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China responde a la agresión de EE.UU. a Venezuela

Do Rebelión, 13 de março 2026
Por Mario Hernandez 



Libertad a Nicolás Maduro y Cilia Flores

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Cilia Flores – Reg. Nº 00735-506
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China ha tomado una serie de medidas entendiendo que los EE UU ha definido el control del petróleo venezolano como una forma de detener su presencia y desarrollo en América del Sur.

A pocas horas de conocerse la noticia del secuestro del Presidente Maduro, Xi Jinping convocó una reunión de emergencia del Comité Permanente del Poliburó. Esa reunión activó lo que los estrategas chinos llaman Respuesta Integral Asimétrica con el fin de responder a una agresión a los socios del Hemisferio Occidental.

La primera fase de la respuesta China se activó a la mañana del 4 de enero cuando el Banco Popular de China anunció la suspensión temporal de todas las transacciones en dólares americanos con corporaciones que tuvieran vínculos con el sector de defensa yanqui. Boeing, Lockheet Martin, Raytheon, General Dinámica despertaron ese jueves con la noticia de que todas sus transacciones con China habían sido congeladas sin aviso previo. Ese mismo día la State Gris Corporation of China que controla la red eléctrica más grande del planeta anunció la revisión técnica de todos sus contratos con proveedores americanos de equipos eléctricos lo que implica que China se desacopla de la tecnología americana.

A la tarde China National Petroleum Corporation, la petrolera estatal más grande del mundo anunció la reorganización estratégica de sus rutas de suministro global reactivando el arma energética, lo que significa la anulación de contratos de suministro de petróleo con refinerías americanas por un valor de 47.000 millones de dólares anuales. Ese petróleo que llegaba a la costa Este de EE UU fue dirigido a la India, Brasil Sudáfrica y otros socios del Sur Global lo que determinó que los precios del petróleo se disparara 23% en una sola sesión de Trading, demostrando que China puede estrangular energéticamente a EE UU.

Además, la China Ocean Shiping Company que controla aproximadamente 40% de la capacidad de transporte marítimo global implementó lo que llamó Optimización de Rutas Operativas, lo que significa que los cargueros chinos han empezado a evitar usar los puertos americanos: Long Beach, Los Ángeles, Nueva York y Miami, que dependen de la logística naval china para mantener sus cadenas de suministro se encontraron súbitamente sin el 35% de su tráfico normal de contenedores. Walmart, Amazon y Target, que dependen de barcos chinos para su importación de productos manufacturados en China para puertos americanos, vieron su cadena de suministros colapsada parcialmente en cuestión de horas.

No había terminado de asimilar el gobierno yanqui el golpe cuando China activó un nuevo paquete de medidas: la movilización del Sur Global, el mismo día 4 de enero el ministro de relaciones exteriores Chino, Wang Yi, ofrece a Brasil, India, Sudáfrica, Irán, Turquía, Indonesia y otros 23 países términos comerciales preferenciales inmediatos para cualquier país que se comprometiera públicamente a no reconocer ningún gobierno venezolano que llegara al poder de la mano criminal de los EE UU.

En menos de 24 horas 19 países habían aceptado la oferta, Brasil fue el primero, seguido de la India, Sudáfrica y México y eso es la materialización práctica del Mundo Multipolar en Acción.

Un día después, el 5 de enero, Beijing activó el arma financiera: el sistema de pagos interbancaria transfronterizos de China anunció que estaba expandiendo su capacidad operativa para absorber cualquier transacción global que quisiera evitar el sistema SWIFT controlado por Washington, lo que significa que China ha dispuesto una alternativa al mundo completamente funcional al sistema financiero occidental. Cualquier país, corporación, Banco, que quiera comerciar sin depender de la infraestructura financiera americana podía usar el sistema chino que es más barato y rápido en un 97%. La respuesta fue inmediata y masiva, en las primeras 48 horas de operación se procesaron transacciones por valor de 89.000 millones de dólares. Bancos centrales de 34 países abrieron cuentas operativas en el sistema chino, lo que significa una desdolarización acelerada de una de las fuentes más importantes del financiamiento de los EE UU.

En el frente tecnológico china que controla el 60% de la producción mundial de tierras raras, elementos críticos para la fabricación de semiconductores y componentes electrónicos anunció restricciones temporales a la exportación de tierras raras hacia cualquier país que hubiese apoyado el secuestro del Presidente Nicolás Maduro. Apple, Microsoft, Google, Intel, todas las gigantes tecnológicas americanas que dependen de cadenas de suministro chinas para componentes críticos se encuentran afectadas.

El ataque a Venezuela acelera la crisis de hegemonía estadounidense

Lo que ocurrió en Venezuela no es simplemente una operación militar más. Es el último acto desesperado de un imperio en decadencia que ha decidido apostar todo a una sola carta, controlar las reservas de petróleo más grandes del mundo antes de que el sistema Petrodólar colapse definitivamente.

La operación militar estadounidense contra Venezuela que Trump ha bautizado como ‘Absolute Resolve’ no es lo que parece en la superficie. Mientras los medios occidentales hablan de narcotráfico y democracia, la realidad es mucho más brutal y calculadora. EE UU está librando su última batalla por el corazón energético de América y cada barril de petróleo venezolano que fluye hacia China es un clavo más en el ataúd de la hegemonía estadounidense.

Venezuela posee las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo, 303.000 millones de barriles. Esto es más petróleo que Arabia Saudita, Rusia, Canadá e Irak combinados. Pero el 76% de la producción petrolera venezolana estaba siendo comprada por China.

Su ubicación geográfica permite que llegue a China en 35 días por el canal de Panamá (también podría utilizar la ruta del Ártico), mientras que el petróleo del Medio Oriente tarda 45 días y debe pasar por el estrecho de Malaca que EE UU puede bloquear en cualquier momento. Venezuela le da a China seguridad energética en el hemisferio occidental.

Justo en el patio trasero estadounidense, Beijing no solo está comprando el petróleo venezolan sino también financiando toda la infraestructura para extraerlo, refinarlo y transportarlo. Los chinos han invertido más de 67.000 millones de dólares en el sector energético venezolano desde 2007 y cada dólar de esa inversión está denominado en yuanes, no en dólares.

Estas inversiones chinas no son préstamos tradicionales como los que ofrece el Fondo Monetario Internacional. Son acuerdos de intercambio de recursos por infraestructura. China construye carreteras, puertos, refinerías y sistemas de telecomunicaciones a cambio de suministros garantizados de petróleo a precios preferenciales.

Es un modelo completamente diferente al de extracción neocolonial que ha caracterizado las relaciones EE UU y América Latina en los últimos 200 años.

Venezuela también posee las segundas reservas de oro más grandes de América Latina y desde 2018 cada onza de oro venezolano que vende el país va directamente a China, pagada en yuanes como parte de los acuerdos de swap de monedas entre Caracas y Beijing.

El verdadero crimen de Venezuela no son las drogas que supuestamente envían a EE UU. Drogas que, por cierto, en su mayoría llegan a California desde Colombia, aliado estratégico de Washington. El verdadero crimen de Venezuela es estar construyendo un sistema económico completamente independiente del dólar estadounidense.

La operación militar estadounidense en Venezuela es fundamentalmente una operación de salvamento del petrodólar. Trump lo sabe, Maduro lo sabe, Putin lo sabe y Xi JinPing definitivamente lo sabe. El sistema Petrodólar, establecido por Henry Kissinger en 1973, requiere que todo el petróleo del mundo se comercialice en dólares estadounidenses. Esta es la base del poder financiero global de EE UU.

Pero Venezuela junto con Rusia, Irán y cada vez más países BRICS Plus está comerciando petróleo en monedas nacionales, principalmente el yuan chino. En cambio el sistema petrodólar le permite a EE UU imprimir dólares infinitamente sin sufrir inflación porque hay una demanda global constante de dólares para comprar energía.

Sin embargo, cuando países con grandes reservas energéticas comienzan a aceptar otras monedas, la demanda de dólares disminuye y la capacidad estadounidense de financiar su déficit comercial y militar se erosiona rápidamente. Venezuela representa el 18% de las reservas probadas de petróleo del mundo operando fuera del sistema dólar. Es una hemorragia que Washington no puede permitir.

Cuando Trump dice que Venezuela está robando petróleo estadounidense, está revelando una mentalidad imperial que considera que todos los recursos energéticos del mundo le pertenecen naturalmente a EE UU.

Pero la realidad es que Venezuela está simplemente eligiendo a sus socios comerciales y esos socios no están en Washington, están en Beijing y Moscú. En los últimos 5 años Venezuela ha estado sistemáticamente repatriando todo su oro desde Londres y Nueva York hacia China y Uganda. Este no es un movimiento aleatorio, es una preparación para lo que está ocurriendo ahora.

Maduro sabía que eventualmente EE UU tomaría medidas militares directas porque Venezuela representa una amenaza existencial para el sistema monetario estadounidense. Un país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, operando completamente fuera del sistema dólar, es como una bomba de neutrones para la hegemonía financiera estadounidense.

La respuesta china ha sido extremadamente estratégica y silenciosa. Mientras Trump despliega portaaviones y bombardea muelles en la Guaira, China está cerrando acuerdos energéticos alternativos con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Beijing entiende que Venezuela es solo la primera ficha de dominó en una guerra energética más amplia.

Los analistas occidentales están subestimando completamente la velocidad con la que China puede reconfigurar los mercados energéticos globales. En los últimos días, mientras las bombas caían en Caracas, Beijing ha firmado contratos preliminares para importar gas natural licuado de Qatar, pagado en yuanes, acuerdos de refinamiento conjunto con Kuwait y lo más significativo, ha acelerado las conversaciones con Arabia Saudita para establecer un ‘hub’ energético en el Golfo Pérsico que operaría completamente en monedas no occidentales.

La ironía suprema de toda esta crisis es que la agresión militar estadounidense contra Venezuela está acelerando exactamente lo que Washington quiere prevenir, la desdolarización global.

La verdadera batalla no se está librando en los muelles de la Guaira o en los campos petroleros del Orinoco. Se está librando en los mercados financieros globales, en las cámaras de compensación de Shangai, en los bancos centrales de Riad y Teherán.

Moscú también está haciendo algo devastador para los intereses estadounidenses. Está acelerando la integración del comercio energético ruso, chino, iraní, venezolano, en una sola plataforma de liquidación denominada yuanes.

Esta plataforma que Beijing y Moscú han estado desarrollando en secreto durante 3 años permitiría que todo el comercio energético entre estos países se realice sin tocar el sistema bancario occidental. No más Swift, no más dólares, no más bancos estadounidenses o europeos como intermediarios. Irán ya está probando esta plataforma con sus exportaciones de petróleo a China. Venezuela estaba a punto de integrarse completamente cuando comenzó la operación militar estadounidense.

Putin entiende que la mejor manera de responder a la agresión estadounidense no es con más violencia, sino acelerando el sistema financiero que hará irrelevante la violencia estadounidense.

Trump habla de proteger el petróleo venezolano para EE UU, pero está ignorando una realidad fundamental. China está comprando toda la producción venezolana. Rusia está proporcionando la tecnología militar y energética e Irán está compartiendo su experiencia en resistencia a las sanciones estadounidenses.

La operación militar estadounidense en Venezuela está revelando algo que pocos en Washington quieren admitir. EEUU ya no tiene la capacidad económica para competir con China en América Latina. Beijing puede ofrecer inversión real en infraestructura, tecnología y comercio a largo plazo. Washington solo puede ofrecer amenazas militares y sanciones.

Esta es la razón por la cual la operación ‘Absolute Resolve’ está destinada a fracasar estratégicamente, incluso si tiene éxito tácticamente. Trump puede derrocar a Maduro, puede instalar un gobierno títere en Caracas, puede incluso controlar temporalmente los campos petroleros venezolanos, pero no puede cambiar la realidad: que China es ahora el socio comercial más importante de América Latina.

Mientras EE UU gasta miles de millones de dólares en operaciones militares para controlar recursos energéticos, China está construyendo la infraestructura para hacer irrelevante esa dependencia.

Beijing está invirtiendo masivamente en energías renovables, en tecnología de almacenamiento de energía, en redes eléctricas inteligentes que pueden funcionar con múltiples fuentes de energía.

La estrategia China a largo plazo no es simplemente reemplazar a EE UU como hegemón global, es crear un sistema multipolar donde ningún país pueda monopolizar los recursos energéticos globales como EE UU lo ha hecho durante los últimos 50 años. Venezuela es crucial para esta estrategia china porque proporciona la base energética para todo el proyecto de la Franja y la Ruta en América Latina.

Los puertos que China está construyendo en Perú, las carreteras que está financiando en Ecuador, los ferrocarriles que está planificando en Brasil, todo esto requiere un suministro seguro y estable de energía que no pueda ser interrumpido por sanciones estadounidenses.

Por eso Rusia está acelerando la entrega de sistemas de defensa aérea S400 y misiles hipersónicos Quinzal a Venezuela. Estos sistemas convertirán a Venezuela en prácticamente inexpugnable para ataques aéreos estadounidenses futuros. Pero más importante, envían un mensaje claro a todos los países del sur global. Si se alían con Rusia y China, recibirán la protección militar necesaria para resistir la coerción estadounidense.

La operación militar estadounidense en Venezuela no es realmente sobre Venezuela, es para prevenir el surgimiento de un sistema económico global que no depende de EE UU. Pero ese sistema ya está emergiendo. Y bombardear Venezuela no va a detenerlo.

El BRICS Plus representa ahora más del 40% de la población mundial y más del 35% del PIB global. Estas cifras van a aumentar cuando Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán se integran completamente al sistema financiero BRICS Plus.

La ironía final de la operación ‘Absolute Resolve’ es que está resolviendo absolutamente lo contrario de lo que pretende resolver. En lugar de restaurar la hegemonía estadounidense en América Latina, está acelerando la integración de América Latina con el bloque euroasiático liderado por China y Rusia.

La tragedia de la operación ‘Absolute Resolve’ es que en lugar de restaurar el prestigio estadounidense, está demostrando al mundo que EE UU ya solo puede relacionarse con sus vecinos a través de la violencia. En lugar de fortalecer el dólar, está acelerando la búsqueda global de alternativas. En lugar de aislar a China, está empujando a más países hacia la órbita china.

Petróleo + China explican el ataque norteamericano a Venezuela

La agresión militar de EEUU está marcada por varios intereses internacionales, especialmente por el petróleo, pero también por la ascendencia de China en la región.

Los daños colaterales de la intervención militar americana contra Nicolás Maduro no solo atentan contra el principio de no injerencia internacional, sino que implican a China, Rusia y Europa –entre otras latitudes– en una reconstrucción fulgurante con implicaciones económicas, energéticas y de seguridad en el orden mundial.

Para Michael Hirsh, columnista en Foreign Policy, la decisión de Trump “tritura lo poco que quedaba del respeto a las normas internacionales” y lesiona “la capacidad futura de EE UU para invocar el derecho internacional frente a agresiones exteriores”.

En este contexto, ¿qué ha supuesto la intervención estadounidense en Venezuela? ¿Qué papel juega China?
En el frente energético, la pérdida potencial del crudo venezolano –del que China llegó a ser el principal comprador— “es relevante pero manejable”. Aunque Venezuela solo vendió alrededor del 4% de los pedidos de crudo del gigante asiático y de que el oro negro de Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), la estatal venezolana, tenga un alto contenido de azufre por su escasa capacidad de extracción y refino, resulta clave para la construcción de infraestructuras chinas.

“La pérdida de barriles venezolanos golpea sobre todo a refinerías llamadas independientes” —las conocidas como teapots— que dependen de ese petróleo barato y difícil de sustituir. Sin embargo, otro colchón estratégico amortigua este impacto ya que cerca de 82 millones de barriles de crudo están almacenados en buques frente a China y Malasia —casi en su totalidad, bajo sanciones y una parte significativa de origen venezolano— lo que “permitirá a Pekín cubrir sus necesidades a corto plazo”.

En paralelo, y mientras arremete oficialmente contra la intervención militar de EE UU a uno de sus más sólidos aliados en América Latina, Pekín se siente fortalecido sobre sus reivindicaciones soberanas sobre Taiwán.

No obstante, el control efectivo del sector energético venezolano por parte de EE UU promete ser largo y tortuoso y, sobre todo, caro. Aunque Venezuela alberga las mayores reservas probadas de crudo del mundo, de hasta 303.000 millones de barriles, según la OPEP+, está lejos de llegar a su potencial geológico y productivo de manera sostenible tras décadas de expropiaciones y de pésima gestión institucional, su infraestructura petrolera se encuentra próxima al colapso. Incluso bajo una transición política fluida con un levantamiento de las sanciones por parte de Washington la cuota que Venezuela sería capaz de poner en el mercado a finales de 2026 apenas llegaría a los 1,2 millones de barriles diarios. Aún muy por debajo de su potencial, pero muy por encima de los 800.000 actuales.

Francisco Monaldi, director de política energética latinoamericana en el Baker Institute, estima que “restaurar la capacidad perdida requerirá inversiones de unos 100.000 millones de dólares en una década”, magnitud comparable a una parte sustancial del gasto anual de las supermajors americanas –ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips que, junto a Shell, BP y Total Energies componen las Big Six petrolíferas del mundo— siempre y cuando “los riesgos geopolíticos y legales puedan ser asumibles”.

Precisamente las tres petroleras estadounidenses —preferentemente Chevron, dice el consenso del mercado, que lo achaca a su mayor presencia histórica en Venezuela— son las principales aspirantes a hacerse con las riendas de PDVSA. Aunque antes tendrán que recuperar sus cadenas de valor, proyectar extracciones a escala, desembolsar algún centenar de millones de dólares a largo plazo en tecnología y acceder a préstamos de bancos y aseguradoras que, de momento, muestran un tibio interés y una ambigua cautela porque exigirán garantías y avales ante supuestos de indemnizaciones por activos expropiados o posibles litigios o saqueos.

Algo que en Moody’s expresan de manera elocuente: «las acciones unilaterales que erosionan normas internacionales tienden a ensanchar los diferenciales de crédito en países y empresas expuestos a arbitrariedad política». Y, en el caso venezolano, «puede forzar un patrón de comportamiento que engorde las deudas soberanas, revise los peligros legales y aumente los costes de capital en economías percibidas como vulnerables geopolíticamente», dentro de un efecto lento, pero persistente.

¿Y el estado de salud del derecho internacional?

Arturo Bris, director del IMD World Competitiveness del Center Douglas Geertz donde ejerce de profesor de Asunto Geopolíticos y de Negocios, ahonda aún más en esta tesis, pero precisa que “el derecho internacional no murió [el pasado sábado], sino en 2003, durante la invasión a Iraq sin mandato de Naciones Unidas. Origen —constata— de las más recientes invasiones, anexiones, ocupaciones, genocidios y de una ”abierta muestra de desprecio generalizado a las resoluciones de la ONU“. Desde Georgia hasta Ucrania, pasando por Gaza o Myanmar o las amenazas ya nada veladas contra Panamá o Groenlandia por parte de Trump. Este clima favorable al uso de la fuerza ”se ha convertido en una acción de normalización“ de las relaciones diplomáticas.

Bris matiza esta tesis con otro argumento demoledor: “Vivimos en un mundo bipolar, pero no entre Oriente y Occidente, sino entre países que aún creen en las reglas de juego internacionales y los que pretenden regir el orden global bajo coacciones y poderío militar”. A su juicio, “cuando las normas globales se vuelven opcionales, la justicia se debilita, las fronteras pierden sentido, las instituciones su autoridad y, dentro de las sociedades, la opinión pública empieza a creer que el poder, y no las reglas, determina los resultados”.

Para Bris, “estamos más cerca de 1914 [preludio de la Primera Guerra Mundial] de lo que algún dirigente está dispuesto a admitir”.

En Política Exterior hablan de Venezuela como “protectorado de Washington” después de que Trump traspasase con su orden de intervención los ya “frágiles límites del tablero de ajedrez que surgió en 1948”, de que haya desmontado los controles constitucionales sobre la Casa Blanca y de haber implantado una legitimación, de facto, de futuras agresiones de otras superpotencias.

El retorno de la Doctrina Monroe que lleva el apellido del presidente americano en 1823, cuando se asumió como acción exterior el dominio del Hemisferio Sur americano, conocido como patio trasero de EE UU, es ya un signo de realpolitk. La Monroe fue una amenaza de Washington a las naciones europeas de que no toleraría más colonizaciones en Latinoamérica. Ahora —avisan en Política Exterior— “la gunboat diplomacy que aplicó Theodore Roosevelt en los años cincuenta ha regresado”.

No es casual —aseguran— que la injerencia de la Delta Force de EE UU en territorio venezolano se produjera horas más tarde de la visita a Caracas de Qiu Xiaoqi, responsable para América Latina del Gobierno chino, ni que un ciberataque dejara sin electricidad al país, facilitando el ingreso de más de un centenar de aeronaves y drones sin ser detectados. Sin embargo, con esta actuación, Washington ha puesto en juego su credibilidad global, “al hacerse responsable del desenlace de la crisis en Venezuela”. En términos de estabilidad, guerra civil o aparición de nuevos autócratas. Como reconocen varios think-tanks estadounidenses, “el éxito operativo inicial contrasta con la complejidad estratégica que se avecina”.

El senador demócrata Mark Warner, vicepresidente del Comité de Inteligencia del Senado, alerta de que la lógica empleada por Trump puede ser replicada por otras potencias. Si EE UU justifica la captura de Maduro por acusaciones penales, China podría invocar argumentos similares contra Taiwán y Rusia contra Ucrania.

Si Trump advierte a China de que se mantenga fuera de “su” zona de influencia, Xi Jinping podría exigirle igualmente. Este planteamiento abre dos escenarios principales de conflicto. Por un lado, el mar de China Meridional, donde Beijing mantiene una pugna abierta con Filipinas desde la llegada al poder de Ferdinand Marcos Jr.; por otro, Taiwán. Si Estados Unidos buscara una confrontación directa con China –algo que oficialmente niega–, este sería el punto más sensible. No obstante, debe tenerse en cuenta que Washington ha cercado a China con aproximadamente 160 bases militares, cerca de 100.000 soldados desplegados y la presencia constante de la Séptima Flota.

Entre los aliados de Washington en Asia existe un profundo temor a las posibles repercusiones sobre Taiwán. La incomodidad es particularmente evidente en Tokio, que en las últimas semanas se ha enfrentado –con escaso respaldo de la Administración Trump– a duras críticas de las autoridades chinas tras las declaraciones de la primera ministra, Sanae Takaichi, según las cuales una acción militar de China en Taiwán constituiría también una amenaza directa para la seguridad de Japón. Sin embargo, la intervención estadounidense en Venezuela representa en sí misma un “cambio del statu quo por la fuerza”, contradiciendo los principios invocados para condenar las actuaciones de China o Rusia. Si Beijing intentara modificar por la fuerza la situación en Taiwán, resultaría difícil para la administración Trump movilizar a la opinión pública internacional, incluso con una oposición firme por parte de Estados Unidos.

También The Economist enfatiza en el cambio acelerado del orden mundial: “Trump no se limita a eliminar a un dirigente hostil, sino que declara que EE UU dirigirá Venezuela y gestionará su petróleo, lo que evoca el argumentario de la invasión de Iraq y augura la normalización del control directo de recursos estratégicos”, objetivo “incompatible con el compromiso liberal que Washington decía defender”.

Hirsh destaca que el despertar de la Doctrina Monroe del sueño de los injustos no es otro guiño a la doctrina MAGA ideada desde la Heritage Foundation y su odio geopolítico a la herencia de Hugo Chávez, sino la primera pica de una estrategia que señala a México, Colombia y Cuba en la órbita americana y a Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa, y que amenaza al club comunitario, sus aliados del otro lado del Atlántico. “Es la puesta en liza de una política exterior coercitiva, pese a que tenga costes geoestratégicos demasiado elevados frente a unos dudosos beneficios económicos y empresariales”, explica. Como lo desvelan los constantes virajes de su justificación –desde acusaciones de tráfico de drogas a flujos de inmigración, petróleo o intereses geopolíticos, señala Hirsh— o la certificación de que “el poder militar sustituye a toda búsqueda de consensos”, como aclara el semanario británico.
La Cumbre de Shanghai como disparador del bloqueo a Venezuela en setiembre 2025

Una maniobra desesperada del Imperio contra Venezuela

Por Tito Ura | 28/08/2025
Fuentes: Rebelión

Capitalismo en crisis y guerra por la hegemonía ante la Cumbre de Shanghai

La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) es una organización intergubernamental fundada en 2001 por China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Posteriormente se incorporaron India, Pakistán, Irán y Bielorrusia, sumando actualmente 10 Estados miembros.

A pocos días de la Cumbre de la OCS (Shanghai, 31 ago-1 sep 2025), Washington despliega tres destructores, un submarino nuclear y 4.000 infantes frente a las costas venezolanas, invocando la lucha contra el “Cartel de los Soles”. La operación no responde a una lógica antinarcóticos –las evidencias públicas son inexistentes– sino a la urgencia de contener la multipolaridad energética que se fragua en Tianjin China. El capitalismo estadounidense, atravesado por sobre-acumulación, deuda y pérdida de reservas de petróleo pesado, recurre a la forma más extrema de su reproducción: la guerra como valor de uso para restablecer la renta geopolítica.

Desde la crisis de 2008 el dólar-petróleo se ha visto desafiado por rutas comerciales paralelas (China-Irán-Rusia) y por la desdolarización de los BRICS. La extracción de plusvalía ya no fluye por la apertura de mercados, sino por el cerco militar sobre los recursos. Venezuela, con 300.000 millones de barriles certificados y un flujo que en 2024 cubrió el 13 % de las necesidades de las refinerías del Golfo de México, se convierte en punto nodal de esa lógica. La maniobra naval no es un exceso; es la forma visible de una ley interna del capital que, cuando no puede crecer, bloquea.

Seguir leyendo: https://rebelion.org/capitalismo-en-crisis-y-guerra-por-la-hegemonia-ante-la-cumbre-de-shanghai/

Fuentes: Abya Yala Soberana, El diario, rebelion.org, www.observatoriocrisis.com

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