Do Página12, 18 de janeiro 2026
Por Jeffrey Frankel*
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Desde Cambridge
Cuando el presidente estadounidense Donald Trump asumió el cargo, casi todos los economistas temían lo que podía suceder si subía los aranceles. La previsión era que con el subsiguiente encarecimiento de bienes de consumo e insumos (con efecto sobre los hogares y las empresas, respectivamente), el resultado sería aumento de la inflación y caída del ingreso real: un shock de oferta frente al cual la Reserva Federal de los Estados Unidos no tendría muchas herramientas.
Trump de hecho subió los aranceles a niveles increíbles, violando al hacerlo acuerdos internacionales y destruyendo el compromiso tradicional del Partido Republicano con el libre comercio. En términos de gravedad y poder disruptivo, los aranceles de Trump en 2025 superaron con creces a los que había aprobado en su primer mandato (ya de por sí dañinos) e incluso a los de la infame Ley Smoot‑Hawley de 1930. Según el Laboratorio Presupuestario de Yale, este año el arancel medio efectivo sobre las importaciones estadounidenses pasó del 2 % al 18 %, el nivel más alto desde los años treinta. Si a eso se le suma la incertidumbre causada por los cambios frecuentes e inexplicables en materia de políticas, parecía inevitable la aparición de grandes efectos negativos sobre la inflación, el empleo y el ingreso real.
Pero los pronósticos no se cumplieron. Es posible que la inflación del índice de precios de consumo (IPC) no haya aumentado en absoluto: la cifra más reciente, para el período de doce meses finalizado en noviembre, fue 2,7%, el mismo nivel que en los últimos meses de 2024. (Claro que, contra lo que afirma Trump, el nivel de precios es más alto).
La tasa de desempleo aumentó muy poco, de 4,1 % a fines de 2024 a 4,6 % en noviembre. Es probable que el crecimiento económico se haya desacelerado hacia el final del año, pero la situación todavía no está clara, ya que el cierre de la administración estadounidense retrasó la recolección de datos.
El impacto
En cualquier caso, se puede afirmar con bastante seguridad que el daño económico del primer año de regreso de Trump al cargo fue menor que lo previsto. Hay cuatro razones que explican la limitación de los peores efectos de sus aranceles durante 2025 o su postergación.
En primer lugar, las estadísticas económicas estadounidenses están afectadas por problemas de medición, como resultado del cierre de la administración que se extendió desde el 1 de octubre hasta el 12 de noviembre. Una parte de la información sobre el IPC está faltando, porque la Oficina de Estadísticas Laborales no pudo recopilar datos en la forma habitual (sobre todo para octubre).
Incluso en noviembre, hay motivos para dudar de que la inflación del costo de la vivienda haya sido cero (la cifra informada). De ser así, existiría un sesgo a la baja en la estimación general del IPC. Además, la publicación de datos de PIB por parte de la Oficina de Análisis Económico está muy retrasada (la del tercer trimestre ha sido postergada).
La segunda razón por la cual los aranceles de Trump no causaron el nivel de daño previsto es que muchos de los aranceles más altos todavía no están plenamente en vigor. Trump pospuso varias veces algunos de los aranceles, y el 14 de noviembre revirtió otros porque estaban provocando un encarecimiento de los alimentos.
Además introdujo importantes excepciones para algunos países. Por ejemplo, si el 6 de marzo no hubiera anulado el gravamen del 25% a los productos de México y Canadá que había entrado en vigor dos días antes, habría sido un golpe devastador para la integrada industria automotriz de América del Norte. Ahora los productos de esos países no enfrentarán ninguna penalización si se importan en virtud del Tratado México‑Estados Unidos‑Canadá.
Flexibilización
La flexibilización era previsible. Si Trump hubiera cumplido plenamente los aranceles que anunció (por no hablar de los que amenazó imponer), el daño para las empresas estadounidenses habría sido enorme; por eso no era probable que insistiera con aplicar los peores. Trump tiene por costumbre adoptar posiciones de negociación extremas y después dar marcha atrás (incluso si no consiguió que la otra parte acceda a sus demandas). De hecho, que los inversores den por sentado que “Trump siempre se acobarda” ya es motivo de burlas. Pero cuando un loco amenaza con iniciar un apocalipsis, es temerario incitarlo a que cumpla su amenaza. Los aranceles que sí puso en práctica siguen siendo muy elevados.
No quiere decir esto que los economistas se hayan equivocado con sus pronósticos. Hay buenas razones para pensar que muchos de los daños sólo están demorados y se manifestarán en 2026.
Lo que nos trae al tercer punto: tan pronto como Trump ganó la elección en noviembre de 2024, las empresas empezaron a adelantar importaciones (sobre todo oro desde Suiza y medicamentos para adelgazar desde Irlanda) para acumular inventarios antes de que se introdujeran los aranceles previstos.
Costos
Según el modelo presupuestario de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, es posible que hasta mayo de 2025 esta estrategia haya ahorrado a los importadores estadounidenses unos 6500 millones de dólares (el 13,1% del costo de los nuevos aranceles).
Cuando los nuevos gravámenes entraron en vigor, la mayoría de los minoristas mantuvieron los precios, ya que todavía tenían inventarios de antes de los aranceles. Es una práctica habitual del sector, aunque un economista podría decir que es contraria al principio de maximización de beneficios. Incluso hay todavía muchos importadores que no trasladaron a los clientes todo el costo añadido.
De hecho (y este es el ítem final y más importante), los importadores se hicieron cargo de una buena parte del encarecimiento incluso después de agotar los inventarios anteriores. Con datos en tiempo real de grandes empresas minoristas estadounidenses, Alberto Cavallo y coautores hallan que los precios de productos afectados por los nuevos aranceles (importaciones y sustitutos fabricados en Estados Unidos) vienen aumentando desde abril. El aumento, cercano al 5,4% en el nivel minorista, bastó para sumar 0,7 puntos porcentuales a la inflación general del IPC. Pero es una pequeña fracción de los costos que se podrían trasladar con los aranceles actuales.
No hay duda de que los precios que pagan los importadores aumentaron a la par de los aranceles, contra las afirmaciones de Trump de que los costos los cubren los exportadores extranjeros bajando precios. Por el contrario, los costos los cubrieron las empresas estadounidenses (como suelen hacer frente a una depreciación del dólar). Uno de los motivos es que no saben por cuánto tiempo regirán los aranceles.
Podría ocurrir que Trump cambie de opinión o que tal vez la Corte Suprema decida hacer cumplir la ley y derogarlos. Esta incertidumbre también ayuda a explicar por qué muchas empresas afectadas hasta ahora se han abstenido de despedir trabajadores.
Pero las empresas no van a dejar que los aranceles les quiten margen de ganancias para siempre. Si los aranceles se mantienen, el panorama para 2026 en Estados Unidos incluye más subidas de precios y una presión a la baja sobre el ingreso real.
Traducción: Esteban Flamini
*Profesor de Formación de Capital y Crecimiento en Harvard, fue miembro del Consejo de Asesores Económicos del presidente Bill Clinton y es investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de los Estados Unidos (NBER).
Copyright: Project Syndicate, 2026.www.project-syndicate.org. Este artículo viene acompañado por un gráfico que se puede descargar aquí.
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