Desde el feminismo negro y el abolicionismo carcelario hasta la crítica al imperialismo, la obra de Angela Davis ofrece herramientas para pensar la libertad como una lucha material, situada y constante. En su natalicio, repasamos brevemente su basta trayectoria.
Do Página 12, 26 de janeiro 2026
Por Ivanna Madeo
Angela Davis (Redes Sociales) |
Angela Yvonne Davis nació un 26 de enero de 1944 en Birmingham, Alabama. Hoy cumple 81 años. En cada conmemoración del natalicio de Angela Davis nos ponemos de frente con la potencia de su trayectoria intelectual y política. Revisar su obra es una oportunidad para interrogar el presente desde una tradición radical que nunca separó teoría de práctica, ni pensamiento crítico de lucha colectiva.
Davis es revolucionaria, filósofa, intelectual, activista y una de las principales referentes de la diáspora africana en América. Profesora del Departamento de Historia de la Conciencia de la Universidad de California en Santa Cruz, su figura se forjó en el corazón de las luchas políticas que atravesaron Estados Unidos durante las décadas de 1960 y 1970. En esos años estuvo estrechamente vinculada a la experiencia de las Panteras Negras, participó del Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC) y, a través del Club Che-Lumumba, una organización de base que ella misma fundó, se incorporó al Partido Comunista Estadounidense. Ese entramado activista marcaría de forma decisiva su producción teórica y su posicionamiento político.
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Lejos de una intelectualidad desvinculada de la praxis, Angela Davis construyó su pensamiento desde la experiencia concreta de la persecución política. A comienzos de los años setenta fue acusada por el FBI de conspiración, incluida en la lista de personas más buscadas, capturada y encarcelada. Su caso generó una campaña internacional de apoyo sin precedentes que se conoció como Free Angela y, tras un proceso judicial atravesado por el racismo y la criminalización ideológica, fue finalmente absuelta de todos los cargos. Ese episodio consolidó su figura pública y profundizó su reflexión sobre el Estado, la violencia institucional y el sistema penal como herramientas de control social.Buscada (Redes Sociales)
Uno de los aportes más contundentes de Davis es su crítica al sistema carcelario, formulada desde una perspectiva abolicionista. En ¿Son obsoletas las cárceles? desmonta la idea de la prisión como dispositivo neutral de justicia y la expone como una institución históricamente ligada al racismo, al capitalismo y a la gestión punitiva de la desigualdad. Las cárceles, advierte, no resuelven los conflictos sociales, los administran, los encubren y los reproducen. Esta mirada, profundamente histórica, permite comprender la continuidad entre esclavitud, segregación y encarcelamiento masivo en la experiencia afroestadounidense, pero también habilita una lectura situada de los sistemas penales en América Latina y el Caribe.
Otro de sus aportes insoslayables es Mujeres, raza y clase, publicado en 1981, donde condensa con claridad su contribución central a los feminismos negros. En esa obra, Davis reconstruye de manera rigurosa la historia de las luchas sociales en Estados Unidos desde el siglo XIX, del sistema esclavista y el movimiento abolicionista a los linchamientos y las disputas por el sufragio femenino, para demostrar que las mujeres negras han sido sistemáticamente marginadas tanto por el racismo como por el sexismo. Frente a los límites de un feminismo blanco que universalizó demandas ignorando las experiencias de personas racializadas, propone una lectura histórica e interseccional de las opresiones, mostrando cómo se entrelazan el racismo, el patriarcado y la explotación económica.
Leer hoy a Angela Davis desde América Latina es una brújula crítica. Nuestra región conoce de sobra las formas que adopta la criminalización de la pobreza, la violencia estatal sobre cuerpos racializados y las políticas de seguridad como dispositivos de disciplinamiento social. También conoce la persistencia del injerencismo externo como límite estructural a la autodeterminación de los pueblos.
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Parafraseando uno de sus títulos: La libertad es una batalla constante. Leída desde América Latina, esa afirmación adquiere una densidad política particular. La historia del injerencismo estadounidense en la región, atravesada por el racismo, el colonialismo, el supremacismo y la negación del derecho de los pueblos a decidir su destino, muestra que la libertad sigue siendo un territorio en disputa. Desde una mirada antirracista y situada, recuperar hoy el pensamiento de Davis implica también denunciar que no hay emancipación posible allí donde la soberanía se vulnera y la violencia imperial se naturaliza.Angela Davis el 4 de noviembre de 1969, poco después de haber sido expulsada de su cargo como profesora de filosofía en la UCLA a raíz de su militancia en el Partido Comunista. (AFP)
Conmemorar el nacimiento de Angela Davis es una oportunidad para reponer las categorías analíticas que ella construyó y ponerlas en tensión con el presente. ¿Qué significa hoy luchar por la libertad en un mundo atravesado por formas históricas, pero actualizadas, de dominación racial, patriarcal y económica? ¿Cuánto margen tienen los pueblos latinoamericanos para evitar la radicalidad sin resignar soberanía, justicia social y autodeterminación? En esas preguntas persistentes e incómodas reside la vigencia de su pensamiento. No por nostalgia, sino porque, como ha señalado Angela Davis en Mujer, Cultura y política publicado en 1989: “Radical simplemente significa comprender las cosas desde la raíz”.
*Afroargentina, activista antirracista y militante del campo nacional y popular


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