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Levantamiento indígena contra la privatización de ríos en Brasil

Do Rebelión, 21 de fevereiro 2026
Por Raúl Zibechi: La Jornada


Dice una mujer munduruku: “Los blancos ven el río como mercancía, para nosotros es vida”. Es lo que vienen diciendo los pueblos originarios de todas las geografías, desde Wall Mapu hasta Mesoamérica.

Hoy se cumplen 30 días de la acampada de unas 600 personas de 14 pueblos indígenas de la Amazonia frente al puerto de Cargill, en Santarem. Exigen al gobierno de Lula que revoque el decreto 12 mil 600 que prevé dragar el río y que transformará las aguas del río Tapajós en una vía fluvial privatizada para transporte de soja y otros cereales*.

Aunque el gobierno se retractó días atrás del dragado, mantiene la privatización de los ríos Tapajós, Madeira y Tocantins como parte del Programa Nacional de Desestatización, lo que significa que se traspasa la gestión y mantenimiento de esas vías, que suman 280 kilómetros sólo en el Tapajós, a grandes empresas multinacionales vinculadas al agronegocio. Esto implica la construcción de nuevos puertos privados en los que se transformará en un corredor fluvial sin haber consultado a los pueblos que viven en y con el río.

Los monocultivos de soja y maíz están destruyendo la Amazonia, deforestando la selva y envenenando las aguas y el medio ambiente por el abuso de pesticidas. Lo que está sucediendo con uno de los principales afluentes del Amazonas, el Tapajós, es sencillamente alucinante: trenes de hasta 35 barcazas transportan granos hacia China y Europa, fueron construidos o están en proyecto 41 puertos sobre ese río donde el año pasado circularon más de 15 millones de toneladas.

La contaminación por mercurio por la minería, legal e ilegal, y la remoción del fondo del río son los restos mayores para los pueblos. Según Rafael Zilio, al concebir un río como mera “hidrovía”, “el Estado y las grandes corporaciones del sector minero y del agronegocio perpetúan la devastación ambiental en la Amazonia”.

En el último mes, también fueron bloqueadas la carretera al aeropuerto y el propio aeropuerto de Santarém durante algunas horas. Silvia Adoue recuerda que “los munduruku no esperaron la demarcación de su territorio por el Estado”, como pueblo procedieron a “la autodemarcación en alianza con las comunidades de pescadores”, lo que enseña la capacidad de “articulación entre pueblos con perspectivas de mundo diferentes”.

Esta es una pequeña e incompleta síntesis de una resistencia por la vida que lleva muchos años en pie. Creo que podemos señalar algunas conclusiones de esta notable lucha.

La primera es que se produce bajo un gobierno progresista, cuando el secretario de la Presidencia es Guilherme Boulos y siendo ministra de Pueblos Indígenas Sonia Guajajara, ambos del “radical” Partido del Socialismo y la Libertad (PSOL). Quien crea que ellos pueden hacer algo diferente a lo que desea el gran capital, está muy equivocado. Porque son los mejores representantes de las ambiciones de las multinacionales, ante el vergonzoso silencio del movimiento sindical y del Movimiento Sin Tierra (MST), cuyo objetivo principal es la relección de Lula.

La segunda es que el capitalismo pretende, y está implementando, la completa privatización de la naturaleza para acumular más y más capital. Convertir a los grandes ríos amazónicos en carreteras fluviales plagadas de infraestructuras, es garantía de su destrucción y del aniquilamiento de los pueblos que habitan las riberas.

La acumulación de capital no tiene límites, salvo lo que pueden hacer los pueblos y los movimientos para frenarla. Mientras los de arriba, de izquierda o de derecha y hasta los “radicales”, avalan al agronegocio, enarbolan un discurso “correcto” en el que se permiten mentir y hasta asegurar que apoyan las demandas de los pueblos originarios. El propio Boulos se había comprometido a realizar consultas antes de que comenzaran las obras, cuestión que nunca cumplió.

La lucha es muy desigual. Cargill factura 154 mil millones de dólares cada año, cuenta con el apoyo del Estado y del gobierno brasileño, mientras los pueblos son relativamente pequeños (los munduruku son 13 mil personas), y no cuentan más que con el apoyo de otros pueblos similares, como se hizo evidente estos días.

La tercera se relaciona con la decisión de defender la vida y la dignidad de los pueblos. El informe de Sumauma destaca que estos pueblos están en “la primera línea de resistencia al agrocapitalismo global”. Aunque son pocos, están decididos y firmes y no van a retroceder. Una mujer munduruku dijo: “Los blancos ven el río como mercancía, para nosotros es vida”. Es justo lo que vienen diciendo los pueblos originarios de todas las geografías, desde Wall Mapu hasta Mesoamérica.

Esta resistencia en la adversidad debería ser fuente de aprendizaje para todos y todas. Una vez que sabemos que ni la derecha ni la izquierda van a hacer nada para salvar a la humanidad de la catástrofe, es el turno de los pueblos que están poniendo el cuerpo, y la sangre, para defender la vida y la naturaleza.

*Información recogida de Silvia Adoue, Desinformémonos 5/02/2026; Rafael Zilio, Desinformémonos 11/02/2026; Guilherme Guerreiro Neto, Sumauma, 12/02/2026, y del colectivo Aldea Urbana
(https://www.youtube.com/live/vs-bSMviJw).

Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/20/opinion/levantamiento-indigena-contra-la-privatizacion-de-rios-en-brasil

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