas menos capacidades militares.
iv La Falange (partido Kataeb) es un partido político cristiano maronita en el Líbano, fundado en 1936, que desempeñó un papel importante durante la guerra civil libanesa. El partido es conocido por sus posturas nacionalistas y, a menudo, prooccidentales; históricamente, tuvo también vínculos con Israel. En su origen se inspiró en la fascista Falange Española fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera.
Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/03/19/van-gaza-naar-libanon-israels-nieuwe-doctrine-van-totale-vernietiging
Desde principios de marzo de 2026 Israel lleva a cabo una campaña militar a gran escala en el Líbano bajo el nombre de Operación Roaring Lion (o “Rugido del León”), que comenzó como respuesta a ataques con cohetes por parte de Hezbolá. La operación incluye intensos bombardeos aéreos sobre Beirut y el sur del Líbano, complementados con una ofensiva terrestre que, desde el 16 de marzo, ha escalado hasta una invasión más amplia en la zona fronteriza.
El ministro israelí de extrema derecha, Bezalel Smotrich, no se anduvo recientemente con rodeos: los suburbios del sur de Beirut pronto se parecerán al devastado Jan Yunis en Gaza. Esta declaración marca un cambio de la antigua “doctrina Dahiya” a una nueva y aún más destructiva “doctrina Gaza”.
Gazificación
Mientras que en la doctrina Dahiya se utilizaba una violencia desproporcionada para disuadir a los adversarios, el objetivo actual en el Líbano parece ser la destrucción completa de la infraestructura social, tal como se aplicó en Gaza.
La llamada “gazificación” del Líbano se basa en la idea de que toda una nación es responsable de las acciones de sus grupos de resistencia. “Es toda una nación la que es responsable de esto”, dijo el presidente israelí Isaac Herzog el 12 de octubre de 2023 sobre el ataque de Hamás unos días antes.
Eso no solo se aplicaba a Gaza, sino también al Líbano. “Lo que hacemos en Gaza, sabemos también cómo hacerlo en Beirut”, afirmó un mes después el entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant. “Quienes pagarán el precio serán, ante todo, los civiles del Líbano”.
Y ese precio lo están pagando hoy. Israel ha emitido órdenes de evacuación masiva para toda la población al sur del río Litani, y posteriormente también para pueblos al norte del río y barrios en el sur de Beirut. Millones de personas se ven así obligadas a desplazarse.
Analistas y organizaciones de derechos humanos lo describen como la aplicación de la doctrina Gaza en el Líbano: evacuaciones forzadas masivas, bombardeos intensos, uso de armas controvertidas como el fósforo blanco y la preparación de una “zona fronteriza limpiada étnicamente”.
Al atacar infraestructuras críticas como centrales eléctricas y sistemas de agua, Israel hace que regiones enteras sean de facto inhabitables. En el sur del Líbano incluso se atacan fábricas de cemento y talleres de ladrillos. Para los habitantes que han huido, ya no hay camino de regreso a sus pueblos y casas.
Los medios israelíes y diversas declaraciones políticas indican que el objetivo es crear una zona tapón en el sur del Líbano, en la que una franja a lo largo de la frontera sea estructuralmente despoblada y pase bajo control del ejército israelí, lo que recuerda mucho a lo ocurrido en la Franja de Gaza.
El líder de la oposición, Yair Lapid, afirmó que Israel debería crear en el sur del Líbano una zona completamente despoblada y arrasada por bombardeos, comparándola explícitamente con la línea amarilla en Gaza, donde Israel “cortó en dos” el enclave: por un lado, una franja costera hacia la que se ha desplazado a la población palestina y, por otro, una zona ocupada donde se demuele sistemáticamente y se dispara contra quien cruza.
Personal de ayuda en la línea de fuego
El costo humano de esta doctrina es muy elevado y se caracteriza por una impactante impunidad frente a los ataques contra el personal médico. En solo dos semana han muerto en el Líbano 32 trabajadores humanitarios por los bombardeos israelíes.
Se ataca intensamente los hospitales bajo el pretexto de que hay militantes en ellos, pero esto constituye una grave violación del derecho internacional humanitario que protege la atención médica.
Meinie Nicolai, exdirectora de Médicos Sin Fronteras Bélgica, afirma que los ataques al personal médico por parte del ejército israelí no es algo nuevo. Ya se vio claramente en Gaza, donde fueron asesinados más de 1.700 trabajadores de la salud. Esto se repite ahora en suelo libanés.
Según ella, es muy doloroso que, a pesar de las resoluciones de la ONU que obligan a proteger la atención médica en tiempos de guerra, la respuesta internacional no se materialice. “La impunidad de este tipo de ataques es alarmante y debería estar en lo alto de la agenda. Lamentablemente, no es el caso”.
Sueño sionista de un “Gran Israel”
Detrás de las operaciones militares se oculta una ideología que apuesta explícitamente por la expansión territorial más allá de las fronteras actuales del Estado de Israel. Dentro del gobierno israelí y en círculos nacionalistas de derecha revive la ambición de un “Gran Israel”.
La ideología del “Gran Israel” (Eretz Yisrael Hashlemah) aspira a la expansión de la soberanía israelí sobre todo el territorio entre el Jordán y el mar Mediterráneo (“del río al mar”), basada en reivindicaciones religiosas e históricas de la Biblia.
En sus formas más extremas este concepto incluye también partes de países vecinos como Líbano, Siria y Jordania, y considera el establecimiento de asentamientos judíos en estas zonas un deber moral y nacional.
Aproximadamente al mismo tiempo que la caída del gobierno sirio en diciembre de 2024, Israel invadió Siria y mantiene ocupada una zona de ese país. Tel Aviv aprovecha hoy el conflicto actual para hacer lo mismo en el Líbano.
Durante las recientes pausas en los combates ya han llegado informes de colonos israelíes que penetran en el sur del Líbano y llaman a la construcción de nuevas colonias. Esta hambre territorial explica por qué Israel no se detiene en la eliminación de objetivos militares, sino que opta por una despoblación total. La doctrina sionista requiere, en efecto, tierra sin la población original.i
Este afán expansionista está arraigado en la creencia de que la dominación militar es el único camino. Para los ideólogos del “Gran Israel”, la guerra actual en el Líbano es una oportunidad de oro para redibujar definitivamente el mapa de Oriente Medio y realizar el viejo sueño colonial.
Una sociedad dividida bajo fuego
Mientras tanto, la sociedad libanesa está fuertemente dividida sobre cómo responder a esta invasión. Para el campo a favor de la resistencia, integrado por Hezboláii y el movimiento chií Amal,iii se trata de una guerra defensiva contra un agresor que, de todos modos, atacaría al Líbano. Este campo ve a Hezbolá como la única fuerza que aún puede proteger la soberanía frente al expansionismo sionista en la región.
Frente a ello se sitúa un campo que precisamente culpa a Hezbolá de la miseria actual. Estos grupos, entre ellos el gobierno y partidos cristianos como la Falange,iv abogan por la diplomacia y el desarme de Hezbolá. Esperan que una victoria israelí rompa la hegemonía de Hezbolá; algunos incluso llegan a debatir abiertamente sobre la paz con el ocupante.
Al centrarse especialmente en Hezbolá y causar gran destrucción, Israel aumenta la polarización entre ambos bandos. Esta división paraliza al Estado en el momento en que la unidad es más crucial para hacer frente eficazmente a la invasión terrestre prevista.
Agenda colonial
Muchos libaneses temen que el objetivo final de Israel no sea eliminar a Hezbolá, sino una ocupación permanente. El presidente israelí Isaac Herzog ha descrito la guerra actual (contra el Líbano e Irán) como parte de un intento más amplio de redefinir el orden político en la región.
Al inicio del ataque genocida contra Gaza, el primer ministro Benjamin Netanyahu dijo que “Oriente Medio cambiará”. La destrucción en Gaza puede considerarse como un ensayo general de lo que ahora ocurre en el Líbano: la eliminación completa de toda forma de resistencia local organizada.
Tel Aviv recibe nuevamente el respaldo de Washington en esta operación. El enviado especial estadounidense, Thomas Barrack, que oficialmente media entre Washington, Beirut e Israel, ejerce toda la presión sobre el gobierno libanés para que desarme a Hezbolá, sin criticar la agresión israelí, lo que da a Israel manos libres.
El Líbano se encamina en este escenario hacia una situación que se asemeja fuertemente a Cisjordania o Gaza: un territorio fragmentado bajo tutela externa, para lo cual el arma principal es la destrucción de la cohesión social y de la infraestructura física.
Mientras el mundo observa, el futuro de un Líbano soberano está siendo sistemáticamente destruido por un ejército que ya no reconoce ninguna línea roja. Al igual que durante el genocidio en Gaza, no se materializa una respuesta internacional contundente y los gobiernos occidentales optan, una vez más, por observar pasivamente.
Notas:
i El lema “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo” e utilizó en el temprano movimiento sionista para justificar el asentamiento de población judía en Palestina. Sugería que el territorio estaba vacío o apenas habitado, mientras que en realidad ya vivía allí una población palestina. Dada su gran diversidad interna, además, es muy cuestionable que los colonos judíos de entonces pudieran considerarse como un “pueblo”.
ii Hezbolá es un partido político chií y movimiento armado en el Líbano, fundado en los años 80 durante la ocupación israelí con apoyo de Irán. La organización combina actividades militares con servicios sociales y desempeña un papel importante en la política libanesa y en los conflictos regionales.
iii Amal es un movimiento político y militar chií en el Líbano, surgido en los años 70, que defiende los intereses de la comunidad chií y hoy es un aliado importante de Hezbolá. Amal es menos influyente y también tiene muchas menos capacidades militares.
iv La Falange (partido Kataeb) es un partido político cristiano maronita en el Líbano, fundado en 1936, que desempeñó un papel importante durante la guerra civil libanesa. El partido es conocido por sus posturas nacionalistas y, a menudo, prooccidentales; históricamente, tuvo también vínculos con Israel. En su origen se inspiró en la fascista Falange Española fundada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera.
Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/03/19/van-gaza-naar-libanon-israels-nieuwe-doctrine-van-totale-vernietiging

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