Por Eduardo Robaina: Climática
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[Imagen: Un niño durante la celebración de la COP 21 en Roma, en noviembre de 2015. Foto: ALESSANDRO BIANCHI/REUTERS] |
En su nuevo informe, la IPBES detalla más de 100 medidas que pueden adoptar las empresas, los gobiernos, los actores financieros y la sociedad civil para paliar la destrucción de la biodiversidad.
El crecimiento de la economía mundial se ha producido a costa de una inmensa pérdida de biodiversidad, tal y como denunciaba este lunes la IPBES en su nuevo informe dedicado a analizar los impactos de las empresas y las instituciones financieras en la naturaleza. No obstante, el panel de especialistas ha querido también destacar que todas ellas pueden ser “agentes positivos del cambio”.
Para ello, la evaluación de la IPBES, con el respaldo de más de 150 gobiernos, destaca 108 ejemplos de medidas que pueden adoptar las empresas, los gobiernos, los actores financieros y la sociedad civil.

El papel de los gobiernos
La premisa de la IPBES es que las empresas no cambiarán su comportamiento si el sistema legal y fiscal premia la destrucción. Y más si son los propios países los que financian con más de 2 billones de dólares este tipo de acciones.
Entre las medidas propuestas por el panel de especialistas en biodiversidad está exigir una reforma fiscal profunda para que destruir la naturaleza deje de ser rentable. Esto implica eliminar subsidios a industrias contaminantes y redirigirlos hacia prácticas regenerativas.
Además, se pone énfasis en la coherencia regulatoria. De nada sirve que un ministerio proteja un bosque si otro otorga concesiones mineras en el mismo lugar. La hoja de ruta propone integrar la biodiversidad en la «planificación espacial» y en la contratación pública, obligando al Estado a predicar con el ejemplo y convertirse en el principal consumidor de bienes sostenibles.
Entre las propuestas también está que los Estados implementen controles sobre la publicidad para prevenir el greenwashing y combatir la desinformación, o garantizar el reparto justo y equitativo de los beneficios, “particularmente con los Pueblos Indígenas y las comunidades locales”.

El sector financiero
El dinero mueve el mundo, y hasta ahora, lo ha movido en contra de la naturaleza. La segunda tabla detalla cómo bancos centrales, inversores y aseguradoras deben pivotar.
La IPBES advierte que la pérdida de naturaleza es un riesgo sistémico que amenaza la estabilidad financiera global. Por ello, las medidas clave incluyen la creación de marcos de evaluación de riesgos obligatorios. Los bancos deben saber (y decir) cuánto dependen sus carteras de los servicios ecosistémicos.
Las medidas también señalan una oportunidad de negocio masiva en la creación de instrumentos financieros innovadores, como los bonos verdes de alta integridad o los créditos de biodiversidad. El objetivo es movilizar el capital privado para cerrar la brecha de financiación de la conservación, pasando de la filantropía corporativa a la inversión rentable y medible.

Las empresas
La tercera tabla, dirigida al sector privado, incluye propuestas tan básicas como “cumplir con las políticas, leyes y regulaciones relacionadas con la biodiversidad”.
El núcleo de esta sección es la jerarquía de mitigación. Como se detalla en las acciones operativas, las empresas deben priorizar evitar el daño y minimizarlo antes de pensar en restaurar o compensar. La compensación (como plantar árboles en otro continente para justificar la contaminación en casa) se relega al último lugar como opción menos deseable.
Asimismo, se exige una revolución en la transparencia de la cadena de valor. Las corporaciones deben hacerse responsables de lo que ocurre en el origen de sus materias primas, a menudo a miles de kilómetros de sus sedes, garantizando la trazabilidad total para evitar «importar» deforestación o pérdida de biodiversidad.
Muchas de las medidas tienen en el centro a los pueblos indígenas, como adoptar nuevos modelos económicos que tengan en cuenta sus valores o participar en asociaciones con las comunidades locales.

Sociedad civil y pueblos indígenas
Finalmente, la cuarta tabla aborda el papel de la sociedad civil, la academia y, crucialmente, los pueblos indígenas y las comunidades locales. El informe reconoce una verdad incómoda: el 60% de las tierras indígenas están amenazadas por el desarrollo industrial, a pesar de que estos territorios albergan la mayor parte de la biodiversidad restante del planeta.
Las medidas aquí se centran en la justicia y el empoderamiento. Se subraya la necesidad absoluta de obtener el «Consentimiento Libre, Previo e Informado» para cualquier proyecto en territorios indígenas. Además, se propone la creación de bases de datos comunitarias que protejan el conocimiento tradicional, cerrando la brecha entre la ciencia occidental y la sabiduría ancestral.
Para el resto de la sociedad civil, el rol asignado es el de vigilante y motor de cambio. Desde el monitoreo ciudadano para asegurar que las empresas cumplan sus promesas (evitando el greenwashing), hasta el cambio en los patrones de consumo.
Este último informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas no es solo un diagnóstico de un planeta en crisis, sino un plano detallado para reconstruir la arquitectura económica global. Las herramientas existen, están listadas y probadas. La incógnita de siempre (aplicable al cambio climático) es si habrá voluntad política y corporativa para usarlas antes de que sea demasiado tarde.
Fuente: https://climatica.coop/manual-instrucciones-salvar-planeta-economia/

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